Este fin de semana el PSOE ha celebrado su 40 Congreso. Interesa señalar que no se trata de una celebración anual y que el primer congreso del PSOE se remonta a 1888. Conviene recordarlo por varios motivos, empezando porque los partidos progresistas son unos partidos viejísimos. Como su ideario. Interesa asimismo recordarlo porque, aunque se nos ha vuelto a vender al PSOE como el partido que ha traído en exclusiva todos los bienes y todos los derechos a España, lo cierto es que el PSOE es un partido que en 1933 predicaba la violencia, rechazaba la democracia parlamentaria, a la que consideraba un invento burgués incompatible con el socialismo, y proponía en cambio la revolución y la dictadura del proletariado. Que no es que lo digamos nosotros, que es que lo dicen sus propios líderes pasados desde su propia hemeroteca. O refundan el partido, o todo esto viajará para siempre con ellos. Por cierto, los únicos partidos en España que no se han refundado son los socialistas y comunistas. La evolución no va con ellos. Claro que para evolucionar hay que reconocer errores pasados, lo que nos lleva al siguiente punto.

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En el Congreso de los socialistas hubo muchas cosas, hasta Hologramas de Pablo Iglesias en una extraño mixtura entre Hari Seldon y Obi Wan Kenobi, pero de lo que no hubo ni un bosón fue de autocrítica. De todo lo que acabamos de ver o no quieren acordarse o están orgullosos. De todo lo que nos llevó a la Guerra Civil ellos se lavan las manos, pese a la hemeroteca anterior al conflicto. Por el contrario, para los socialistas ni hay mal en España del que sean en alguna medida responsables, ni hay bien que no sea exclusivamente mérito suyo. La educación, la sanidad, la libertad, todo es gracias al PSOE. Si en España no hay paro, ni deuda, ni electricidad cara todo es gracias al PSOE. Es más, si ETA desapareció fue gracias al PSOE, sólo al PSOE y nada más que al PSOE. Sólo el PSOE plantó cara a ETA y sólo hubo víctimas de ETA socialistas. Imposible discutirles el mérito. Bien es cierto que ETA no se disolvió hasta 2018, ya en tiempo de Rajoy, pero todo gracias a Zapatero. La prueba de que el PSOE acabó el solito con la ETA es que la izquierda abertzale no se lo perdona. Impensable un gobierno del PSOE con el apoyo de la izquierda abertzale.

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Como relato alternativo, también podría pensarse que no hay mal en este país en el que no esté implicado el PSOE, desde la Guerra Civil hasta todas y cada una de las veces en las que han dejado el estado en quiebra o el paro en máximos históricos no vistos en ninguna otra nación de Occidente. Lejos de ser el defensor de la sanidad y la educación, cada vez que el PSOE ha dejado el poder le ha dejado al siguiente las cuentas del estado en la ruina. O sea, que cada vez que la derecha ha llegado al poder se ha tenido que dedicar a reflotar el estado asumiendo todos los esfuerzos y sacrificios necesarios para evitar el colapso. En realidad alguien que quisiera acabar con el estado a quien debería votar es al PSOE, y no a la derecha que siempre llega para salvarlo.

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La gestión de la pandemia en España tampoco se puede decir que haya sido ningún éxito socialista. Haber tenido más de 100.000 muertos no nos deja en los peores números del mundo, aunque cerca, pero se ha llegado a ese funesto guarismo tras decisiones como celebrar el 8M a toda costa, cuando ya se veía claramente la que se nos venía encima, o como recomendar a la gente insistentemente durante toda la primera oleada, la más dura, que no usara mascarilla. O que hiciera vida familiar, laboral y social normal tras haber estado con algún contagiado. No sabemos cuáles hubieran sido nuestras cifras habiendo hecho las cosas con un poco más de sentido común, pero seguro que no tan abultadas.

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Todo ello por no mencionar el estado de alarma ilegal o el cierre del Congreso ilegal, mientras al mismo tiempo, aprovechando la pandemia, se impulsaba una agenda política absolutamente radical. A lo mejor la pandemia se ha gestionado tan mal desde el punto de vista sanitario porque el gobierno estaba centrado en su agenda política. Cualquier otro gobierno hubiera aparcado su agenda hasta superar la pandemia y poder volver a hacer política con normalidad, para así además haber podido afrontar la situación sanitaria mostrando unidad.

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Imposible dejarle pasar al PSOE la impostura de que se trata un partido que defiende y amplía los derechos de la sociedad española. Todo lo contrario. Las leyes abortistas dejan a los niños humanos no deseados más desprotegidos que al ganado. Las leyes de género aspiran a acabar con la igualdad y con la presunción de inocencia de los varones. Las leyes educativas niegan a las familias la libertad de elección. Las leyes sobre la vivienda ponen en entredicho la propiedad. Las leyes climáticas y antinucleares abocan a toda la población a la pobreza energética y a dejarse el sueldo en pagar la electricidad, el coche y el combustible. Las leyes ultraizquierdistas dejan a los españoles indefensos frente al creciente fenómeno de la violencia de origen inmigrante o ante los okupas. Sin seguridad, no hay derecho ni libertad. Los pactos con los separatistas dejan ya casi en media España sin derechos a todos los castellanohablantes. Las leyes de memoria histórica sólo permiten aclamar el pasado de la izquierda. No se puede ser rockero o actor más que si eres un activista de la izquierda. La libertad de expresión sólo se puede ejercer para alabar la Agenda 2030.

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El PSOE cerró el Congreso prometiendo acabar con la reforma laboral, la ley mordaza y la prostitución. Respecto a lo primero entra dentro de la lógica de un partido que cree que se puede acabar con la pobreza limitando los precios, en vez de generando riqueza, que también piense que se puede acabar con el paro prohibiendo los despidos. Respecto a lo segundo, hay que recordar que la ley mordaza ha sido el instrumento que ha permitido al gobierno, mediante millones de sanciones ahora jurídicamente en el aire, imponer un estado de alarma ilegal. La ley mordaza ha sido durante toda esta legislatura para el PSOE una herramienta fundamental.

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La buena noticia del 40 Congreso del PSOE, y como tal la dejamos para el final, es que como se ha indicado los socialistas se proponen acabar con la prostitución, lo cual esta vez sí que es un avance y una iniciativa a aplaudir, para variar. Además la lógica indica de manera inexorable que, si en España deja de haber putas, también dejará de haber hijos de puta. Nos va a dejar Sánchez un país niquelao.

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