Lo importante no es la violada ni la violación, sino quién o de dónde sea el violador

¿A las feministas les importan todas las violaciones y todas las violadas? ¿O les importan al menos igual? Por sus denuncias o sus silencios parece deducirse que no. En los últimos días las redes sociales han ardido con el terrible caso de una violación en grupo en Formentera a una chica de 19 años. La chica denuncia haber sido repetidamente violada por tres hombres que además la retuvieron secuestrada durante horas, la drogaron y la torturaron. Los sospechosos son 3 marroquíes con numerosos antecedentes, uno de los cuales se encuentra en busca y captura.

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Cuando decimos que las redes han ardido con este caso y su seguimiento, se hace necesario precisar el significativo desinterés de las cuentas feministas, antifas y pertenecientes a partidos de extrema izquierda, cuyo silencio ha sido tan clamoroso como su activismo en otro tipo de casos. Ni movilizaciones, ni concentraciones, ni declaraciones institucionales, ni paroxismo mediático. ¿Por qué se exacerban unos casos y se sepultan otros en el silencio institucional y mediático? ¿A esta hermana la creemos o no la creemos? ¿A la violencia contra las mujeres llevada a cabo por inmigrantes no se le pone etiqueta con lo que gusta poner etiquetas a la violencia contra las mujeres?

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Como remate de la situación, el juez ha puesto en libertad a los acusados tras tomarles declaración. Las redes enseguida han comparado esta decisión con la del anciano que sigue encarcelado por haber disparado contra un ladrón, pero seguramente la comparación más escandalosa es la que se podría hacer respecto a los miembros de «la manada» de San Fermín, cuando también fueron puestos en libertad. En aquella ocasión hubo una auténtica eclosión de movilizaciones en toda España y una ofensiva política y mediática a gran escala contra esa decisión judicial. Tan clamoroso es ahora sin embargo el silencio como entonces el volumen de la indignación. ¿Dónde está ahora la reacción?

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Enfoquemos el asunto como lo hagamos da la impresión de que aquí lo que importa no es la violación, ni la violada, sino la identidad del violador. Cuando los acusados son inmigrantes, la izquierda cubre con un manto de silencio la acusación.

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Si alguien se preocupara sólo por las violaciones llevadas a cabo por inmigrantes, sin duda merecería un severo reproche social. Pero si a alguien le preocupan sólo las violaciones que no son llevadas a cabo por inmigrantes, ¿acaso no merece exactamente el mismo rechazo social? ¿Qué se puede pensar cuando el grado y la intensidad de la reacción ante un caso de violación en primer lugar no siempre es el mismo, y en segundo lugar depende de que los sospechosos sean inmigrantes o no? Cuando se aplica la sordina a las agresiones sexuales llevadas a cabo por inmigrantes se está reconociendo implícitamente el absurdo de la política de dejar entrar o quedarse a cualquiera. Una política que se basa en silenciar la realidad es mentira. Como si importar gente peligrosa fuera un asunto irrelevante. En un momento en que pedimos una PCR para entrar al país, prescindimos de cualquier otra indagación como si el COVID fuera lo único malo que nos puede venir desde el exterior.

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