Cuando el Gobierno de España, hace un año, prometía un crecimiento del PIB de hasta el 9,8%

Aún no sabemos cuál ha sido el crecimiento definitivo del PIB español en 2021. El Banco de España rebajó recientemente sus estimaciones al 4,5%. En los últimos meses hemos asistido a un rosario de rebajas de las estimaciones por parte de diversas instituciones, mientras que el gobierno ha mantenido una previsión del crecimiento del 6,5% que ya nadie se cree, pero que es la que se ha tomado como referencia para justificar los gastos e ingresos previstos en los Presupuestos Generales del Estado, cuyas previsiones por consiguiente ya tampoco nadie se cree.

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Interesa tener todo esto en cuenta porque, pese al triunfalismo crónico, acrítico y paralelo a la realidad que ostenta el gobierno, el hecho es que lo que sí sabemos es que en 2020 el PIB español cayó un histórico 10,8%. Es decir, que si en 2019 la riqueza de España eran 100 naranjas, en 2020 pasó a no llegar a las 90 naranjas, y en 2021 la “recuperación” va a consistir en que lleguemos a no tener ni 95 naranjas, o sea que somos 5 naranjas más pobres que antes de la pandemia. Obviamente hay que sustituir naranjas por todos los bienes y servicios que produce la economía española, pero la idea es la misma. En realidad resulta bastante sorprendente lo bien que estaba funcionando la reforma laboral del PP (esperemos que no la fastidien demasiado) para casi haber recuperado los niveles de empleo previos a la crisis pandémica sin haber recuperado los niveles de PIB. Eso sí, las cifras del PIB también ayudan a explicar que el empleo no se haya recuperado en el sector privado o que el gasto público sólo se mantenga a base de apoyo exterior europeo, endeudamiento y unas cifras de gastos en ingresos totalmente desquiciadas, por más que el PSOE se empeñe en demostrar todos los días que una cosa es presumir y otra muy distinta aumentar la producción de naranjas. Evidentemente habría que ver en qué quedaba la gestión de la crisis de la que presume el PSOE si le quitaran las ayudas europeas, el respaldo del BCE, la consiguiente capacidad de endeudamiento y además tuviera que presentar unos gastos e ingresos equilibrados, que por otro lado tendría que ser lo normal y el contexto en el que cualquier gobernante responsable diera su talla real como gestor.

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Hablando de ayudas europeas, previsiones fantasiosas y gestores de talla, recién acabado el año y hablando de previsiones resulta inevitable citar el caso de Nadia Calviño, la supuesta cabeza ilustrada y perfil sensato del PSOE en asuntos de economía. Calviño se despachó en diciembre de 2020 con unas declaraciones en las que, ayuda europea de por medio, para 2021 auguraba un crecimiento del PIB para España del 9,8%. No le pediremos a Calviño que sea ella la que despierte del sueño, sino a todos los adormecidos que todavía estarían dispuestos a respaldar electoralmente a este gobierno.

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