¿Hemos de preocuparnos demasiado por Díaz Ayuso?

El Partido Popular (PP) vuelve a afrontar una crisis interna. No se trata ahora mismo, en exclusiva, del nerviosismo que les pueda ocasionar la mayor relevancia de VOX, que con sus más y sus menos, ha venido, si no me equivoco, para quedarse.

El entorno provincial-regional donde esta formación acumula mayor poder cualitativo y cuantitativo a nivel regional (aparte de Galicia) está en crisis. Y no, no ha sido por resultados electorales (para muestra, el botón de las elecciones autonómicas del pasado 4 de mayo). Hablamos de Madrid.

En los próximos meses debería de convocarse un congreso interno para la delegación matritense del PP, que actualmente está al mando de una gestora, desde que Cristina Cifuentes dimitió tras las informaciones sobre el robo de unos productos cosméticos en un supermercado.

Al mismo, a fin de presidir el partido en la región, desea presentarse Isabel Díaz Ayuso, quien no solo es mandataria autonómica, sino una figura a considerar como lideresa de facto del partido en la Comunidad de Madrid.

No obstante, tiene una serie de obstáculos por el camino. Sí, cierto, muy a pesar de que su candidatura fue la más votada en 177 de 179 municipios el pasado 4 de mayo, posicionándose como líder más votada (relativamente) en «feudos rojos» y frenando el auge de su principal rival a la derecha.

Pablo Casado no quiere que siga creciendo un activo político que otrora amistaba mucho con él (y tanto como para nominarlo en 2021). Bueno, «malmetido» por el secretario general nacionalTeodoro García Egea, cuyo ingenio es muy válido para reiterar la vacuidad «progre» del partido.

Ante ello, para una persona que no es simpatizante ni votante del PP se le pueden generar sentimiento polarizados o encontrados. Puede depender incluso del día. Pero creo que voy a tratar de exponer un juicio algo equilibrado, lo más realista y objetivo posible.

Depender de VOX, un buen suplemento para Ayuso

No seré yo quien niegue que la oratoria de Díaz Ayuso no es nada mala. Tampoco aburren en absoluto sus discusiones parlamentarias contra la bancada de la izquierda (lo mismo ocurría en tiempos con Esperanza Aguirre). Los «golpes» contra el socialismo son generalmente divertidos y atinados.

Esto alegra aún más cuando Pablo Casado se reitera en un papanatismo extremo, tratando de granjearse el apoyo de las hordas izquierdistas. De hecho, recuerden que cuando VOX presentó moción de censura contra Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Adriana Lastra felicitaron al «líder pepero».

Aunque habitualmente se suele olvidar que el discurso de fondo de Díaz Ayuso no obedece a unas características propias de una coherencia de fe fundamentada o, en otros términos, del conservadurismo moral u otras posturas que son la antítesis de lo «progre».

Díaz Ayuso ha sido partidaria de los proyectos legislativos favorables al totalitarismo de género (homosexualismo y feminismo). Ella no ha cuestionado por sí sola los asuntos de la «violencia de género», pero sí que apoyó muy activamente la «Ley LGTBI» de Cifuentes.

Tampoco se ha llegado a cuestionar en ningún momento si de verdad conviene acoger a unos llamados «menores acompañados» que no solo es que deban estar con sus padres, sino que provienen de entornos musulmanes y solo siembran caos, aumentando la violencia contra las mujeres y los no heterosexuales.

Es más, ese supuesto acercamiento de su discurso hacia posturas más propias de un cristiano (por ejemplo, al decir defender la maternidad y querer que se eviten abortos) o el elocuente reconocimiento del sentido verdadero de la Navidad justamente se dan cuando la dependencia de VOX empezó a evidenciarse.

Todo obvio, sobre todo cuando Ignacio Aguado optó por ser el verdadero agente oculto del PSOE en la Comunidad de Madrid, lo cual ha sido muy bien recompensado en las urnas (máxime a sabiendas de la procedencia mayoritaria del electorado de la filial española del Elíseo galo en Madrid).

La batalla cultural matritense, en el plano político, está en manos de VOX

Ya hemos dicho que puede ser verdad que Ayuso tenga buena oratoria, que lleve razón en algunas cosas y que sea coherente cuando dice defender una fiscalidad menos lesiva que la de otras regiones españolas (algunas en manos de su mismo partido).

Ahora bien, recuerden dos cosas: la cosmovisión de Ayuso no es auténticamente conservadora mientras que depende de un partido que no solo carece de democracia interna, sino que cada día es más «progre» y más socialista.

A su vez, cualquier cosa sensata que diga de más, si no es mera estrategia, seguramente sea una reacción a sabiendas del cariz ideológico del grupo político que la sostiene, del cual se confía una batalla cultural dentro del seno institucional, parlamentario y partitocrático.

En cualquier caso, más que preocuparnos por ella, lo que resaltamos es que precisamente su partido pretende liquidar a la figura que, de una u otra forma, les «acerca» un poco a la derecha (ocurría lo mismo con la afrancesada Cayetana, que no es que fuera de fiar, pero caía bien a parte de la derecha sociológica).

Y sí, podemos suponer que igual el PP prefiere desechar a su activo político más relevante y sentirse más cómodo con Rita Maestre o Mónica García, porque otra explicación no puede haber… Pero insiste uno en que puestos a confiar en figuras política, mejor considerar la coherencia y el buen criterio de Rocío Monasterio, Gádor Joya y Alicia Rubio, inter alia.

Con lo cual, si podemos concluir con una respuesta, quizá más que preocuparnos por un partido en concreto, hay que criticar el empeño en entregarse a la izquierda. Además, lo que nos preocupa ante todo no es sino que el socialismo en todas sus facetas tenga relevancia sociológica y parlamentaria.

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