La #huelgadejuguetes no fue una sandez

Lo que se va a abordar en este artículo puede resultar irrisorio, por motivos que a priori, ingenuamente, uno podría llegar a comprender. Pero en verdad, lo menos conveniente es que nos creamos que se trate de una broma, porque precisamente, si no profundizamos, más fácil se lo pondremos a aquellos que quieren avanzar con la imposición del Mal.

La semana pasada, el llamado Ministerio de Consumo, uno de esos entes estatales eminentemente prescindibles (al margen de que hayan servido o no para buscarle su sitio a un socio del actual ejecutivo de Moncloa como es Alberto Garzón) lanzó una campaña titulada #HuelgaDeJuguetes cuya ejecución pretendida debería de haber tenido lugar ayer domingo, día 12 de diciembre, Tercer Domingo de Adviento.

Concretamente, se pedía a los padres que prohibiesen a sus hijos jugar con juguetes cualesquiera. Pero no se trataba de ninguna estrategia para fomentar la lectura, el uso de las nuevas tecnologías o el ejercicio físico. Tampoco se trataba de ninguna señal de alarma ante los resultados de los Informes PISA, los estragos psiquiátricos del estatismo covidiano y las elevadas tasas de sobrepeso.

El motivo aludido públicamente era, literalmente, el siguiente: «para que les dejen jugar con el 100% de los niños y niñas, no solo con el 50%«. Asimismo, se incidía en «fomentar el consumo de juguetes libres de estereotipos de género«, de modo que en estas Navidades, se regalasen utensilios de juego que «fomentasen» la llamada «igualdad de género».

Uno puede pensar que se trata de una distracción ante otros problemas más graves como las dificultades de muchas familias y autónomos para llegar a fin de mes (debido a la presión fiscal tanto directa como indirecta), el acoso escolar, la inseguridad causada por okupas y ciertos inmigrantes.

Pero por muy obvio que sea que les encanta vender humo y que la gente crea en su propaganda, con «versiones surrealistas» y cifras macroeconómicas que ningún organismo no gubernamental da por válidas en sus propios estudios, hay que decir que esto es algo que hacen en serio, tal y como abordaremos a continuación.

La norma nunca ha sido negar que cada cual es como es

Las diferencias psico-fisiológicas entre niños y niñas van mucho más allá de los órganos sexuales y reproductores así como de la mera evidencia de rol complementario de acuerdo con el ordenamiento natural. Podemos hablar de fuerza física o de cuestiones más sentimentales, pero vamos a centrarnos en las preferencias de juego.

Es habitual que las niñas se decanten por un juego simbólico representado por hadas, brujas, princesas, reinas, enfermeras o cocineras, o por utensilios de ejercicio como la comba. Del mismo modo, no es extraño que los niños se sientan más atraídos por enseres deportivos como los balones o por figuras de acción encarnadas en superhéroes o en símbolos de bomberos y policías.

Hay casos en los que la preferencia puede basarse en una combinación o en una inversión, pero no necesariamente por comportamientos más afeminados o masculinizados. La acción humana es heterogénea y no se puede enmarcar en un patrón homogéneo superior. Pero la cuestión es que ningún juguetero, monitor o maestro ha interferido bruscamente en esto.

Se ha entendido que cada cual es como es. Sí, alguien puede pedirme que pare y que aborde la cuestión del acoso y la humillación, pero eso será una consecuencia de la falta de valores de una persona, que se vea guiada por un déficit de educación en valores, un desinterés en el principio del respeto y cierto grado de crueldad, que puede buscar el sufrimiento sin más, sin pensar en otras cuestiones.

Subordinación en base al totalitarismo de género

No se busca respetar las desigualdades naturales bajo ningún concepto, ya que eso es incompatible con la máxima igualitarista del proceso revolucionario. Más bien se trata de generar una confusión intencionada que ayude a diluir por completo la cosmovisión natural sobre el hombre y la mujer en el mundo.

Todas estas estrategias permitirían avanzar en un ideal esencial para ellos como es la destrucción de la familia. Ahora bien, hay varios estudios como el elaborado por el ente Infant and Child Development, que sin negar otros factores de causa, entiende que la biología (ciencia natural) ejerce un rol determinante en estas preferencias.

De hecho, como estos experimentos pueden caer por su propio peso, como ha ocurrido con estrategias similares, se entiende que existe una «necesidad» de lavar los cerebros mediante la propaganda y el adoctrinamiento educativo y de hacer amenazas sugestivas que desemboquen en censura y restricciones económicas.

Con lo cual, insisto yo en que nada de esto es una tontería ni una sandez. Más bien, es un motivo más para permanecer en alerta ante el progresivo avance del totalitarismo revolucionario, mediante novedosos proyectos de ingeniería social que mucho le deben a una bota estatal cada vez más siniestra y problemática.

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