Libres para defender la vida en España

Este domingo día 28 de noviembre, la intersección entre la Puerta de Alcalá y la calle Serrano de Madrid han congregado a centenares de personas de distintos puntos de la geografía española en defensa del derecho a la vida de los no nacidos, los ancianos y los enfermos.

Hablamos de la convocatoria de concentración que hizo la plataforma Cada Vida Importa, a la que han asistido políticos de VOX (alguno del PP también) así como representantes de entidades como la Plataforma NEOS, Más Vida EU, 4O Días por la Vida y Hazte Oír.

Una convocatoria de esta índole era bastante esperada, ya que durante años, la respuesta contra la cultura de la muerte en España ha estado bastante apaciguada y silenciada, sin perjuicio de que haya habido magníficas iniciativas como la campaña Vividores de Jaume Vives y las llamadas de oración de 40 Días por la Vida.

Eso sí, nunca es tarde. Mejor dicho, nunca es mal momento para defender el Bien, sobre todo, la Verdad. Máxime cuando la cultura de la muerte ha avanzado, de modo que ya se va a pasar a perseguir penal y políticamente a los pro-vida y a vulnerar el derecho a la objeción de conciencia de los facultativos sanitarios.

Es decir, que hay riesgo de que el totalitarismo progre sea mucho mayor en esta materia (llamémosle también, si queremos, relativista, izquierdista, socialista o revolucionario). No olviden que la mentira y la malicia necesitan imponerse por medio de la fuerza siniestra, contra el curso natural de las cosas, en espontaneidad.

De hecho, ya solo faltaría legalizar el infanticidio de bebés nacidos, porque tanto el aborto como la eutanasia son plenamente legales en estos momentos. Además, son financiados forzosamente por parte de todas las víctimas del expolio fiscal estatal, sin ninguna excepción administrativa (no hay «municipios santuario» para los no nacidos en España).

Incluso cabría alertar de que, durante estos años, estos temas han estado bastante ausentes del debate público, mientras que la Revolución no se ha detenido, en absoluto, en lo concerniente al desarrollo de su agenda pro-muerte, relativista, nihilista, socialista y siniestra. Solo la irrupción institucional de VOX sirvió para abrir algunos debates que diesen cabida a posturas pro-vida (dado el indudable viraje progre del PP).

Con lo cual, es de recibo que se hayan desarrollado ciertos acontecimientos en las últimas 24 horas. Es más, debe de servir para reanimar la movilización anti-muerte en España. Pero no solo hay que quedarse ahí. Ha de haber una constante campaña de comunicación que ayude a la opinión pública a abstraer la inmoralidad sanguinaria del aborto y la eutanasia.

Lo que se pide en el párrafo anterior conformará un riesgo. Independientemente de las medidas políticas de persecución contra los defensores de la santidad de la vida humana, existe una virulenta presión intimidatoria progre que va más allá de los medios. Recordemos que en el ámbito científico-sanitario impera el cientifismo y que la Academia está dominada por la Revolución.

La cultura de la cancelación no deja de azotar y, en verdad, uno corre el riesgo de ser amenazado, excluido o difamado. Pero no hay que olvidar la importancia del sacrificio martirial, en base a una moral contrarrevolucionaria cristiana de victoria. Nosotros no profesamos ninguna clase de relativismo, lo cual puede avalar cualquier cosa (legitimándola como resultado).

Nos ocurra lo que nos ocurra, hemos de tener la conciencia tranquila, porque no habremos pecado al defender uno de los principales mandamientos de la Ley de Dios. Lo mismo si apostamos, sin duda alguna, por la entrega a los demás, que es otro de los motivos por el que uno, sea cual sea su función, debe de apostar en su compromiso con la vida. Hemos de amar.

Pero aparte de ello, esta es una de las principales oportunidades para liberarnos de esa aversión tajante hacia el riesgo. Hay que hacer lo que corresponda (obrar bien), pero mejor nos vendría liberarnos de cadenas que nos imponemos, depositando toda nuestra confianza en el Espíritu Santo, que sabrá qué es lo mejor para todos nosotros, siempre desde el amor y el aprecio.

Quiero decir lo que al menos un humilde servidor considera. Haré lo que considere justo, sin miedo, sin seudónimos, sin «medias tintas», con todas las consecuencias, dentro de mis posibilidades y mis dotes. No podré tener la conciencia tranquila si hago concesiones al Mal. No tengo miedo a ningún racionalismo revolucionario, sino que confío en todo momento en el Espíritu Santo. ¡Paremos estos exterminios!

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