¿Qué hemos visto estos días en la cumbre del G20 en Roma y en la cumbre climática celebrada en Glasgow, las cuales han congregado presencial o telemáticamente a todos los líderes mundiales con mando en plaza? A primera vista, y es lo que menos interesa del asunto (aunque sea muy interesante), a unos señores hablando del clima y de la amenaza apocalíptica que se nos echa encima, por un lado, mientras nos dicen que todavía existe una esperanza para la salvación, la cual consiste básicamente en darles a estos señores todo el dinero y todo el poder.

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Decimos que la amenaza climática es lo menos interesante de la cumbre porque el cambio climático entra dentro del terreno de lo discutible. O sea, no somos negacionistas, somos discutidores. Discutimos las cosas porque no nos las creemos porque sí. Pero incluso dando por buena la existencia del cambio climático antropogénico apocalíptico sin que fuera discutible ninguno de sus términos, el hecho es que lo que hemos visto en Glasgow o Roma o antes en Davos es algo más y más indiscutible que una mera reunión de meteorólogos.

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Más allá del motivo real o aparente de la reunión, lo que ha sucedido es que todos los líderes del mundo, ya sean de izquierdas o de derechas, han acudido a un par de cumbres sucesivas para pronunciar todos ellos exactamente el mismo discurso. En realidad, a poco que lo pensemos, esto es algo bastante insólito en la historia del mundo. Ya es bastante insólito que todos los líderes vayan a una reunión como un rebaño disciplinado convocado a la voz de su pastor, pero mucho más aún que acudan todos a defender exactamente el mismo discurso. Aquí podríamos plantearnos de entrada dos cuestiones interesantes. En primer lugar, ¿es bueno y esperanzador que todos los líderes mundiales piensen lo mismo o es algo malo y aterrador? Si ni siquiera un líder mundial puede pensar ya ligeramente distinto al discurso dominante (Trump lo intentó y le quemaron el país, lo derribaron tras un solo mandato, le han eliminado de las redes sociales y quieren meterlo en la cárcel), ¿qué capacidad para no pensar lo mismo que piensan todos los líderes mundiales tiene un ciudadanito de a pie? La segunda pregunta es si los líderes mundiales acudieron como un rebaño de ovejillas a la llamada de un pastor sin haber pastor, ¿o hay un pastor? ¿Lo que hemos visto es una reunión de pastores o una reunión de ovejas? ¿Dónde se reúnen y quiénes son los pastores?

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Bienvenidos al socialismo global

Todos estos buenos pastores del rebaño mundial se han reunido en Glasgow y Roma para decir abiertamente, entre otras cosas, que van a implantar un nuevo orden económico mundial. Que para salvarnos del apocalipsis, además de nuestro dinero y nuestra adhesión acrítica, necesitan imponer un modelo económico global. ¿Y qué modelo es ese? ¿Uno en el que un politburó gobernante mundial va a detentar todo el poder? ¿Y cuándo hemos decidido los humildes mortales ese cambio y ese modelo que no sabemos qué es?

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Lo que hemos visto en Glasgow y Roma, por otro lado, resulta sospechosamente parecido a lo que vemos en las cumbres de Davos. Los mismos personajes, la misma puesta en escena, los mismos discursos. La mala noticia es que a estos curiosos cónclaves en los que la Agenda 2030 no votada por nadie en ninguna parte como tal, pero que se ha convertido en un programa de gobierno global indiscutible, acuden los políticos de izquierda y derecha de todos los gobiernos. ¿De qué sirve votar o cambiar de gobierno si gobierne quien gobierne el programa de gobierno es el mismo y ese programa es la Agenda 2030? La Agenda 2030, ¿es un programa político que nace de abajo a arriba o es algo que los de arriba ya han decidido y que ahora, con todo su poder, su dinero (el que nos quitan) y sus medios nos van a imponer? Y a que un politburó con todo el dinero, la propiedad, el poder y los medios planifique la economía y redistribuya el dinero y decida la forma en que la gente tiene que pensar y vivir y comer, ¿cómo lo llamamos? Seguramente dictadura, porque libre mercado y democracia está claro que no.

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Volviendo al principio, procede preguntarse tras todo lo considerado si ver a todos los líderes mundiales unidos y sosteniendo un mismo discurso es una imagen que debe llenarnos de orgullo y esperanza o de horror. De una parte podría parecer que estamos asistiendo al nacimiento de una fraternidad universal de la humanidad, aunque bajo unas reglas oscuras e inquietantes en lo que se va desvelando. De otro lado, a lo que estamos asistiendo es a un final alternativo de películas como La invasión de los ladrones de cuerpos. A lo mejor conviene empezar a mirar cada noche a ver si hay una vaina alienígena debajo de nuestra cama. Puede que a lo mejor la vaina haya sido disimulada como una pantalla de PC, smartphone o televisión, pero con los mismos efectos alienadores sobre el cerebro. Aquí está pasando algo muy raro y muy grave y ni siquiera está claro si el clima juega un papel en ello. Si algo nos ha enseñado la pandemia es precisamente que, incluso habiendo un problema real, no se duda en usarlo como pretexto para imponer una agenda política y que los gobiernos desborden los marcos legales de su poder. El cambio climático puede que consista en un calentamiento de la atmósfera o no, pero en lo que cada vez parece más claro que consiste es en generar una dictadura ideológica global.

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Comentarios (1)
  1. Javier31 says:

    Yo llamaría a los de la foto «los peleles del gobierno mundial».

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