Un niño de 5 años deja en evidencia la inhumanidad del separatismo

El nacionalismo “pacífico” y “democrático” catalán se está revelando estos días en toda su falsedad en la localidad barcelonesa de Canet de Mar, en la que la familia de un niño de 5 años, con una sentencia en la mano, reclama su derecho a recibir en el colegio un 25% de clases en español. La campaña de acoso que se está promoviendo contra este niño ya no es una cuestión de política, sino de humanidad.

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Continuamente somos bombardeados con campañas oficiales e institucionales contra el bullying infantil. Constantemente somos bombardeados también con campañas contra la homofobia o la transfobia. Los gobiernos introducen programas de adoctrinamiento como SKOLAE en los colegios bajo la excusa de promover la convivencia, la tolerancia y el pluralismo. En nombre de esa misma tolerancia y amor al pluralismo se llenan de banderas arcoiris las aulas y los patios de los colegios. Pues bien, todo eso decae y se revela como la farsa que es en cuanto aparece una familia con un niño de 5 años reclamando su derecho a recibir en España clases en español. Entonces los mismos de las banderitas arcoiris y las campañas contra el bullying se quitan la careta y deciden que hay que hacer todo el bullying posible y practicar toda la intolerancia posible contra este niño y contra su familia. Dentro del extensísimo catalogo de la infamia que se ha podido elaborar estos días podríamos elegir estos tres ejemplos significativos para tratar de diagnosticar la gravedad de la situación.

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En primer lugar tenemos el caso de Jaume Fàbrega, un ex-profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona que ahora se dedica a escribir en un noticiero separatista, de los que componen la vasta galaxia de medios generosamente subvencionados por la Generalidad para fomentar el separatismo. La lumbrera en cuestión ha divulgado mensajes como que hay que ir a la casa de los padres del chaval para apedrearla. Se justifica además además este chiflado diciendo que los odiadores serían los apedreados, y no los apedreadores.

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Otro caso llamativo, más allá de los miles de lunáticos que pueblan las redes sociales o las organizaciones y plataformas de radicales separatistas, es el de un mosso separatista, que concurrió a las elecciones en la lista de los “golpistas moderados” de JxCAT, coordinador de la plataforma “Mossos per la República”, el cual pidió que se le hiciera un apartheid en las aulas al pequeño de 5 años de Canet.

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En tercer lugar, más significativo aún, el caso del consejero de Educación de la Generalidad, que ha acudido al colegio del niño pero no para defender al niño, sino a la dirección del centro y a los padres que acosan al niño, asegurando que es mentira que en Cataluña haya ningún conflicto lingüístico y negándose a responder a ninguna pregunta en español.

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Si este niño fuera negro o quisiera cambiar de sexo y se le hiciera todo esto, todos los medios que ahora callan serían un tsunami de fuego contra los responsables de este acoso. Sería impensable que los responsables del centro o de la consejería de Educación permanecieran en su puesto. Pero en este caso tan sólo  es un niño que su familia quiere que de clases también en español. Ni siquiera 100% en español, algo que si quiere hacer un catalán se tiene que ir a matricular a su hijo en un colegio de Andorra, sino siquiera un 25% de español.

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La normalidad que nos viene vendiendo el nacionalismo golpista catalán es que si un niño pide dar clases en español le envían a sus hordas a apedrear su casa y hacerle la vida imposible en clase. ¿Quién va a pedir clases en español en esas condiciones? La normalidad y la tranquilidad en Cataluña consisten en que sigas al pie de la letra las instrucciones del nacionalismo o te tiran una piedra a la cabeza. A la uniformidad derivada de ese terror de la inmersión lingüística e ideológica le llaman tranquilidad y normalidad. Por el contrario, lo que se demuestra cada día desde hace años, para quien quiera verlo, es que la pluralidad y la libertad sólo son posibles dentro de la idea de España. Allá donde llegan los nacionalistas y desaparece la idea de España, con ella desaparece también la libertad y la pluralidad de esa tierra para ser sustituidas por la uniformidad y el totalitarismo del discurso nacionalista. La libertad, la diferencia o el bilingüismo, lo dicen los hechos, sólo son posibles dentro de España.

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Tan anormal como el separatismo golpista catalán, en el que no hay manera de poder encontrar 10 justos que abominen de semejante persecución a un niño de 5 años, es el caso de toda la izquierda española, que frente a semejante acto de barbarie sólo está dispuesta a hacer cualquier cosa que no ponga en riesgo su permanencia en el poder dependiente de los separatistas catalanes, o sea nada.

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Todo lo que está sucediendo en Cataluña ayuda a entender cómo fue posible el ascenso del nazismo en Alemania y cómo las atrocidades de aquel régimen suscitaron tan sólo la adhesión o la indiferencia de la mayoría de la población alemana. También ayuda a entender perfectamente el ascenso del nacionalismo en Cataluña. ¿Pero cómo esa sociedad no reacciona y los nacionalistas siguen creciendo a pesar de hacer cosas como la de este niño en ese colegio? Pues precisamente por eso, porque controlan con mano de hierro las universidades y los colegios. Y la violencia. Y los medios.

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