Rebajar impuestos como imperativo moral de bienestar general

En su carta para el diario El Mercurio, titulada “Reagan, Kast y la rebaja de impuestos”, el economista chileno, Sebastián Edwards, hace una relación clásica dentro de la economía-política del keynesianismo, el cual consiste —en cierta medida — atribuir rebajas de impuestos a déficit fiscal, cuando una política de reducción impositiva tiene como objetivo principal estimular la economía, donde los recortes de gasto público o político pasan a ser un deber moral.

Las políticas de “Supply​Side economics” de la era Reagan (Moore, 1996) en resultados se pueden resumir en:

  • La economía estadounidense aumentó a un terció más de cuando comenzó.
  • La tasa de crecimiento anual promedio del producto interno bruto (PIB) real 1981-1989 fue del 3,2 % anual, incluyendo recesión de inicios de los 80s.
  • El crecimiento del PIB por adulto de 20-64 años en los años de Reagan creció dos veces más rápido, en promedio, que en los años anteriores y posteriores a Reagan.
  • El ingreso familiar medio real aumentó en 4.000 dólares en los años de Reagan, de 37.868 dólares en 1981 a 42.049 dólares en 1989.
  • Al asumir en 1981, el desempleo era de un 7,6 %, luego de la recesión cayó considerablemente hasta llegar a un 5,5 % al final de mandato, creando más de 17 millones de empleos en 1 década.
  • Reagan heredó el mal económico de Carter. En 1980, el IPC subió al 13,5 %. Para el segundo año de Reagan en el cargo, la tasa de inflación cayó más de la mitad a 6.2 %. En 1988, el último año de Reagan en el cargo, el IPC había caído al 4,1 %.
  • La tasa de interés de hipotecas a 30 años bajó de 18,9 % a 8,2 %, la tasa de bonos del tesoro cayó y la tasa preferencial también hasta alcanzar su mínimo en gobiernos siguientes.

Así, con las reformas tributarias de 1982, 1987 y 1988, los ingresos federales pasaron de 1.364 billones de dólares a 1.636 billones de dólares constantes al final de la administración Reagan. La razón del déficit se debió a que el gasto público creció más rápido que los ingresos, lo que tuvo como consecuencia un aumento del déficit fiscal. Lo que omiten los economistas del consenso socialdemócrata es que Chile actualmente es uno de los países menos competitivos tributariamente de la OCDE (Tax Foundation, 2021), y por lo mismo se debe avanzar a reformas sustanciales en simplicidad tributaria y bajos impuestos.

Además, nada de ello se da por sí sólo, sino que también las mejoras de recortes de impuestos deben estar dadas por una agenda potente de desregulación, recortes del gasto público, reducir la inflación, flexibilización del mercado laboral, desarrollar reformas para la interoperabilidad de la data del Estado como hizo Estonia con X-Road y ahora Blockchain, y aumentar la productividad mediante incentivos para dar mayor competitividad a las regiones del país.

Complementariamente, en prácticamente todo el territorio nacional, desde la región de Antofagasta a la región de Aysén, más de cuarenta candidatos al Senado y a la Cámara de Diputados se han sumado a firmar el Compromiso Tributario para el Progreso de Chile, organizado por Fundación Ciudadano Austral, donde los candidatos se comprometen con los contribuyentes del país a no aprobar ningún nuevo aumento de impuestos y hacer todo lo posible por reducir la carga tributaria. De esta forma, un eventual gobierno del candidato José Antonio Kast tendrá la compleja tarea de persuadir cultural y técnicamente todo el escenario del consenso socialdemócrata instalado por décadas en Chile.

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