El programa político y económico de la izquierda global es incompatible con la libertad y la prosperidad

Lo dicen ellos mismos sin demasiados complejos. Su programa es volvernos más pobres. Que no es que los que estamos enfrente les acusemos de querer solapadamente tal cosa, o de que nos lleven a la pobreza sin quererlo, con buena voluntad, sino que ellos mismos admiten que nos llevan a la pobreza y que se trata de un resultado deseado y deliberado. Si no consiguen empobrecernos es que habrán fracasado. Lamentablemente para nosotros conseguir que una sociedad sea más próspera es difícil, pero empobrecer a una sociedad es tan fácil que está a la altura de cualquier gobernante progresista.

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Que los países más desarrollados tendrán que empobrecerse y que además dejarán de ser libres va de suyo. El titular no habla más que de limitar la economía pero tal cosa no sería posible sin limitar también la libertad. Es decir, no conseguirán que la gente se haga pobre voluntariamente. La pobreza voluntaria nunca ha obtenido un gran éxito popular. Menos aún cuando se trata no de mantener a la gente en la pobreza, sino de empobrecerla deliberadamente tras haber alcanzado una cierta prosperidad. Lógicamente esto no se conseguirá sin un brutal recorte de libertades y represión, o inimaginables dosis de manipulación.

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El patrimonio del 1% de archi ricos davosianos que parecen manejar el tinglado global, no obstante, seguro que sí será compatible con la lucha contra el calentamiento global. De hecho los prebostes de Davos lo que buscan es hacerse ellos más ricos con la lucha contra el calentamiento global. Bajo ningún concepto el clima se encuentra amenazado por los chuletones que se comen Soros o sus hijos, sino por los que nos tomamos todos los demás. A lo mejor el calentamiento global es verdad, pero la existencia de una amenaza apocalíptica resulta absolutamente imprescindible para el desarrollo de sus planes y la implantación de su tiranía. No pueden justificar su dictadura sin un cataclismo del que salvarnos.

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No es que China necesite a estas alturas muchas ayudas para comerse con patatas a Occidente, pero obviamente tampoco va a protestar si se le permite poner sus motores a toda máquina mientras se limita el crecimiento a sus rivales. Si China y Davos no es lo mismo, por lo menos hay una coincidencia llamativa de intereses. Lo que típicamente se suele llamar una amistad o una alianza en términos políticos, diplomáticos y estratégicos.

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La pregunta es si con los futuros recortes en nuestras economías y nuestros derechos seremos felices, como nos ordenará el cuasimonopolio mediático que lo seamos, y si aceptaremos o no la pobreza y la dictadura de buen grado como degustar un plato de deliciosos gusanos. Una cucharada por la igualdad. Otra por la sostenibilidad. Otra por la pansexualidad… No nos tratan, y esto es quizá lo más preocupante, como si tuvieran demasiado miedo de que nos vayamos a rebelar.

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