Contra la ley de pandemias, perdón, secuestros

Este domingo 19 de diciembre, aprovechando un congreso regional de la filial nacional-catalanista del PSOE (el llamado PSC), Pedro Sánchez ha dado una rueda de prensa desde la Delegación del Gobierno en Cataluña, con motivo de la oficialmente reportada subida de casos de contracción del COVID-19 en las últimas semanas.

Hubo quienes temieron que fuera una antesala del secuestro domiciliario de duración mensual que se dictó ayer en los Países Bajos, pero en realidad, por el momento, ha cobrado mayor fuerza la hipótesis del Aló Presidentedel ansia de escucharse a sí mismo, en base al perfil narcisista que caracteriza a su persona.

Las reacciones han sido de distinta índole, pero en esta ocasión, me centraré en las peticiones de la supuesta oposición parlamentaria y política de primer rango: del Partido Popular (más bien, del sector más casadista-teodoril y centrista, que no de la facción ayusista, momentáneamente hegemónica en la mayoría de áreas de la formación en Madrid).

Desde Aragón, García Egea ha lamentado que Sánchez no «les haya tendido la mano» para aprobar su propuesta de «gestión sanitaria en situación de emergencia epidemiológica». Hablamos de la llamada Ley de Pandemiasque venden bajo un pretexto de «eficiencia», «homogeneidad nacional» y «coordinación». Ahora bien, ¿en qué consistiría?

Frente al contrapeso de la deliberación judicial

Con independencia de que los decretos de Estado de Alarma de 2020 fueran considerados como contrarios al ordenamiento constitucional, cabe puntualizar que muchas de las restricciones a la libertad de circulación y al derecho de admisión que han contemplado los mini-Estados autonómicos han requerido de una previa autorización judicial.

Hablamos de medidas como los cierres perimetrales, el requerimiento del llamado «pasaporte COVID» (una directriz del Partido Comunista Chino) o la aplicación de los toques de queda de rango nocturno, con las que habitualmente han tenido que lidiar los Tribunales Superiores de Justicia de ámbito autonómico.

Con lo cual, la aplicación de medidas ha tenido que demorarse en cierta medida (por razones obvias, amén de que la respuesta judicial no se ha demorado en semanas o meses), siendo los criterios ocasionalmente dispares, al haber dependido bien de las consideraciones del mandatario regional de turno o de la clase de deliberaciones llevadas a cabo por los distintos jueces.

Mayor arbitrariedad contra nuestras libertades

Lo expuesto en la sección anterior es, por ende, lo que motiva a la progresía sociata pepera a insistir en estos mecanismos normativos que incluso incurrirían contra la pretensión aparentemente teórica de la separación de poderes, ya que todo se dejaría a merced de una sola persona que no necesariamente dispondría de asesoría médico-científica que pudiera justificarle.

Se busca que Moreno Bonilla y Núñez Feijóo, mucho más contrapuestos a la libertad sanitaria que, por ejemplo, el mismísimo PSOE de Extremadura, tengan mayor facilidad en su ensayo social de pretexto sanitario. De hecho, damos por sentado que igual sueñan con lo mismo que la socialdemócrata Ana Pastor (véase el tuit insertado).

En cualquier momento podría incurrirse en un secuestro domiciliario o en una gestión totalmente arbitraria de las vulneraciones a la libre circulación. Ni siquiera habría un contrapeso parlamentario (otra cosa es que la democracia contribuya al estatismo y que, siguiendo la retórica misesiana, tengamos un hatajo de socialistas).

El PP, enemigo de la libertad sanitaria

El PP es otro partido comprometido con la hipertrofia estatal y el intervencionismo estatal. De hecho, es habitual que los políticos compitan, por lo general, en complicarnos la existencia mucho más que el resto. Así pues, no será quizá tan extraño que, en este caso, se opte por vulnerar distintas libertades concretas, entre ellas la sanitaria.

Dicho esto, nos reiteraremos en la negativa a cualquier atropello a nuestras libertades, lo adornen como lo adornen. Insistiré además en que el asunto del llamado «virus chino» debería de haberse tratado siempre como un asunto sanitario y no como una oportunidad de ensayo social que favorezca el desarrollo del socialismo en cualquiera de sus modalidades.

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