De los 50 diputados del Parlamento de Navarra, ¿cuántos podrían ser un robot?

Institución Futuro congratula a sus seguidores con la publicación un año más de un clásico como es el seguimiento de la actividad o, inactividad en algunos casos, de nuestra magra e ilustre cincuentena de diputados forales.

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La primera conclusión del informe, que se viene repitiendo año tras año y legislatura tras legislatura desde que en 2007 se profesionalizó la actividad parlamentaria, es que la cámara foral se compone básicamente de profesionales de la política. 44 diputados ostentan un régimen de dedicación absoluta mientras que sólo 1 diputado no goza de dedicación absoluta y 3 diputados se acogen al sistema de dietas.

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Respecto a los currículos y la formación de nuestros diputados, sólo consta la de 37 de ellos en la web del Parlamento, desconociéndose el perfil académico y profesional del resto de diputados sea por descuido, humildad o vergüenza torera. Sea como sea tenemos derecho a conocerlo siquiera porque pagamos sus sueldos y a lo mejor queremos investigar qué es lo que puede estar fallando con tal o cual diputado.

Como siempre en este informe, nos solemos encontrar con unos promedios en cuanto a las iniciativas de los diputados que se alejan mucho de los datos reales. Es decir, más que superada la mitad de legislatura la media de asistencia es de 307 sesiones, pero el diputado con más asistencias tiene 643 frente a las 181 del que menos. También tenemos a diputados con 394 intervenciones y a otros con 18. Hay un diputado que ha realizado 389 peticiones de información al gobierno y 5 que no han realizado ninguna. La media de preguntas presentadas por los diputados es de 30, pero tenemos a diputados que han hecho 129 preguntas y otros que sólo 3. Institución Futuro concluye que “estas grandes divergencias hacen pensar que no existe suficiente trabajo para llenar la jornada de todos los parlamentarios, que recordemos en su mayoría es de dedicación absoluta, y que quizá podría haber margen para ajustar su número o dedicación sin que se resintiera la calidad parlamentaria”. Peor aún, por aquello de que el órgano crea la función, al menos entre los organismos administrativos humanos, todo órgano innecesario creado al amparo del presupuesto se dedica a garantizar su supervivencia, a multiplicar su volumen y a ocupar su tiempo en generar problemas, por un elevado precio, donde no los había.  

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La conclusión de Institución Futuro parece bastante obvia. Tal vez habría que preguntar a los ciudadanos navarros el nombre de todos los diputados forales que conozcan. De todos lo que no conozcan tal vez cabría revisar su régimen de dedicación absoluta o incluso el sentido de la existencia de su propio escaño. Tengan cuidado nuestros diputados forales porque dicen que las labores monótonas y mecánicas que no requieren creatividad, como apretar un botón, son las primeras en las que seremos suplantados por los robots.

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