Acabamos de conmemorar, con más o menos entusiasmo según cada cual, el aniversario de la Constitución Española de 1978. Por estas fechas también una treintena de familias navarras ha presentado un recurso contra SKOLAE, el programa afectivo-sexual con el que la izquierda más radical pretende adoctrinar de manera obligatoria a las generaciones futuras de jóvenes navarros. La Justicia ya falló contra este programa declarando su nulidad por cuestiones procedimentales, pero el pentapartito lo ha devuelto a la vida cual monstruo de Frankenstein de género líquido. La relación con el aniversario de la Constitución resulta evidente en virtud del maltratado artículo 27.

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El artículo 27 de la Constitución, dentro del apartado especialmente protegido de los derechos fundamentales, establece frente a los poderes públicos cuestiones como que “los poderes públicos garantizan el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”. Bien es cierto que este principio, como todo en derecho, se conjuga con otros principios, pero el resultado de esa conjugación nunca puede ser una supresión, como si los demás principios no tuvieran también que conjugarse con este.

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La verdad es que resulta de lo más llamativo leer con detenimiento este artículo que garantiza el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral acorde con sus convicciones. Es decir, según la lectura literal de este artículo las familias españolas tienen derecho a que sus hijos reciban formación religiosa en los centros públicos. No cabría por tanto perseguir ni desterrar una asignatura de religión pública. Es más, según la Constitución los poderes públicos estarían obligados a garantizar y ofrecer ese derecho a los padres. Por alguna extraña razón, sin embargo, estamos pasando de que el gobierno no garantice a los padres una formación religiosa y moral acorde a sus principios a que el gobierno les imponga una educación frontalmente opuesta a ellos. Pero esto no es la Constitución, de hecho es todo lo contrario a lo que dice la Constitución. Una Constitución que podrá gustar más o menos, pero que en todo caso es la vigente y la que el gobierno tiene que cumplir.

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El recurso presentado por las familias contra SKOLAE denuncia que este programa pretende “la imposición de una ideología respecto a la que no existe consenso -ni tampoco existe unanimidad en la comunidad científica en cuanto a las bases biológicas en las que se sustenta parte de la misma- y que contradice frontalmente las convicciones morales y religiosas y los valores cristianos que profesan los recurrentes y, con ello, el derecho constitucionalmente protegido de los padres a educar a sus hijos conforme a sus convicciones”. Lo cierto es que el programa de adoctrinamiento del gobierno foral no sólo es un atentado contra la Constitución, sino contra la lógica, la ciencia y la libertad. Podríamos añadir que también contra la lengua, ya que impone un lenguaje que ni siquiera es correcto español, que contradice las recomendaciones de la RAE, que no es el que hablan los españoles y que no es sino la jerga incomprensible y disparatada de una minoría radical. Hasta la fecha no se había visto un gobierno que les dijera a los navarros no ya lo que tienen que pensar, sino hasta las palabras y el lenguaje que obligatoriamente tienen que usar. Un lenguaje que un pequeño ejército orwelliano de inspectores, inspectoras e inspectoros tendrá que vigilar colegio a colegio, asegurándose de que aparece en la cartelería de los pasillos, las bibliotecas, los comedores o los aseos.

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No hay ni un postulado de la ideología de género, que el gobierno trata de convertir en ideología de estado de obligado seguimiento, que no sea ya discutible sino abiertamente absurdo y contradictorio con el resto de sus propios postulados. En lo que no hay nada contradictorio es en que algo absurdo se imponga por la fuerza. De hecho, ¿cómo podría imponerse algo absurdo por la lógica?

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Se pretende, por ejemplo, que decir que los niños tienen pilila sea un delito de odio, cuando el delito de odio, además de un absurdo, seria decir que hay blancos de color negro, y aprobar un protocolo sanitario de reasignación de raza. A ver por qué vamos a ser lo bastante progresistas para aprobar la autodeterminación de género y no lo la autodeterminación de raza. ¿Y por qué llamamos bipolares a los que a lo mejor son dos personas, una hombre y otra mujer, una blanca y otra negra, una heterosexual y otra lesbiano, aunque compartan todas el mismo cuerpo? ¿Y por que no podrían votar entonces dos veces por vagina como poco? ¿Hasta dónde llevamos el límite de que la realidad es líquida y que todo lo que somos es fluido y determinable? Por otro lado, como todo es insostenible y contradictorio, aunque tajantemente obligatorio, el mismo gobierno que vigila los carteles e impone a los niños la fluidez de género convoca oposiciones o distribuye subvenciones distinguiendo tan sólo entre aspirantes con pene y aspirantes con vagina, o señala que tal o cual órgano es paritario sólo porque hay tantos penes como vaginas.

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Desde luego también se nos asegura que más allá de las diferencias corporales, no hay diferencias mentales entre hombres y mujeres, que esas diferencias las ha creado la cultura, concretamente el heteropatriarcado, para que los hombres con pene pudieran oprimir a los hombres con vagina. Las mujeres serían la forma de llamar a los hombres con vagina esclavizados por los hombres con pene. Las mujeres liberadas del futuro, gracias al feminismo, volverán a ser hombres con vagina. Pero al mismo tiempo que se nos dice que no hay diferencias mentales entre hombres y mujeres se nos dice que hay mujeres encerradas en el cuerpo de hombres y viceversa. O al mismo tiempo que se nos dice que todo es educación se nos dice que hay hombres que se sienten mujeres pese a toda la educación y represión social y ambiental recibida para sentirse como hombres. Por supuesto se nos dice que al margen de las diferencias corporales no hay diferencias mentales, como si para la izquierda materialista que no cree más que en el cuerpo el cuerpo no tuviera influencia sobre la mente. Un paso más y negarán hasta el cuerpo. En realidad no deja de resultar divertido ver a una izquierda materialista radical negar la corporeidad del género, nada menos.

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Naturalmente creer que el ser humano nace como una especie de plastilina amorfa, en la que no juegan ningún papel la biología y la genética, podría ser una creencia como otra cualquiera. De hecho se trata de algo tan antiguo, y superado, como la teoría de la tabula rasa. En otras circunstancias podría pensarse que allá cada cual con lo que pensara, pero ahora van y la convierten en doctrina oficial del estado y obligatoria, estableciendo incluso mecanismos de persecución para quien la discuta. Esto como decíamos es lo único lógico en todo lo que hace el gobierno. Cuanto más absurdo es lo que se pretende que piense todo el mundo, más necesario se hace imponerlo por la fuerza. Y SKOLAE es precisamente eso. Donde acaban la libertad y la lógica empieza SKOLAE. Pleitos tengas y los ganes. Esperemos al menos que donde empieza la Justicia acabe SKOLAE, pese a la maldición del gitano.

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Comentarios (1)
  1. Pablo says:

    Skolae es ideología de género en vena, demonizar a un sexo e idealizar a otro, bien regado de degeneración y homosexualismo.

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