Con Merkel o con Scholz a los españoles nos sube la luz

Decir que en Alemania ha perdido las elecciones la derecha resultaría un tanto aventurado. De una parte todavía parece que las posibles alianzas gubernamentales todavía están un tanto en el aire. Por otro lado, pensar que Merkel era la derecha puede ser un exceso. Olaf Scholz, el candidato del SPD (los socialistas alemanes) era el vicecanciller de Merkel en el gobierno de coalición. De él se dice que es un socialdemócrata ‘merkeliano’, claro que de Merkel se podría decir casi lo mismo. A fin de cuentas Merkel le impuso al PP un severo y sacrificado ajuste en la crisis anterior y ahora le regala 140.000 millones a un gobierno socialcomunista con todas las cuentas desbarajustadas, para que los reparta como electoralmente más le convenga. Pues menos mal que la canciller de hierro no es una izquierdista radical.

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En realidad en Alemania, con los peores resultados de la CDU, hay un empate virtual entre izquierda y derecha con un problema para la derecha que no se está observando sólo en Alemania, sino en todo el mundo. Este problema es que la derecha no puede gobernar con la extrema derecha pero la izquierda sí puede gobernar con la extrema izquierda. La izquierda establece la política de alianzas de la izquierda, pero también las alianzas que puede hacer o no hacer la derecha. O sea, que o gobierna sola la izquierda o gobierna la izquierda en coalición con la derecha. Si no es un ingenioso sistema dictatorial en el que la izquierda siempre está en el poder de un modo u otro se le parece bastante. Lo ridículo es que la propia derecha haya interiorizado este esquema impuesto por la izquierda.

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Más allá de los problemas de la derecha alemana o la derecha global, lo cierto es que Alemania camina hacia un apagón brusco de todas sus centrales nucleares en 2022. Este apagón, por cierto, lo decidió en 2010 la “derechista” Merkel, tras los sucesos de Fukushima. O sea, que la izquierda puede llegar al poder con la política energética ya hecha por el supuesto gobierno derechista anterior. El problema es que esta política antinuclear tiene un coste para los españoles en nuestra factura de la luz.

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En la medida en que Alemania, que todavía tiene 17 centrales nucleares en funcionamiento, las vaya cerrando precipitadamente, los días que no haya viento ni sol tendrá que tirar del ciclo combinado para generar energía. O sea, del gas. Esto lógicamente tirará del precio del gas al alza y como nosotros también dependemos del gas tendremos que pagar más cara la electricidad.

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Puesto que además Puigdemont se puede pasear por Alemania con toda tranquilidad, la moraleja podría ser que lo que pase en Alemania nos da igual. No porque nos de igual sino porque gobierne quien gobierne, con las cartas que hay sobre la mesa, a los españoles nos va a ir lo mismo de mal.

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