Una ley de vivienda para un mundo irreal

La nueva Ley de la Vivienda merece una enmienda a la totalidad comenzando por su carta de presentación. Es decir, se nos está vendiendo como una ley social, destinada a facilitar el acceso a la vivienda a los jóvenes o a las personas con menos recursos, legislando para ellos en vez de a favor de los especuladores y los tiburones financieros. Para empezar, una ley será social o beneficiosa para los jóvenes o los desfavorecidos según sean sus resultados, no según el nombre que se le ponga o la fraseología que la justifique. En este caso nos atrevemos a anticipar que los resultados de la nueva Ley de Vivienda para los jóvenes y los desfavorecidos van a ser desastrosos, no porque seamos futurólogos, sino porque tales han sido los resultados en todos los lugares en que se han establecido sobre la vivienda limitaciones de precios, se ha generado inseguridad jurídica o se ha perseguido a los propietarios.

Para que se puede alquilar una vivienda tiene que haber un propietario. O sea, no puede haber vivienda en alquiler sin propietario. El inquilino no puede ser propietario sin dejar de ser inquilino. La vivienda que se alquila ha de ser propiedad de alguien; si acabamos con los propietarios, acabamos también con los inquilinos. Si alquilar viviendas deja de ser interesante, dejará de haber inversión en vivienda de alquiler. Si baja la inversión en vivienda, se reduce la oferta. Si se reduce la oferta normalmente suben los precios, lo que en un mercado libre estimula la inversión en vivienda, lo cual aumenta la oferta, lo cual equilibra los precios. Si se limitan los precios al mismo tiempo se limita la oferta. La oferta sólo podrá ser igual o menor a la actual. Aunque los precios se limiten habrá la misma o menor disponibilidad de vivienda para alquilar.

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Si se reduce o congela la oferta de alquiler, mientras la demanda aumenta o se mantiene, lo que sucederá es que el propietario podrá permitirse el lujo de elegir a los inquilinos de una forma más selectiva. Alquilará al arrendador más solvente. Los más perjudicados serán los jóvenes y los desfavorecidos, justo los que se nos vende que tendrían que resultar beneficiados por la ley.

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Interesa detenerse un momento también sobre la cuestión del alquiler frente a la propiedad. Por alguna extraña razón a la izquierda le gusta el alquiler en la misma medida en que odia la propiedad. La Agenda 2030 prevé que seremos felices sin tener nada, por supuesto sin tener una vivienda en propiedad. Podría pensarse, como en la letra de alguna canción hippie, que no tener nada nos hace libres, pero semejante planteamiento resulta un poco ingenuo. O sea, todo es siempre de alguien. Cuando la Agenda 2030 dice que la gente no tendrá nada, ¿de quién serán entonces todas las cosas? ¿Del gobierno? ¿Y realmente pensamos que seremos más libres cuando no tengamos nada, todo sea del gobierno y necesitemos para todo al gobierno?

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Como alternativa a todos los propietarios a los que se va a espantar o disuadir de invertir en una vivienda para alquilar, el gobierno prevé crear grandes reservas de vivienda pública. Pero estas reservas, ¿con qué dinero se van a pagar? ¿Se va a convertir el gobierno en una gran promotora que se la va a jugar no con su dinero sino con el de nuestros impuestos? ¿Se va a financiar la construcción de vivienda pública con un peaje sobre la construcción particular? Es decir, ¿se va a crear vivienda pública a costa de encarecer la privada y haciendo por tanto más difícil el acceso a una vivienda privada, generando una pescadilla que se muerde la cola, y avivando el problema que se pretende solucionar? ¿Se va a crear una inmobiliaria pública para la gente que no podría pagar un piso privado, o pedir un crédito, sin esperar que sea otra empresa ruinosa adosada a los Presupuestos? ¿Cuál es el final de esa lógica? ¿Un parque de vivienda 100% público pagado con los Presupuestos? ¿El comunismo? ¿Dónde ha funcionado eso? ¿En la URSS? ¿En La Habana? ¿En Caracas?

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Cualquier Ley de Vivienda mínimamente razonable ha de pasar por proteger al propietario. Para que haya una oferta importante de vivienda en alquiler al propietario ha de ofrecérsele rentabilidad y seguridad. ¿O qué clase de persona pensaría en alquilar un piso sin rentabilidad y seguridad? El discurso dominante blinda a los okupas y los inquilinos que no pagan en la misma medida en que persigue a los propietarios, a la vista están los resultados. Desde luego tampoco se puede aumentar la oferta y bajar los precios de la vivienda sin liberalizar el suelo, facilitar los trámites burocráticos, reducir impuestos o permitir construir en altura, sobre todo en los lugares en los que no hay suelo disponible, si es que se quiere aumentar la oferta en alguna “zona tensionada”. La mejor política de vivienda para los jóvenes o las personas desfavorecidas es aumentar la oferta de vivienda, tanto para alquilar como para comprar. A las personas con problemas para acceder la vivienda se les puede ayudar con una economía dinámica que genere mucho empleo (algo que la reforma laboral también va a dinamitar), o en el peor de los casos con algo así como un cheque vivienda, jamás atacando la propiedad.

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Por supuesto la vivienda ha sido durante generaciones en España el vehículo favorito de las familias para canalizar el ahorro. No el vehículo de los especuladores y los tiburones financieros, sino el de las familias, insistamos en ello. Los ahorros y el patrimonio de multitud de familias trabajadoras españolas son muy frecuentemente el propio piso en que viven. O el piso en que viven y otro más que han ido pagando. La herencia de multitud de españoles es el piso de sus padres. El piso es también muchas veces el complemento de la pensión de muchas personas o la forma de estar cuidados en su vejez mediante una hipoteca inversa. Poner todo esto en riesgo para jugar al chavismo no es hacer leyes sociales y populares, es bañarse con cocodrilos. Por supuesto un inversor que vea la deriva constante y acelerada de este gobierno en todos los ámbitos buscará cualquier otro país tercermundista en el que arriesgar su dinero. La izquierda española va a convertir el país en un páramo y cuando pierda el poder se echará a las calles contra el gobierno que venga después a tratar de arreglar el estropicio, porque no se podrá arreglar el estropicio sin sacrificios. Esto pasará más pronto o más tarde, pero cuanto más tarde mayor será el estropicio. Prever todo esto no resulta demasiado difícil porque basta ver lo que ha pasado otras veces y lo que está pasando en otros lugares. A todo esto hay que sumar una situación económica global con cada vez más señales de peligro activadas, unas previsiones de crecimiento absolutamente inconsistentes y unas cuentas públicas totalmente descalabradas.

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Comentarios (2)
  1. Pablo says:

    Las políticas hay que medirlas por sus resultados no por sus supuestas buenas intenciones. Y estas políticas socialistas no han funcionado nunca en ningún sitio.

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 7 Thumb down 0

  2. BURBUJISTA LADRILLISTA says:

    “Estamos dispuestos a aceptar cualquier explicación de la presente crisis de nuestra civilización, excepto una: que el actual estado del mundo pueda proceder de nuestro propio error y que el intento de alcanzar algunos de nuestros más caros ideales haya, al parecer, producido resultados que difieren por completos de los esperados”

    Frieddrich A, Hayek (Camino de Servidumbre, editado en 1943)

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