Cada navarro ocupado fuera del sector público soporta 1.271 euros anuales por el incremento de los costes salariales del sector público

Diario de Navarra decidió ayer amargar el desayuno a muchos contribuyentes navarros publicando en portada el dato de que, en los últimos 5 años de gobiernos de luz y progreso, el coste de los empleados del gobierno foral ha crecido 300 millones de euros.

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Contra lo que pudiera pensarse, antes de nada es preciso realizar una cierta pedagogía respecto a esta noticia. Es decir, muchos navarros sin duda pensarán que la noticia es maravillosa, que la pena es que el coste de los salarios públicos no haya subido 700 ó 7.000 millones anuales de euros en vez de 300. Estamos en un momento en que hay explicarlo todo sin dar nada por supuesto, o por lo menos cuestionar un poco lo que no se explica y se da por supuesto.

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Si el empleo público fuera la respuesta a todos los problemas, el Gobierno de Navarra podría mañana contratar al 100% de los navarros activos como jardineros o policías forales, acabando de un plumazo con la pobreza y el paro. Alternativamente, en el mundo real hay personas cuyos salarios salen del presupuesto público y personas cuyos salarios no salen del presupuesto público. Sin las personas de este segundo grupo, no se puede pagar a las personas del primero, por la misma razón por la que una persona no puede volar tirándose a sí misma de los pelos hacia arriba.

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Otro problema que tiene esta sociedad es no darse cuenta de que si los salarios de los empleados públicos salen de los salarios de los demás, cuanto más suben los salarios públicos más dinero hay que restar de los salarios de los demás. Si no hay un equilibrio entre los salarios públicos y los privados, aparte de ser algo injusto, el coste de los salarios públicos empieza a estrangular el crecimiento económico. Si se estrangula la economía y el consumo asfixiando fiscal y salarialmente a los trabajadores del sector privado, más tarde o más temprano deja de haber recursos para mantener tampoco el nivel salarial de los empleados públicos.

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En un orden de cosas similar, la sociedad en general tampoco entiende que pagar 120 a un empleado público cuando en el sector privado cobraría 100 es gestionar mal el sector público y el dinero de todos. O que contratar a 12 empleados públicos para hacer el trabajo que harían 10 empleados en el sector privado es gestionar mal el sector público y el dinero de todos. Incluso asumiendo una gestión perfectamente eficaz del sector público, llega un punto en que una sociedad no tiene más recursos para pagar más médicos o más carreteras. Un país sólo puede tener el número de médicos y carreteras que puede pagar con su nivel de riqueza. El recurso de los malos gestores del sector público, en vez de ser más eficaces o enfrentarse a los empleados públicos, es subir los impuestos para cubrir los agujeros de su mala gestión. Vivimos en una sociedad, no obstante, que piensa que cuantos más gastos, más desequilibrios y más agujeros genera un gobernante en las cuentas públicas mejor gestor y mayor defensor de lo público es. Austeridad es mal. Gasticidio es bien.

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Volvemos al principio y al dato de los 300 millones que ha crecido el coste de los salarios públicos en Navarra para señalar que en la Comunidad Foral hay unas 283.000 personas activas, de las que 47.600 según el INE son empleados públicos, de las que a su vez unas 28.000 son los empleados de la administración foral. Es decir, si restamos a los 283.000 navarros ocupados los 47.600 empleados públicos, tenemos 236.000 navarros cuyos salarios no salen del presupuesto, que son los que tienen que pagar los 300 millones de euros de incremento salarial en los presupuestos. O dicho de otro modo, esos 300 millones de incremento de gasto significan un coste anual de 1.271 euros por cada ocupado que no pertenece al sector público. La burbuja salarial del sector público crece a costa del empobrecimiento de los trabajadores del sector privado. Los salarios públicos y los salarios privados, el gasto público y los impuestos, el déficit y la deuda, son vasos comunicantes. El trabajador del sector privado que aplauda el descontrol en el coste de los salarios públicos, tanto por su cuantía como por su número, que después  no se queje de que no le llega el sueldo. O no entiende nada o no es lógico.

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