Vamos a ver si nos aclaramos con Afganistán. O lloramos cuando llegamos a echar a los talibanes, o lloramos cuando nos marchamos y dejamos el país en sus manos. Llorar primero por lo uno y después por lo otro no sólo es ilógico, sino también hipócrita. Y dentro de los juegos olímpicos de la hipocresía la izquierda española, como de costumbre, se lleva la medalla de oro.

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Respecto a lo que está sucediendo en Afganistán, Biden se ha preguntado «¿Cuántas generaciones más de nuestros hijos queréis que enviemos a luchar a Afganistán cuando ellos no están dispuestos a luchar?”.

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Por antagónico que nos parezca el personaje lo cierto es que no le falta en esto y sólo en esto una parte de razón. Es decir, en todo lo que está sucediendo, ¿no tienen ningún papel que jugar los propios afganos? ¿Ninguno de los afganos que huyen tienen madres, hermanas, mujeres e hijas a las que defender? Al ejército afgano se le ha armado hasta los dientes y se le ha estado entrenando durante años para que pudiera defenderse solo. Sin embargo, en cuando han empezado a retirarse los Marines han abandonado las armas y han salido corriendo ante los talibanes. Ahora los talibanes se pasean por Kabul con las armas y los vehículos de todos esos almacenes abandonados. A lo mejor la libertad es algo que se tiene que conquistar y defender, no algo que cae del cielo o te tienen que regalar los occidentales. Todos esos afganos que intentan huir no lo hacen tras haber opuesto una resistencia heroica y haber perdido, sino sin haber pegado antes un solo tiro. Seguro que no toda la culpa es suya, pero tampoco toda la culpa es nuestra.

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En Afganistán, por ejemplo, a lo largo de estos años han muerto más de 100 militares y policías españoles tratando de defender la seguridad de España desde allí, pero también tratando de sostener un sistema de valores civilizado allí. Por un lado resulta inevitable preguntarse si con la forma de retirarnos ahora no estamos convirtiendo en inútil su sacrificio, pero también hay que preguntarse si vamos a pelear por la libertad de los afganos más que los propios afganos, porque la respuesta lógica a lo mejor es que no.

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Dicho todo lo anterior, salta a la vista que la retirada de Afganistán se está ejecutando de una forma desastrosa. Volviendo a Biden, hace poco más de una semana aseguraba a los periodistas que en absoluto era inevitable que Afganistán cayera en manos de los talibanes, que el ejército afgano contaba con 300.000 efectivos perfectamente armados contra sólo 75.000 talibanes, que contra lo que advertían los informes de su propio servicio de inteligencia el gobierno afgano se mantendría firme y no colapsaría, y que en todo caso nunca se verían escenas en Kabul como las de la Guerra de Vietnam con la evacuación de Saigón.

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A la vista está que Biden una vez más desoyó el principio de esperar lo mejor, para no caer en la desesperanza, pero prepararse para la peor por si se tuercen las cosas, para no ser sorprendido de nuevo con los pantalones en la tintorería. De todas las lamentables escenas y el caos que estamos viendo en Afganistán en las últimas horas sí que son responsables los gobiernos occidentales.

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Por supuesto el gobierno español, como siempre, ha sido tan incapaz de tomar una decisión acertada como de no limitarse a hacer seguidismo de los errores de los demás. Puesto que nuestros medios son mucho más limitados, nuestra única baza para conseguir las cosas es ser más listos y anticiparnos a los demás. Afortunadamente para los demás cuentan con Pedro Sánchez y Ione Belarra para garantizar que España siempre irá un paso por detrás. El caso resulta especialmente sangrante por todos aquellos afganos que colaboraron con las tropas españolas, que no hemos sido capaces de evacuar en tiempo y forma, anticipándonos a los acontecimientos, y que ahora podrían ser represaliados por el gobierno talibán.

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Las dos últimas reflexiones que podrían rematar este análisis son en primer lugar que los problemas del mundo hay que intentar resolverlos siempre en origen. Trasladar los problemas es otra cosa que resolver los problemas. La solución a los problemas del mundo no puede ser que nos traigamos a vivir aquí a todos aquellos que viven en algún lugar del mundo en el que hay un problema. Esta no es una forma “sostenible” de resolver los problemas. Por desgracia resulta muy difícil resolver problemas sin mancharse las manos, por eso la izquierda se rasga hipócritamente las vestiduras lo mismo cuando vamos a un sitio a echar a los talibanes como cuando nos retiramos. En segundo lugar, resulta imposible dejar de notar que lo que está sucediendo en Afganistán es un problema de fondo que vuelve a girar una vez más en torno al islamismo. Podemos creer que el islamismo es un hecho cultural maravillloso o aceptar la realidad de que es un factor de desestabilización permanente, grave y global. Sólo nos falta volver a tener un santuario terrorista en Afganistán.

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Comentarios (1)
  1. De Navarra says:

    «Freedom is not free» (La libertad no es gratuita). Texto que figura en el monumento erigido en Washington, a los caídos en la guerra de Corea.

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