Progresismo energético o luz

En todo el debate sobre el precio de la electricidad y la política energética interesa introducir un concepto raramente utilizado en los debates y las tertulias: el factor de carga. Después de definirlo intentaremos explicar por qué se trata de un concepto relevante en este debate.

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El factor de carga, hablando de la generación de energía eléctrica, es la carga promedio dividida por la carga máxima en un período de tiempo. Dicho de otro modo, es el indicador que mide la relación entre la energía eléctrica realmente producida por una central en un periodo determinado y la que hubiera podido producir teóricamente funcionando todo ese tiempo al máximo de su potencia teórica.

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¿Y por qué es importante y cómo vamos a terminar de entender el factor de carga? Pues por lo que se aprecia en el cuadro siguiente. El factor de carga de la energía nuclear ronda el 90%, mientras que el factor de carga de las energías eólica o solar oscila entre el 25% y el 35%. Esto significa que si una central nuclear puede generar 1.000 MW, habitualmente va a estar generando 900 MW. Por el contrario, unos aerogeneradores o unas placas solares que tengan la capacidad de producir 1.000 MW van a estar generando habitualmente entre 250 y unos 350 MW. Esto sucede entre otras cosas porque la planta nuclear no depende de si hay más o menos luz o viento.

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El factor de carga explica por consiguiente la paradoja de que la electricidad sea tan cara pese a que España tenga potencia instalada como para generar casi el triple de su pico de demanda. ¿Cómo es posible que suba tanto el precio si la oferta debería exceder tanto la demanda? Pues porque esa potencia teórica se puede quedar en la tercera o la cuarta parte en condiciones desfavorables. Es más, los picos de demanda suelen coincidir con picos de frío o calor los cuales a su vez suelen coincidir con situaciones anticiclónicas, por lo que los picos de demanda de energía es normal que coincidan con mínimos de producción de las renovables. Es por eso, al menos en parte, que si además renunciamos a la energía nuclear en los peores momentos haya que tirar del encarecido gas ruso o de la energía hidroeléctrica, aunque después los mismos que generan el problema se indignen por el vaciado de los pantanos, pantanos respecto a los que por otro lado también son contrarios.

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Otro elemento relevante del factor de carga es que si uno necesita 900 MW le basta para abastecerse de energía de un reactor nuclear capaz de producir 1.000 MW, pero si renuncia a la energía nuclear tendrá que instalar un parque de aerogeneradores de 3.000 MW. Es decir, tendrá que triplicar la capacidad de generación que bastaría con una central nuclear, y lógicamente pagar el coste de esa triplicación.

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Adicionalmente, otra ventaja de la energía nuclear es la independencia energética. Un país puede construir plantas nucleares para abastecerse de tanta energía eléctrica como necesite. Y además sin emitir CO2 a la atmósfera.

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Uno de los problemas asociados a la energía nuclear, no obstante, es el de los residuos, aunque en el caso español el lugar lógico donde acumularlos todos seguramente sería alguno de los islotes que disputa Marruecos o la frontera con Gibraltar.

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