Cuando un inmigrante mata a otro inmigrante

Esta es una de esas noticias que no aparecerá en el 90% de los medios debido a la naturaleza del agredido y del agresor. Ya se sabe que ahora la violencia escandaliza o no, moviliza a los medios o no, según quién la practique y según quién la reciba, no por el hecho violento en sí. El caso es que un hombre de 65 años ha muerto en Madrid a causa del puñetazo que le propinó un inmigrante marroquí que le quería robar.

Aunque el debate sobre la inmigración nos podría llevar mucho más allá, el detenido tenía 10 antecedentes policiales por delitos contra el patrimonio y las personas. ¿Qué hacía entonces aún esta persona en nuestro país? ¿Por qué una persona extranjera que comete un delito no está o expulsada o en la cárcel antes de ser expulsada? ¿Qué sentido tiene acoger a delincuentes? ¿Cuántos delitos tiene que cometer una persona venida de fuera hasta que se le expulse? ¿Hay que esperar a que mate a alguien para hacer algo?

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El discurso de la izquierda contra el control de la inmigración es algo más que un discurso equivocado, es un discurso que cuesta vidas. El asesino que protagoniza esta noticia tenía que haber sido expulsado de España mucho antes de su undécimo delito conocido, mucho antes de haberle costado la vida a una persona. Esto no es ser fascista, esto es tener dos dedos de frente.

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En este caso, además, se da la circunstancia de que el asesinado es un español nacido en Ecuador, o sea otra persona de origen inmigrante. Es decir, es mentira que el descontrol de la inmigración favorezca a los inmigrantes. Favorece sólo a los inmigrantes que vienen a delinquir. El inmigrante que llega a España para convertirse en un problema no sólo se convierte en un problema para los españoles, sino también para los inmigrantes que viven en España. Cualquiera puede ser su víctima. Por tanto no es ya que el control de la inmigración sea una necesidad que no tiene nada que ver con planteamientos fascistas, es que cualquier inmigrante normal podría estar tranquilamente a favor.

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Podría añadirse que tanto la víctima como el asesino eran unos sin techo, lo que agrava aún más el cuadro. Porque aunque la violencia derivada de la inmigración descontrolada o la inmigración que no podemos asimilar le pueda afectar a cualquiera, lo cierto es que a quienes viven en urbanizaciones valladas de lujo predicando el comunismo y un mundo sin fronteras esa violencia les suele tocar muy lejos.

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