Libertad política contra el exterminio abortista

El pasado miércoles 1 de septiembre, entró en vigor en el Estado de Texas una legislación que supone uno de los avances más importantes en defensa del derecho a vivir del no nacido tanto en el territorio estadounidense como en el área transatlántica en general.

Hablamos de la llamada Heartbeat Law, que prohíbe los abortos en cuanto se detectan los primeros latidos cardiacos del feto. De todos modos, lo importante no es eso sin más, sino la posibilidad de lograrlo con dispositivos de ultrasonido, reduciendo el plazo a las seis semanas.

Con esta medida, se puede decir que, a efectos prácticos, queda prohibido el aborto en este territorio estadounidense. No olvidemos que, por otro lado, el fallo judicial Roe v. Wade, que impide a cualquier Estado restringir esta práctica asesina, está aún pendiente de ser anulado.

Lo que se puede interpretar como un avance significativo a la hora de respetar la santidad humana por medio del marco legislativo, no obstante, ha vuelto a desatar la furia de las hordas justicieras y agitadoras de la “progresía”, de la Revolución. Sí, en todas sus esferas, como iremos viendo ahora.

La Administración Biden-Harris, dispuesta a ir a por todas

Como se puede inferir en el párrafo anterior, todo el aparato mediático y activista que sirve a las causas revolucionarias se ha puesto en pie de guerra dado que la cultura de la muerte ha sufrido un importante retroceso.

Hemos visto también episodios de “censura progre tecnológica” (por lo menos, de parte del proveedor de alojamiento web GoDaddy) contra entidades pro-vida así como combinaciones de las presuntas “causas en defensa del medio ambiente” con la falacia dialéctica de los “derechos de las mujeres”.

Pero en esta ocasión no quiero centrarme tanto en esos fenómenos. Más bien quiero abordar los “arduos esfuerzos” de la Administración Biden-Harris para vulnerar, por una causa diabólica, la autonomía política de otros niveles del poder político que están en un orden inferior.

Resulta que la Casa Blanca, que está en manos de Joe Biden, Kamala Harris y el Deep Statepublicó el pasado miércoles, con carácter urgente, un comunicado firmado por cierto “católico ejemplar”, en el que se consideraba la Heartbeat Law como una provisión inconstitucional.

De hecho, pese a que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, con una mayoría conservadora consolidada por Donald Trump, tumbó un recurso de emergencia para paralizar esta ley, la Casa Blanca pretende explorar nuevas fórmulas para desproteger al no nacido en Texas.

Concretamente, Joe Biden instó, en rueda de prensa, al Departamento de Justicia, a investigar sobe distintas fórmulas para facilitar los abortos que la Heartbeat Law habría prohibido. Al mismo tiempo, tuvo el descaro de dar a entender que la cultura de la vida era un valor antiamericano.

Incluso dijo que se iba a crear un sistema de “vigilancia”, lo cual es muy contradictorio, puesto que él sí que es partidario del estatismo policial bajo pretexto “sanitario”, siguiendo unas directrices no solo avaladas por el doctor Fauci, sino impulsadas por el Partido Comunista Chino.

La descentralización como maniobra política

Es nuestro deber apostar por la escrupulosa garantía del derecho a la vida en cualquier sistema de normas a lo largo del orbe. Empero, eso no impide reconocer que la libertad política intrínseca a la descentralización política da un margen mayor de maniobra no solo para pagar menos impuestos.

Durante años, gracias a la presión sociológica, varias ciudades texanas se han convertido en “territorios libres de abortos” (al mismo tiempo, también como consecuencia, en cierta medida, la demanda disminuyó). Al mismo tiempo, más de 30 localidades han aprobado ya mociones para declararse como “ciudades santuario” para el no nacido.

Esto también ha influido en el rumbo legislativo. Pero también hay que decir que este mismo proyecto que tanto escuece a los enemigos de la cultura de la vida podría propagarse por otros territorios de la antigua Dixie norteamericana, con considerable sociología conservadora.

Varios legisladores de Florida estarían trabajando en un proyecto de ley similar. Así lo declaró el presidente del Senado, Wilton Simpson, que cuenta con el aval del flamante gobernador Ron DeSantis, y se comprometió a hacer todo lo posible para proteger el derecho a la vida del no nacido.

Así pues, ya para finalizar, hay que celebrar que pueda darse una reacción de resistencia frente al Mal en ese Sur estadounidense que otrora tuvo una huella hispánica. De hecho, recordemos que la eurocracia soviética piensa igual que Biden, pero contra Polonia y Hungría principalmente.

Comentarios (2)
  1. Quinto Arrio says:

    ¿GoDaddy? joe que capullos. Para tomar nota con quien no contratar.

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