Indar Gorri impone en el Sadar su pasaporte ideológico

Para bien o para mal el jugador de Osasuna Chimy Avila no es un sujeto que pase desapercibido, parece que ni fuera ni desde luego dentro del campo. Estos días pasados se ha producido una incidencia, al ser expulsado en el tiempo de descuento de un partido perdido contra el Athletic de Bilbao. Esta expulsión dio lugar a que los Indar Gorri despidieran del campo al jugador con insultos y que en las redes sociales, por este nuevo episodio y en general por la situación enrarecida que se está enquistando en el equipo navarro, los aficionados de Osasuna lamentaran y comentaran lo sucedido.

Lo cierto es que los Indar Gorri parecen haber decidido que no van a dar tregua a Chimy Avila y que seguirán arremetiendo contra él hasta que deje de formar parte de Osasuna, aunque sea arremeter contra un jugador propio y contra el equipo. Es la Alsuasuización del fútbol, la aplicación al deporte de las técnicas de eliminación del rival de la izquierda abertzale.

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Por supuesto el daño que esto hace a Osasuna es inenarrable.

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Por un lado, un jugador puede aguantar la presión de la afición rival, pero malamente la de la afición rival y la de la propia. La presión de la afición rival, además, no tiene otro objeto que la ganar un partido. La presión de los Indar Gorri sin embargo va mucho más allá y pretende echar al jugador del equipo.

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Por otro lado, esto crea una división entre la afición, al punto que por un lado está Indar Gorri y por otro la abrumadora mayoría de los aficionados. Ojo, esto no va de que el jugador sea mejor o peor, o que en este caso mereciera la expulsión, este debate no es deportivo. Tampoco descartemos que entre los Indar Gorri y la mayoría la que pierda el pulso sea la mayoría, como si frecuentemente los conflictos no los ganara el más bestia. El hecho en cualquier caso es que la afición esta dividida. No en dos partes iguales pero si dividida.

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Adicionalmente, la plantilla también está dividida. Muchos osasunistas echaban en falta estos días el apoyo del resto de jugadores a Chimy Avila. Nadie se atreve a enfrentarse a los Indar Gorri. En cualquier caso es más cómodo quedarse callados que meterse en un lío. Por eso nunca puede descartarse que los conflictos los gane el más bestia.

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Toda esta situación que en nada beneficia a Osasuna y que estorba la concentración de los jugadores y el disfrute de los aficionados, demuestra bien a las claras por si había alguna duda que es mucho más lo que Indar Gorri resta que lo que suma. A menudo se justifica a los Indar Gorri alegando que efectivamente son lo que son y representan lo que representan, pero que también son lo que más apoyan y animan. Por el contrario, una vez más se evidencia que Osasuna es sólo su tercera o cuarta bandera y que aportan mucho más lastre que aire caliente para subir hacia arriba.

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Naturalmente si consiguen echar a Chimy Davila por razones extradeportivas se habrá conseguido que para entrar a formar parte de la plantilla de Osasuna además de los requisitos deportivos haya que compartir o impostar el ideario político impuesto por Indar Gorri. Que a fin de cuentas es eso y no apoyar a Osasuna la razón principal de la existencia de los Indar Gorri, como todos sabemos. Indar Gorri tan sólo es una pata del frente deportivo de la izquierda aberzale, ya que la izquierda abertzale, como todo movimiento totalitario, aspira a politizar y controlar todos los aspectos de la vida social para ponerlos al servicio de su ideario. La mala noticia es que para frenar este tipo de movimientos suele hacer falta o mucho valor o un movimiento totalitario de signo contrario. Este último riesgo no deja de ser a su vez otra aportación negativa de la existencia de Indar Gorri. En definitiva, Osasuna tiene al menos todas las razones que tiene cualquier club de fútbol para que le convenga acabar con un grupo ultra, a lo que se une el extremismo político totalitario característico de esta peña. Irónicamente esto, en vez de convertirse en una razón adicional para que interese sacar a estos ultras del campo, puede ser la causa de que se les mantenga y se les convierta en los amos de la institución. Si hay algo peor que tener un cáncer es tener dos.

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Comentarios (1)
  1. De Navarra says:

    «Para asaltar el poder es necesaria una degradación previa, constante y progresiva del tejido social. Una ocupación creciente de pequeños puntos que vayan extendiéndose como la gangrena. El objetivo es convertir una sociedad sana, fuerte e inexpugnable en un cuerpo enfermo, cansado y sin ánimos de resistir… Entre las principales actividades legales para asaltar el poder se encuentra la infiltración de miembros del Partido en organizaciones no-partidistas con el fin de utilizarlas para ejercer influencia a favor de la subversión… Los objetivos de infiltración más importantes tendrán como destino los sindicatos, la función pública, el gobierno, el ejército, los medios de comunicación y las asociaciones civiles, científicas y religiosas. El objetivo último es poner a todos ellos al servicio de la intriga”. Eso puede leerse en el manual de A. Neuberg, Der Bewaffnete Aufstand (La Insurrección Armada) que sirvió durante el período de entreguerras a la formación de cuadros comunistas por la KOMINTERN (la Internacional Comunista creada por Lenin). De manual, vamos, que en el Sadar tenemos la aplicación práctica del mismo.

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