Entre los pantanos, la limpieza de los cauces y las inundaciones, Bildu prefiere las inundaciones

Las nieves y las lluvias de las últimas semanas han provocado los consiguientes daños colaterales en toda la cuenca del Ebro. A todos los daños materiales hay que añadir la muerte de dos personas en Navarra. Lamentablemente los desbordamientos del Ebro no son un hecho aislado sino un problema recurrente, un problema respecto al que todos los afectados señalan que hay dos elementos principales para tratar de minimizarlo. El primero de ellos son los pantanos. Los pantanos absorben parte de la avenida de agua, reducen la riada, acumulan el agua para futuros momentos de sequía y encima generan electricidad limpia y barata. El segundo elemento para reducir el peligro de inundaciones es mantener limpio el cauce de los ríos. En este segundo punto se ha incidido mucho, con escaso éxito, durante los últimos desbordamientos.

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Cabe lamentar que la limpieza del Ebro no ha sido una prioridad del gobierno, por lo que pese a una enmienda de UPN a los reiteradamente prorrogados Presupuestos de 2018, la cual preveía destinar 7 millones de euros a esa labor, al final resultó que sólo se ejecutó el 2% de la partida.

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A lo mejor no tiene mucho que ver, o puede que sí, pero lo cierto es que los socios de gobierno de los que depende Pedro Sánchez no son demasiado amigos ni de los pantanos ni de la limpieza de los cauces. Aquí tenemos a Adolfo Araiz asegurando que la limpieza de los ríos ni es muy necesaria ni tampoco demasiado ecológica. Lo progresista y ecológico es inundarse y pasar sed alternativamente. Y perder los cultivos (ni pantanos ni Canal). O morir ahogado llegado el caso.

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Interesa tener en cuenta este tipo de cosas porque ante determinados desastres tenemos por un lado a la naturaleza, frente a la que poco puede hacerse para decirle lo que tiene que hacer, pero por otro lado tenemos las labores de prevención y reacción en las que sí es relevante el discurso político de cada formación. En el caso de Bildu salta a la vista que no propone políticas progresistas, sino primitivistas, y que con Bildu la gente no puede esperar ni tener agua en tiempos de sequía, ni reducir las riadas en momentos de inundación, ni tampoco tener energía barata. Lamentablemente todo esto no es lo peor que se puede decir de Bildu pero tampoco está mal.

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Por otro lado, en cierto modo es una suerte la sequía que precedió a las nieves y las lluvias de las últimas semanas porque nos cogieron con los embalses muy vacíos y se dispuso de una capacidad importante para contener la avenida. Tenemos unos 300 hectómetros cúbicos de agua (unas tres cuartas partes de Itoiz) que si fuera por los antipantanos se hubieran añadido a todo el agua que se ha desbordado. En realidad no deja de ser un tanto paradójico que los antipantanos, por miedo a los pantanos, propongan soportar casi todos los años una riada que, si bien a cámara lenta, vendría a equivaler a la rotura de un pantano. El daño que pretenden evitar lo convierten en recurrente y además al precio de no tener reservas de agua ni para el consumo humano ni para la agricultura en tiempos de escasez.

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