2007 crisis financiera. 2020 crisis sanitaria. 2021, ¿crisis energética?

¿Va a volver a meter China al mundo en una crisis sin precedentes? Desde luego ya es preocupante que cada día en España una noticia apabullante tape la noticia apabullante del día anterior. Que el constitucional tumbe por ilegal también el segundo estado de alarma, por ejemplo, y que aquí no pase nada. Pero siendo esto extraordinariamente preocupante, empieza a ser preocupante que la noticia apabullante del día en España, a su vez, empiece a ser tapada por la noticia apabullante del día a escala mundial. Por ejemplo, la noticia de que en China se ha empezado a racionar de forma generalizada el combustible. Como para no preocuparse cuando las noticias del día comienzan a parecerse al principio de una película apocalíptica.

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Cualquier observador atento de la actualidad global sabe que en China vienen pasando hace tiempo cosas preocupantes. Desde la crisis de las grandes inmobiliarias a los problemas de abastecimiento, seguidos por los cortes en el fluido eléctrico, a lo que ahora sigue el racionamiento de combustibles. Los cortes de fluido eléctrico han llevado a muchos hogares y establecimientos a tener que recurrir a generadores. El uso de generadores ha disparado la demanda y no hay suministro suficiente de combustible, lo que a su vez genera nuevos parones y nuevas distorsiones. Al mundo y a los problemas de desabastecimiento e inflación sólo les falta que en China, la fábrica mundial, además de parones en la producción por falta de electricidad haya falta de distribución interna por falta de combustible para el transporte.

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En el origen de todo esta situación nos encontramos una vez más, cómo no, con la política climática impuesta por el discurso dominante. O sea, en el origen de la escasez de energía en China se encuentra la decisión de empezar a restringir el uso de plantas de carbón, que era la principal y más barata fuente de energía en China, así como a penalizar las emisiones de CO2. La consecuencia inmediata es que la energía ha comenzado a escasear y encarecerse de forma tan súbita como abrupta. Es lo que tiene la economía planificada. También dicen que el tirano comunista Xi Jinping, para dar buena imagen de su dictadura, exigía cielos azules para las próximas Olimpiadas en Beijing.

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No hace falta a estas alturas ser un lince para ver que nos podemos estar enfrentando al comienzo de una crisis energética de consecuencias imprevisibles. Desde luego cualquier problema importante en China va a tener repercusión en el resto del mundo y por supuesto en España, pero es que además eso se suma a nuestros propios problemas energéticos, asimismo consecuencia de la planificación de nuestra política energética. Ahora mismo, por ejemplo, España afronta una grave amenaza a cuenta del gas de Argelia y el conflicto de este país con Marruecos por el asunto del Sahara. España recibe el gas natural que precisa para producir electricidad a través de dos gaseoductos, los dos parten de Argelia pero uno pasa por Marruecos. Si Argelia cierra el gaseoducto que pasa por Marruecos para privarle de su parte del negocio, sólo queda el otro gaseoducto argelino que a fecha de hoy está lejos de poder ofrecer el suministro que estaban ofreciendo juntos los dos gaseoductos. Es decir, el corte del gaseoducto puede reducir nuestro suministro de gas en un momento crítico, motivo por el cual vemos a la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, volando a toda prisa hacia Argelia.

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Llegados a este punto, la noticia de que el gobierno austriaco aconseja a sus ciudadanos acumular provisiones para un hipotético gran apagón que pudiera durar varios días comienza a ser algo más que una serpiente de verano surgida en otoño. Claro está que los austriacos no tienen la tranquilidad y la confianza que proporciona el tener a Pedro Sánchez al frente. Con sorprendente tranquilidad se están tomando los mercados las noticias que se van sucediendo, ya veremos qué pasa si empieza a cundir el pánico.

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Podríamos describir la situación actual diciendo que todavía no tenemos las dos piernas amputadas de un mordisco, pero que de repente ha aparecido una aleta de tiburón alrededor de nuestro barquito. A fin de cuentas puede que no pase nada, pero Spielberg sabe que cualquier película con un grupo de paisanos bañándose en la playa adquiere un súbito interés cuando el espectador vislumbra la aleta de un tiburón.

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Suceda lo que suceda ahora seguramente vamos a echar de menos todas esas centrales nucleares que podríamos haber construido alrededor de Gibraltar. Centrales que funcionan de forma estable independientemente del viento, la luz o las precipitaciones, que ofrecen independencia energética respecto a terceros países, que no emiten CO2 y que además producen electricidad barata. Puede que la energía nuclear sea imperfecta y tenga sus riesgos, pero empezamos a cobrar consciencia de que el resto de energías alternativas pueden ser todavía más arriesgadas e imperfectas. De creer además en el calentamiento, más se justifica asumir algunos riesgos a favor de la energía nuclear para evitar un apocalipsis climático. Lamentablemente nada de lo que pudiéramos hacer ahora nos podría resolver una crisis energética en semanas o en meses, puede que ni en años, claro que antes nos ponemos a caminar antes llegamos. Entretanto tendremos que soportar la crisis y la pobreza energética que venga, si viene, como auténticos progresistas eco-sostenibles. Esperemos que lo de que no tener nada y ser felices comiendo gusanos no llegue mucho antes de lo previsto, en el año 2030. No dejaría de resultar irónico morir de frío y de hambre en 2022 por el temor a habernos muerto de calor en el 2152.

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Comentarios (1)
  1. Pablo says:

    Si en algo ha habido consenso progre en España es en el modelo energético, ahora los ciudadanos pagamos las consecuencias.

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