El día en que el PSOE y Podemos apagaron la democracia

El Tribunal Constitucional ha ratificado que el gobierno del PSOE y Podemos cerró ilegalmente el Congreso de los Diputados durante el estado de alarma asimismo ilegal. Esto es mucho más que un varapalo judicial al gobierno, como los que recibe casi a diario, porque casi a diario este gobierno se salta las leyes, esto es un auténtico escándalo, y casi podría decirse que un golpe de estado. Cerrar ilegalmente el Congreso de los Diputados, la sede de la soberanía popular, es un acto dictatorial, un desbordamiento de la legalidad absolutamente insólito, y todo el gobierno en pleno tendría que estar asumiendo responsabilidades políticas por un pronunciamiento tan grave. Lo cierto es que se trata de algo tan grave y tan carente de precedentes que habría que analizar detenidamente cuál es la respuesta política e institucional que merece este asunto. Lo que no tiene lógica ninguna es lo que está pasando, o sea que ocurra algo así y no pase nada. Nos han apagado la democracia y no pasa nada.

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Cierto que tenemos una democracia bastante precaria y desequilibrada a favor del poder, pero es la que tenemos. Sólo faltaba que nos quiten la poca democracia que tenemos. Lo que no sospechábamos es hasta qué punto es grave el desequilibrio a favor del poder. Tanto como para apagar la democracia durante meses y que aquí no pase nada. Más aún, tanto como para hacerlo sin que apenas de hable de ello. Sin que sea un escándalo monumental. En realidad podría pensarse que el cierre ilegal del Congreso es sólo la segunda noticia más grave del momento, la más grave es que se haya cerrado ilegalmente el Congreso y no no pase nada, los medios no hablen constantemente de ello y no haya consecuencias políticas.  Claro que tampoco podemos sorprendernos demasiado por el silencio mediático precisamente a la vista de algunos de los espectáculos a los que hemos asistido a lo largo de esta pandemia.

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El cerrojazo ilegal al Congreso se suma además a la declaración ilegal del estado de alarma. O sea, a la imposición de un estado de excepción bajo la apariencia y los requisitos de un mero estado de alarma. Precisamente cuanto más excepcionales son los poderes que se le otorgan al gobierno en una situación extraordinaria, a mayor control le somete la Constitución para que no abuse de esos poderes. Aquí el gobierno ha declarado un estado de alarma ilegal, o un estado de excepción encubierto, y en vez de someterse a controles excepcionales lo que ha hecho encima es cerrar ilegalmente el Congreso. Y todo esto no le acarrea ninguna responsabilidad política y ni se habla de ello. Con lo débil y politizada que sabemos que está la Justicia y sin embargo todavía ha resistido el empuje. Aún son posibles sentencias que no le den la razón al gobierno, como en las democracias. La Justicia está mal, pero peor entonces debe estar todo lo demás. La prensa silente se divide en la que aprueba los atropellos cuando los cometen los suyos o la que está comprada por el dinero público del gobierno.

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La moraleja de todo este triste asunto es que la democracia y nuestros derechos fundamentales han dejado de ser nuestros. Ya no son límites que nosotros le ponemos al gobierno. Ahora son una mera concesión que nos hace el gobierno. Los respeta mientras decide que los respeta. Los derechos ya no son un límite al poder, sino una gracia del poder. Como tal gracia es una liberalidad del gobierno que se puede otorgar o se puede negar. Y casi nadie se queja. Y no es un escándalo colosal. Y el gobierno no ha caído ante unas responsabilidades tan graves. La Justicia puede aún señalar los atropellos del gobierno, pero sin consecuencias. Es el estado de derecho el caído en vez del gobierno.  Habiéndose visto todos los atropellos que puede cometer impunemente sería raro que este gobierno no estuviera pensando ya en mayores y más osados atropellos. Y cuanto mayores sean los atropellos, menor será nuestra capacidad de respuesta. El poder del gobierno para atropellarnos crece a costa de nuestro poder para rebelarnos. No pensemos por tanto que habrá una rebelión cuando el gobierno se haya hecho con el 99,9% del poder absoluto. Cuando llegue ese punto la rebelión carecerá por completo de recursos, más vale abrir los ojos lo más lejos posible de llegar a ese punto, que por lo que estamos viendo no estaba tan lejos como creíamos.

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Comentarios (2)
  1. BURBUJISTA LADRILLISTA says:

    La realidad es que la situación (mas de 500 muertos al día y creciendo) invitaba a cerrar un parlamento tan poco útil para la ciudadanía (el que no lo reconozca miente). Otra cosa es que si lo hubiera hecho la derecha el que hubiera hecho el cierre, los departamentos de propaganda y agitación de la izquierda y la extrema izquierda habrían sacado el máximo provecho de la situación, llamándoles fascistas y recordando cada día el numero de muertos detectado por el sistema MOMO criticando el oficial.

    La derecha solo tiene que mejorar sus sistemas de propaganda y gana la partida de calle

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  2. De Navarra says:

    Claro que “La derecha solo tiene que mejorar sus sistemas de propaganda y gana la partida de calle”. Pero eso es lo mismo que decir que Osasuna tiene que jugar como el Bayern Munich y gana la Champions League de calle. Como siempre, lo fácil es decir QUÉ hay que hacer, lo difícil es siempre el COMO. Tienen que pasar muchos años para que la derecha aprenda (si quiere, que esa es otra) a manejar la propaganda como lo hace la izquierda, que lleva más de un siglo entrenando y practicando.

    Bien puntuado. ¿Te gusta? Thumb up 4 Thumb down 0

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