Lo que de verdad importa sobre Alvise

Nos enseña el Evangelio de Mateo que por sus frutos les conoceremos. El texto bíblico hacía referencia a los frutos en su concepto agrícola y ambiental, pero estas enseñanzas pueden tenerse en cuenta en muchos aspectos de nuestra vida cotidiana.

Así pues, guarda el artículo relación con unos episodios de linchamiento mediático contra una persona que ejercía su libre ejercicio de información y, dada la «especialidad», fiscalización de quienes detentan la capa de la «soberanía política».

La semana pasada, las hordas de la izquierda frentepopulista, el centrismo centrado y el derechismo cobarde se cebaron contra un analista y periodista empresario que optó por poner contra las cuerdas al portavoz de la ejecutiva nacional del PSOE (otro siervo de «su sanchidad»).

Alvise Pérez difundió en la red social Twitter unas fotografías y detalles que apuntaban a que Óscar Puente, regidor de la ciudad de Valladolid, habría estado beneficiándose de un todoterreno de alta gama prestado por la empresa de servicios sanitarios Grupo Recoletas.

En cuanto al uso destinado a este vehículo de la empresa que gestiona la realización de los PCRs del «virus chino» en el Aeropuerto de Barajas, circula la hipótesis de una «pequeña escapada» a fin de hacer ciertas cosas, supuestamente, en el asiento de atrás.

Ahora bien, no nos interesa, en verdad, qué actividades íntimas ha podido hacer. Ni siquiera es la finalidad de este artículo ampliar el proyecto de investigación periodística sobre alguien que solo ha sido experto en bloquear automáticamente en redes a cualquier crítico, por muy educado y comedido que fuese.

El periodismo: o es libre o muere

No nos ha de preocupar en verdad si Alvise es de nuestra cuerda o no. Reconozco tener algunas diferencias filosóficas e ideológicas con su persona (en verdad, el pensamiento es heterogéneo, no único, por mucho que se empeñen algunos).

Lo que sí me interesa es que este señor ha tenido la valentía de poner contra las cuerdas a un alto cargo del partido principal del Frente Popular, de cuyos casos de corrupción no se puede hablar masivamente en prensa dado que no son «opciones de la derecha sociológica» tipo PP o VOX.

De hecho, hay que tener en cuenta que los principales medios de comunicación españoles, tanto nacionales como regionales, están sujetos al poder político, ya sea mediante subvenciones, mera publicidad institucional, licencias de radio o conceptos de titularidad-gestión «pública».

Bajo estas condiciones, es imposible que puedan cumplir su trabajo en condiciones. De hecho, se da otro problema que va más allá de cualquier dicotomía o disquisición partitocrática: el entreguismo ideológico, por activa o por pasiva, a las causas «progres» e izquierdistas.

Pero es que el periodismo es, simplemente, la labor de procesar información obtenida de manera oral, visual, textual o auditiva, a fin de interpretarla y transmitirla de una manera que sea lo más acorde posible a la verdad. Ergo, indagar en la verdad no es ajustarse a la «verdad oficial».

El estilo es lo de menos, como punto de partida

Algunos tiquismiquis del establishment han aprovechado la irreal incomodidad para criticar un estilo periodístico alejado del «oficialismo» tanto teórico como práctico. Han llegado a dar a entender que no está bien hacerlo todo desde una cuenta de un servicio de microblogging como Twitter.

De todos modos, hay que decir que ya de por sí, el desarrollo de las soluciones y servicios provistos desde la red de redes (Internet), con su innegable esencia distribuida, dispersa y descentralizada, tiende a flexibilizar mucho la labor informativa.

Cualquier persona con iniciativa puede montar un canal, un blog o un portal web con facilidad, pudiendo así ayudar a quienes viven en el mundo que nos rodea a acercarse a una verdad. Tampoco es necesaria la burocracia universitaria de la titulitis (aunque cada cual es libre de formarse en lo que considere).

Al mismo tiempo, es cierto que, pese a la constante censura de las Big Techlas redes sociales permiten a muchos enterarse con rapidez de lo que ocurre (incluso conocer medios que cuentan lo que el mainstream mass media pefiere ocultar), siendo fácil contrastar lo que sea necesario.

Con todo ello, ya para finalizar, insiste uno en que no importa tanto cuán simpático nos pueda resultar Alvise, sino cuán valiente ha sido para «meterse en el berenjenal» de sacar los «trapos sucios» de uno de los enemigos partitocráticos más evidentes de las Españas.

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