Que Irene Montero mate ella misma a un niño en directo en Telecinco para normalizar el aborto

Irene Montero quiere dinamitar la objeción de conciencia de los médicos y el personal sanitario frente al aborto. Durante años se nos ha repetido que sobraban los médicos dispuestos a abortar niños en los hospitales públicos de España, que a los médicos les encanta el aborto, pero parece que esto es bastante mentira. Por el contrario, Montero denuncia que los médicos de departamentos enteros objetan en masa dificultando la prestación de este hermoso derecho público. Lo que en consecuencia propone Montero, y dice que Sánchez está totalmente de acuerdo con ella mientras a cambio él pueda seguir en la silla de presidente, es liquidar de facto la objeción de conciencia.

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El problema con los médicos, con la inmensa mayoría de ellos al menos, es que por un lado se hicieron médicos para salvar a la gente, no para ejecutarla. Por otro lado, Irene Montero les puede contar a sus votantes o a sus correligionarias que el niño abortado no es un niño, que es una parte del propio cuerpo de la mujer, como una espinilla, aunque el niño tenga su propio género, su propio cerebro, su propio ADN o su propio corazón, o incluso aunque una mujer pueda dar a luz después de haber muerto. Lo malo es que los médicos sí que saben que esto no es así. Es más, los médicos están hartos de ver ecografías 4D de niños y saben perfectamente que practicar un aborto es cargarse un niño. En el 99% de los casos, además, un niño perfectamente sano, sólo que inoportuno o indeseado.

Sería por tanto una buena idea, si es que el aborto no es un crimen ni nada moralmente censurable, y ya que lo eliminado no es supuestamente un ser humano sino un conjunto de células impersonales, que para demostrarles a los médicos lo absurdos que son sus reparos morales y lo injustifcada que está la objeción, la propia ministra matara en directo en televisión a un feto de 14 semanas, como lo que permite la ley de plazos. O de 21 semanas, como se sigue permitiendo en ciertos supuestos. Para que todos viéramos lo hermoso y poético que es un aborto pese a la sangre y los cuerpos desmembrados. Seguramente lo más adecuado sería TVE1 en horario de máxima audiencia, pero parece ser que este gobierno suele preferir Telecinco. Lamentablemente para los abortistas la tecnología y las ecografías cada vez muestran con mayor claridad que el feto es sencillamente un bebé no nacido. 

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Naturalmente no hablamos literalmente y de por supuesto no queremos dar ideas a la ministra, aunque de hecho pensamos que un partidario del aborto es una persona mal informada que no sabe lo que es un aborto y que desde luego no ha visto un aborto. De hecho, en sentido contrario, lo mismo sería deseable un gobierno que mostrara y explicara un aborto en TVE en horario de máxima audiencia desde el punto de vista del feto. ¿O cuánta información no queremos saber antes de practicar un aborto?

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Irónicamente, cuando la propia Irene Montero quedó embarazada de sus dos primeros hijos, ofreció la feliz noticia por redes sociales cuando se encontraba en la semana 12 de embarazo. Por un lado hablaba de ellos con ternura, se consideraba a sí misma madre y llamaba abuelos a sus padres, probablemente les había puesto hasta los nombres, pero por otro lado y en ese mismo plazo defiende con el mismo desparpajo que se pueda matar a los hijos de las otras y que los médicos estén obligados a eliminarlos, sin poder disponer siquiera de un derecho efectivo a la objeción de conciencia. Si por otro lado no defiende el derecho a la vida, ¿va a defender el de la objeción de conciencia? ¿Y por qué está la ministra en contra de los vientres de alquiler? No puedes vender al niño, pero en cambio puedes matarlo. ¿Qué lógica ve la izquierda en ello? ¿Qué tiene además todo esto que ver con la izquierda ni la derecha sino con tener un poco de lógica y corazón?

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Por supuesto que a la izquierda le faltan médicos para practicar los más de 100.000 abortos que se realizan cada año en España. La izquierda primero trivializa el aborto y después, oh sorpresa, no da abasto con el número de abortos. El problema para un abortista es que le tiene que resultar muy difícil cambiar de opinión respecto al aborto. O sea, si un día alguien se da cuenta de que todos esos niños indeseados eran seres humanos, ¿en qué le convierte haber estado defendiendo el aborto? Y sin embargo, llegados a ese difícil punto, ¿en qué mejora la situación un sólo día de más sin rectificar y defendiendo innecesariamente el aborto?

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