Probablemente es una buena señal que haga ya un cierto tiempo que no hablamos del COVID. Lo cierto es que atendiendo a los datos oficiales que publica el Ministerio de Sanidad la situación es bastante buena, ya atendamos a las cifras de contagios, de ocupación hospitalaria o de fallecidos. En este momento, ya sea porque tienen menores niveles de vacunación o así toca, España es uno de los países menos afectados por la pandemia. Un reciente artículo publicado en The Lancet especulaba incluso con la posibilidad de que España hubiera alcanzado la así llamada “inmunidad de rebaño”. No fuimos de los países que primero comenzó a vacunarse, pero actualmente tenemos uno de los porcentajes más elevados de vacunados. Si no llegan nuevas oleadas, o si no tienen la gravedad de las pasadas, a lo mejor hay que empezar a creérselo.

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Efectivamente, si atendemos a los datos de vacunados nos encontramos con que en España ya tenemos vacunado a un 88,8% de la población diana (los mayores de 12 años) y un 78,9% de la población total. En la población diana el mayor porcentaje de vacunados se da entre los mayores de 40 años (94,4%) y el menor entre los españoles de entre 30 y 39 años, con un porcentaje de vacunados del 76,7%.

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A la vista de estos datos, el debate ahora mismo se centra en si vacunar o no a los niños menores de 12 años, y en este sentido los expertos se encuentran divididos. Desde luego ya apenas es posible avanzar en los porcentajes de vacunación sin incluir a los niños, puesto que casi todos los adultos están vacunados. Por otro lado, ¿tiene sentido y está justificado vacunar a los niños?

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Recordemos que estamos hablando de unas vacunas que se están administrando bajo una autorización para uso de emergencia. Obviamente nos enfrentamos a una pandemia que no espera y no respeta los tiempos habituales para el desarrollo de una vacuna. Es decir, seguramente es muy lógico que se hayan acortado los plazos todo lo posible, pero al mismo tiempo conviene no perder de vista este hecho. Ponerse una vacuna no es como tomarse un caramelo de menta. Basta recordar que algunos efectos secundarios se han ido estudiando sobre la marcha, conforme se vacunaba a millones de personas, y que por ejemplo la vacuna de Astra Zeneca, a la vista de algunas muertes repentinas, fue cambiando los grupos de edad a los que era recomendable administrarla hasta de hecho ser prácticamente preterida. No hay ninguna vacuna o medicamento que no tenga efectos secundarios más o menos graves en algún porcentaje de personas, así que de lo que se trata no es de negar que manejamos un asunto delicado, sino de calcular el riesgo-beneficio de cada vacuna y sobre cada grupo de personas.

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Como puede apreciarse en el cuadro anterior, el COVID es una enfermedad que no sólo es que afecte mucho más a los ancianos que a los niños, sino que al menos mortalmente apenas afecta a los niños. Los datos resultan bastante concluyentes. Desde el 20 de junio, de entre 95.709 menores de 10 años contagiados, no hubo más que 4 fallecimientos y 31 hospitalizaciones. Seguramente han muerto más niños en ese tiempo por un atropello, una caída o un atragantamiento que por COVID. Posiblemente, además, los niños fallecidos tuvieran alguna enfermedad previa que los colocara en una situación vulnerable. Interesa tener esto en cuenta porque, si hablamos del riesgo-beneficio de una vacuna aprobada para un uso de emergencia sobre un grupo de población, está claro que no es lo mismo para los mayores de 80 que para los menores de 11.

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Por otra parte, como puede leerse en Redacción Médica, las preguntas clave que se hacen los pediatras en este momento son: ¿los niños necesitan la vacuna?, ¿la sociedad necesita que ellos se vacunen para lograr la inmunidad de grupo?. Por lo que empieza a vislumbrarse, parece que la respuesta a la segunda pregunta es que no y que ya podríamos tener esa inmunidad sólo con la vacunación voluntaria de los adultos. Naturalmente siempre que los acontecimientos confirmen que está funcionando la vacuna. Si por otro lado la vacuna no funciona tan bien como se espera, carecería de sentido vacunar a los niños en aras a una inmunidad de rebaño que no se conseguiría de todos modos por ineficacia de la vacuna.

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En cuanto a la pregunta de hasta qué punto resulta necesario vacunar con una vacuna de emergencia a los niños, lo que están diciendo los pediatras es que no existe esa necesidad y menos con los actuales niveles de incidencia. Quique Bassat, coordinador del Grupo de Trabajo de la Asociación Española de Pediatría (AEP), afirma en el citado artículo de Redacción Médica que, ante la actual situación epidemiológica que vive nuestro país, «no tiene ningún sentido recomendar la vacunación masiva de menores de 12 años porque tienen efectos secundarios y en la ecuación riesgo-beneficio no hay un claro beneficio en su caso ante tan poquísima transmisión«. A día de hoy, con la incidencia por debajo de 50 y con 2.000-3.000 casos registrados cada día a nivel nacional, Bassat sostiene que «no está justificado vacunar a cuatro millones de niños» de esta franja de edad.

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