No mirar a las mujeres como se mira a una tostadora será pre-delito

El Ministerio de Igualdad impulsa un protocolo para combatir el pre-acoso sexual en el trabajo, por el que insta a las empresas a perseguir, pre-juzgar y sancionar pre-delictivamente las “bromas y comentarios sobre la apariencia sexual”, las “miradas impúdicas”, las “indirectas” o los “comentarios insinuantes”.

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Igualdad pretende que cualquiera de estas conductas y otras deberían ser denunciadas internamente, para lo que proponen un mecanismo confidencial de denuncia, aunque no secreto, que de lugar a una investigación por parte de un comité especializado, formado por miembros de la dirección y representantes de los trabajadores, que llamarían a los involucrados a prestar declaración y recogerían las pruebas o las versiones de los testigos.

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Obviamente parece que no hablamos de delitos, o todo este proceso iría por vía judicial y carecería de sentido, sino de reprimir todo tipo de actuaciones y comportamientos no delictivos y difícilmente determinables mediante un proceso no judicial, sin garantías y de consecuencias difusas.

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Para empezar, ¿cómo se determina lo que es un comentario apropiado o inapropiado? ¿Y una mirada libidinosa? ¿Cuál es el aparato, la escala y las unidades de medida para cuantificar todo esto? Todo el espacio entre la zafiedad o la mala educación, ¿lo va a rellenar el gobierno con procesos y castigos parajudiciales?

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Por otro lado, ¿se prohíben todas las indirectas, todos los comentarios, todas las bromas o chistes y todas las miradas o hay indirectas, bromas, chistes, comentarios e indirectas que sí son aceptables? ¿Cómo no va a haber bromas, comentarios e indirectas aceptables? ¿Qué clase de mundo sería ese? Pero entonces, ¿dónde está la frontera objetiva entre los aceptables y los inaceptables? ¿Vamos a tener que convivir todos sin márgenes de tolerancia para los comentarios y las actitudes de los otros? ¿No es precisamente eso lo que destruiría la convivencia? ¿No tendemos naturalmente, sin necesidad de comités, a acercarnos a unas personas y alejarnos de otras con cuyas bromas, comentarios e indirectas no conectamos o no nos sentimos cómodos, y esto respecto al sexo o cualquier otro tema y sin necesidad de procesarlas o de que lo regule el gobierno?

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No se mira a una mujer como a una tostadora, al menos si se tiene una relación sana y funcional con las tostadoras, y tampoco se mira a una mujer atractiva como a una que no lo es. No puede ser que no mirar a las mujeres como se mira a una tostadora sea delito, o motivo para ser procesado y marcado por una investigación en el marco de la empresa. Tampoco hay manera de saber con precisión si alguien mira a una mujer como a una tostadora o como a una mujer. ¿Queremos además caminar hacia un mundo en el que los hombres y las mujeres nos miremos como a tostadoras? Y esto de prohibir ya no las miradas libidinosas, sino las miradas libidinosas como hipótesis, ¿no es en el fondo lo mismo que lo de los talibanes con el burka? O arrancamos los ojos a los hombres o tapamos a las mujeres con el burka: sólo son dos extremismos respondiendo ante el mismo problema.

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Al margen de las obsesiones de este gobierno totalitario por regular hasta los más pequeños e íntimos aspectos de nuestra vida, ocurre además que precisamente Podemos, sus mareas, sus líderes y sus umpa lumpas no son los más ejemplares a todo este respecto. Merece la pena repasar estos vídeos considerando que estos son los que proponen acabar con las bromas sexuales, las indirectas, las insinuaciones, los comentarios y las miradas.  Existiendo tan  variados, vulgares y zafios ejemplos de su incoherencia, incluso en la TV en directo, como para imaginar lo que ocurre en la hipocresía de su privacidad entre ellos.

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