Errejón y la España caribeña (climáticamente)

Iñigo Errejón, mano izquierda y compañero de escraches de de Pablo Iglesias, bolivariano convencido, líder de Más País sin atreverse a nombrar el país y cara amable de las mismas ideas extremistas de otros por lo visto con la cara menos amable, aprovechaba las temperaturas templadas de estos días para comenzar el año con el siguiente tuit sobre el calentamiento global.

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En primer lugar y respecto a este tuit es preciso recordar que las actuales temperaturas templadas  han venido precedidas por un clima de un rigor bastante extremo, en el que hemos tenido semanas de nieve, lluvia, niebla y temperaturas gélidas. Parece ser que Errejón no tenía nada que tuitear respecto al calentamiento global en todo este tiempo y practica una especie de climatología selectiva. Es de temer además que Errejón sea gafe y tras publicar este tuit volvamos a los rigores del invierno.

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Dicho lo anterior, el tuit también induce a la idea errónea de que el resultado del calentamiento global y los estudios que supuestamente lo avalan es una subida de las temepraturas de 15 grados. Nada más lejos de la verdad. Incluso los propios defensores del calentamiento global señalan un calentamiento desde 1880 de en torno a un grado centígrado. La cuestión del calentamiento no deja de ser discutida y discutible por muchos motivos. En primer lugar no existe una temperatura planetaria. El planeta no tiene una temperatura. En cada punto del planeta hay una temperatura distinta. El planeta sería como una casa con muchas habitaciones en cada una de las cuales hay una temperatura distinta. La temperatura de la casa no existe. En segundo lugar hasta muy recientemente no hay mediciones fiables y precisas de la temperatura en el planeta. Hasta la llegada de los satélites en el 80% del planeta la temperatura no se medía con exactitud, sistematicidad y elementos fiables. La temperatura del planeta en siglos anteriores al XIX hay que deducirla por estimaciones indirectas, cosa que no se puede conseguir de una forma precisa. No hay forma por tanto de saber si hay un calentamiento anormal o si simplemente atravesamos de forma natural unas décadas más cálidas o incluso un siglo más cálido, y desde luego no 15 grados más cálido que la media de las décadas anteriores, sino tan sólo 1 grado más cálido.

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El comienzo de año, además, como de inmediato se le señaló a Errejón, no ha sido especialmente cálido a escala planetaria. Por el contrario, aunque las temperaturas fueron más elevadas en Europa Occidental fueron en cambio más frías de lo normal en América del Norte o en el Artico. En conjunto, tomando como referencia la media de todo el planeta, la temperatura tan sólo ha sido 0,3 grados centígrados más alta que la media.

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Puesto que esta reflexión se redacta desde Pamplona, hemos tenido la curiosidad de consultar los datos oficiales de la estación de Noáin, cuya lectura más antigua que se pueda consultar en la web data del 1 de enero de 1975. Pues bien, ese día la máxima fue de 14 grados. El 15 de enero, en un mes de enero que ya hace casi 50 años se ve que fue bastante parecido a este, la máxima fue de 14 grados y la mínima de 10,6. Pensamos que vivimos unas temperaturas nunca vistas por estas fechas sólo porque nuestra memoria, suponiendo que tengamos la edad suficiente, es débil, y sobre todo porque leemos lo que selectivamente dicen los periódicos o las cuentas de los políticos en vez de verificar los datos.

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Finalmente podría suponerse que el discurso de Errejón y el de Iberdrola serían opuestos pero son lo mismo. La misma preocupación por el calentamiento global, la misma apuesta por las energías renovables como remedio. A lo mejor Errejón no acaba con un latisueldo en el consejo de administración de Iberdrola, como tantos otros políticos, pero desde luego no será porque su discurso se oponga al de las empresas de la luz.

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Si existe un calentamiento global apocalíptico es algo discutible, sin embargo no es discutible que existe un negocio monumental en la lucha contra el supuesto cambio climático. Y tampoco es cuestionable que en ese negocio monumental las eléctricas, Errejón y la Agenda 2030 van en el mismo barco. ¿Tendría tantos apoyos la teoría del cambio climático si además no fuera un tremendo negocio? ¿Es proporcional el tamaño del negocio al rechazo a poner en cuestión el calentamiento global? Desde luego hay una legión de perjudicados por el negocio climático, pero hay que reconocer que viven con entusiasmo los perjuicios que sufren porque se les dice que están salvando el planeta. Es decir, la idea de estar salvando el planeta de algo es clave primero para poner en marcha el negocio, y después para contener el descontento de las masas populares frente a las consecuencias ruinosas (factura de la luz, inflación, subida del precio y fiscalidad de los coches) de ese negocio. Hay además un negocio político en medio de todo esto, o quizá como causa de todo esto, como prueba la entusiasta presencia de Errejón, y es la dominación. Van a resetear el mundo actual y lo van a cambiar por no se sabe muy bien qué, aunque unos señores mandarán más y lo tendrán todo mientras la gente se quedará sin nada y si la escasa capacidad de controlar al poder que alguna vez hubo, pero a cambio se decretará la felicidad.

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