Omicron. ¿Y si la naturaleza nos saca de esta?

Los científicos, al parecer, no se ponen de acuerdo en si los virus son o no son seres vivos. Los seres vivos realizan una serie de actividades como nutrirse, desplazarse, percibir estímulos, crecer o reproducirse y no está claro que los virus cumplan con todos los requisitos. O al menos no cumplen con todos los requisitos por sí mismos o de forma ortodoxa. De algún modo a lo mejor se les podría comparar con los borgs de Star Trek, ni vivos ni muertos. ¿Y qué importa que los virus sean seres vivos o no? Pues puede que nada, aunque a lo mejor sí que nos convendría que fueran seres vivos o de algún modo se comportaran como tales porque los seres vivos tienden a intentar seguir viviendo, lo cual nos lleva de rebote a la nueva variante Omicron.

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Todos nos preguntamos, y escuchamos al respecto informaciones confusas, si Omicron es más o menos letal que las versiones anteriores del COVID. De algún modo va calando la idea de que cada cepa del virus es peor que la anterior y que el virus muta y evoluciona para matar y contagiar cada vez más, ¿pero es esta realmente la finalidad de los virus cuando mutan? Si no nos encontramos ante un virus creado artificialmente con fines militares, podría pensarse que ni al virus le sería indiferente su supervivencia ni matar a los infectados sería el propósito de su existencia.

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Si los virus son seres vivos, o en la medida en que se comporten como seres vivos, su finalidad no es matar sino vivir ellos. De hecho habría una clara contradicción entre que los virus intenten al mismo tiempo sobrevivir y matarnos a todos. Desde este punto de vista tiene sentido concebir una variante del COVID cuyo éxito para convertirse en dominante sea precisamente contagiar más y matar menos, que es justo lo que de una forma preliminar y confusa se nos está planteando siquiera como hipótesis ante Omicron. En las siguientes gráficas se puede observar la evolución de los contagios y las muertes en Sudráfrica, supuesto origen de la variante Omicron. Aparentemente y frente a las oleadas anteriores ahora hay tantos o más contagios que antes, pero menos ocupación hospitalaria y al menos de momento muchos menos fallecimientos. Puede ser la inmunidad natural en una población ya muy castigada previamente, pueden ser las vacunas, puede ser algo que se nos escapa o puede ser que efectivamente, y sería una suerte que fuera así, la variante Omicron sea menos letal que las anteriores.

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A menudo hemos escuchado a lo largo de esta pandemia la expresión de que tendremos que acostumbrarnos a vivir con el virus, lo cual tiene sentido siempre que el virus quiera vivir con nosotros. Esta variante puede que haya desarrollado un mecanismo de adaptación consistente en decidir vivir con nosotros de forma menos letal que sus variantes anteriores. Es una de las posibles salidas a la situación que contemplan los científicos, si no con esta variante con otra que surja en el futuro. En este sentido nos beneficiaría que los virus fueran seres vivos, siquiera seres vivos peculiares o fronterizos, o que por lo menos se comportaran más o menos como tales. Frente a esta amenaza de la naturaleza con la que nos hemos topado hemos puesto una gran confianza en nuestros avances científicos, con resultados no del todo satisfactorios de momento, a las puertas de unas Navidades llenas de nuevas limitaciones gubernamentales a nuestros derechos so pretexto del avance de los contagios. Durante algún tiempo no hemos contemplado otra hipótesis sino que los científicos o los gobiernos nos saquen de esta, sobrestimando quizá los poderes de los científicos, no digamos de los políticos, para para que al final a lo mejor acabe siendo también la naturaleza la que nos saque de esta, poniendo en evidencia nuestras limitaciones y nuestro exceso de soberbia. Tampoco es que seamos seres despreciables o totalmente inútiles y que debamos quedarnos sentados esperando que la naturaleza nos aplaste o nos salve. Simplemente es que tenemos un papel en el mundo en el que no somos Dios sino meras criaturas y en ocasiones como esta, por culpa de unos insignificantes infusorios que acaso no llegan ni a la categoría de seres vivos, pero que nos han desbaratado en un suspiro la normalidad de todo el tinglado que tenemos montado, redescubrimos que los humanos podemos hacer muchas cosas, pero no tantas como para creernos ilimitados.

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