Total, que este pasado sábado se celebró la Diada. Mucho se ha dicho ya sobre ella y algunas cosas merecen ser repetidas o subrayadas y otras no. Desde luego la asistencia resultó decepcionante. Por más que el nacionalismo institucional dominante haya intentado inflar desesperadamente las cifras las imágenes hablan por sí mismas.

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Las imágenes también hablan por sí mismas cuando vuelve a reaparecer la violencia nacionalista de ese nacionalismo que nos dicen que es pacífico y de esos líderes del prusés que nos dicen que son arcangélicos. La violencia del nacionalismo es una ensoñación, no rebelión. Aunque las cámaras de vídeo en la actualidad son tan sofisticadas que pueden grabar las ensoñaciones.

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De nuevo en el apartado de las imágenes resultó extraordinariamante llamativo ver a los separatistas pegarse entre ellos. O sea, conflicto entre catalanes y españoles, conflicto entre catalanes y catalanes y conflicto entre nacionalistas y nacionalistas. El separatismo es un sentimiento maravilloso que produce obras maravillosas. Difícil saber si el prusés genera tanto energúmeno o si los energúmenos siempre estuvieron ahí y  el prusés se limita a galvanizarlos.

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Por supuesto todo lo anterior se ha viralizado hasta la saciedad durante el fin de semana, no obstante lo cual hay otras tres cuestiones que merecen ser señaladas y subrayadas por su especial gravedad.

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En primer lugar que las principales restricciones que existían en Cataluña con motivo de la pandemia, que comparativamente resultaban aún particularmente severas respecto a otras comunidades, resulta que la Generalidad decidió eliminarlas en gran medida justo antes de la celebración de la Diada. De todas las restricciones que nos siguen imponiendo, ¿cuántas tienen una justificación sanitaria y cuántas son un abuso autoritario? ¿Qué motivos pesan más para imponer o quitar una restricción, los sanitarios o los políticos?

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Otro asunto significativo es el de la próxima activación de la mesa de diálogo entre el Gobierno de España y la Generalidad. En un país en el que se declaran estados de alarma ilegales y no pasa nada tampoco es que resulte muy raro que el gobierno se saque de la chistera un órgano alegal y aconstitucional para sustituir en parte al parlamento español y en parte al catalán. Un órgano no votado, sin presencia de la oposición, para discutir sin publicidad no se sabe qué. Si nos dijeron que el estado de alarma era ilegal, como para confiar en la legalidad de lo que en esa mesa oscura se pueda acordar. Por supuesto llamarla una mesa de negociación es pura literatura. En realidad es una mesa de claudicación, como todas aquellas en las que se negocia con los nacionalistas. O sea, ¿a qué parte de sus pretensiones legítimas han renunciado nunca los nacionalistas en una negociación con el estado? ¿Cuándo por ejemplo han perdido competencias sobre Educación en una negociación? Porque si llamamos negociación a que una parte siempre ceda y otra siempre obtenga ventajas tenemos un problema con la realidad o con las palabras que usamos para describir la realidad. Desde luego eso no es negociar, sino claudicar. Nótese además que nos preguntábamos cuándo el nacionalismo ha renunciado en una negociación con el gobierno central a una aspiración legítima. O sea, renunciar a acciones ilegítimas (declarar unilateralmente la independencia, dejar de poner bombas) no es negociar. A eso hay que renunciar por principio, como postulado previo a cualquier negociación, no a cambio de algo. Pagar un precio por que no te maten o porque alguien no declare unilateralmente la independencia no es negociar, sino ceder a un chantaje. A lo que hacemos siempre con los nacionalistas no hay forma racional de llamarlo negociación.

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Finalmente, como corolario político-festivo, mencionar que Bildu estuvo un año más en Cataluña celebrando la Diada, en un gesto de hermandad con el separatismo catalán. La Diada, sin embargo, como todo el mundo sabe celebra la derrota (aunque esto resulte un tanto paradójico) en 1714 del bando austracista frente al bando borbónico en la Guerra de Sucesión que se libró no sólo en toda España, sino en medio mundo. Vamos, que en absoluto fue una guerra entre los catalanes y el resto de españoles librada en Cataluña, sino entre españoles y librada por todo el Imperio. Los catalanes del bando derrotado se sentían además tan españoles como los del bando ganador, sólo que como muchos otros españoles preferían al aspirante a la corona de los Austrias en vez del de los Borbones. Todo el mundo sabe que el famoso bando del héroe catalán de la Diada, Rafael Casanova, llamaba a los barceloneses a luchar por España. Pero lo divertido del caso hablando de Bildu es que en aquella guerra los vascos y los navarros estaban con el bando borbónico. O sea, que los vascos en 1714 estaban atacando Barcelona para ponerla a las órdenes de los Borbones. Por eso cuando cayó Barcelona y ganaron los Borbones los catalanes perdieron sus instituciones propias y los vascos y los navarros las conservaron. Existe por tanto una radical desconexión histórica entre Bildu y los vascos de 1714. Claro que si Bildu no sabe de qué lado estaban los vascos en la Batalla de Noáin, como para pedirles que sepan distinguir entre una guerra de secesión y una de sucesión o en qué lado estaban sus ancestros en aquel otro fregado español.

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