Sánchez pide equilibrar en esta fase salud física, mental y economía, pero también hay que equilibrar los derechos fundamentales

Cada vez va a ser más difícil justificar las restricciones a la libertad y cada vez más gente, incluyendo el consenso médico y científico, se aviene a ir empezando a considerar el COVID como una endemia y recuperar la vieja normalidad. Por un lado es que las restricciones no funcionan, como estamos viendo con el fracaso estrepitoso del pasaporte covid. Todas las comunidades que lo han implantado están en récord de contagios e igual o peor de las que no lo han implantado. Una vez más hay que subrayar algunas de las obviedades que hemos tenido que aprender durante la pandemia, como que estamos en una batalla que hay que ganar usando el bisturí y no el martillo neumático. Hasta el propio Sánchez en su último Aló presidente declaró que había que equilibrar salud pública, economía y salud mental. Está bien, pero decir eso hasta que lo ha dicho Sánchez suponía hasta ahora una pena mediática de lapidación.

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Cierto es que los contagios en este momento se encuentran totalmente disparados, pero precisamente ese hecho permite comprobar que algo ha cambiado respecto a las olas anteriores. El número de muertes e ingresos UCI es desproporcionadamente bajo respecto a lo que hubiéramos tenido en momentos anteriores con menos contagios, todo indica que gracias a las vacunas, a toda la gente que ya tiene inmunidad natural y a que la última variante del virus, en lo que por otro lado es una evolución lógica, resulta menos letal. En este sentido, además de señalar que el número de ingresos UCI es bajo respecto a los contagios, cabe mencionar que alrededor de un 30% de los ocupantes UCI son pacientes que están en UCI con COVID pero no por COVID. O sea, un tercio de los ocupantes UCI no están en la UCI por el COVID, aunque sean positivos, y tampoco están ocupando una cama que estaría libre caso de no haber COVID. Estamos contando como ocupación COVID de las UCI un 30% de pacientes que en realidad no son pacientes COVID, por lo que la presión COVID es algo menor de lo que parece. Esto no obstante sí resulta indicativo del extraordinario nivel de contagios que se está produciendo.

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Por lo demás, se va imponiendo la evidencia de que el problema que tenemos ahora no es tanto, al menos proporcionalmente, la gravedad de los contagios como los problemas derivados del propio número de contagios: la gestión de las bajas laborales, las cuarentenas y la afectación de todo esto a la vida diaria, las empresas y la gestión de los servicios. Debido al número y levedad de contagios los modelos de respuesta que no estaban funcionando hasta ahora menos aún se encuentran indicados en este momento. Además de que donde se precisa bisturí no procede martillo, otra cosa que hemos aprendido estos dos años es que la situación es cambiante y tenemos que adaptarnos a ella para resolverla, equilibrando salud física (Sánchez dice pública), salud mental y economía. Una dictadura política y jurídica no tiene sentido ni justificación desde el punto de vista sanitario. Puede que la estén intentado imponer, pero no será por salud. ¿Y hasta donde por principio intenta todo gobierno extender su poder aprovechando cualquier situación? Siempre por principio y en cualquier situación, también en esta, hasta donde le dejemos. Además de equilibrar salud física, salud mental y economía habrá también que equilibrar ya los derechos políticos. A menos que queramos pasar de un modelo en el que el gobierno necesita el permiso de la gente para hacer cualquier cosa a uno en que haga falta el permiso del gobierno para que la gente haga cualquier cosa. Decidan ustedes lo que prefieren, mientras les dejen.

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