Autodeterminarse sexualmente es un derecho, pero imposible

La izquierda en el poder en España ha decidido instaurar por ley la autodeterminación de género. Cualquier persona podrá elegir su género en el registro prácticamente a la carta, con su sóla declaración si es un adulto o mayor de 14 años, y con un informe judicial si es menor de esa edad. Además podrá volver a cambiarse de sexo con autorización judicial. El género sale del mundo real y pasa a ser una mera declaración. La transexualidad deja de ser considerada un trastorno pero, aunque resulte un tanto contradictorio, se mantienen los tratamientos. La izquierda ha decidido que, a diferencia de todos los demás aspectos de la vida y de la salud física y mental, en lo que se refiere al asunto del género y la identidad sexual no existen trastornos. También ha determinado que en este campo todo es fluido y virtual. Por último ha decidido represaliar a cualquiera que se atreva a pensar cualquier otra cosa que lo que dice la izquierda.

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A la vista de la noticia anterior cabría preguntarse si el gobierno también va a tomar medidas contra todas las empresas que venden ropa sexista, entiéndase a elegir tan sólo entre la de hombre y mujer:

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Como íbamos diciendo, el género no sólo deja de formar parte en absoluto de la realidad material, convirtiéndose en algo que uno puede decidir a voluntad, sino algo de lo que después se puede retractar. ¿Cuál es el género objetivo de alguien que lo elige y del que se puede retractar? ¿Por qué no nos dejan escoger también la raza o la especie con el mismo criterio? Y retractarnos o añadir un nuevo cambio si más tarde nos apetece, por supuesto.

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En la ciencia ficción es un clásico el caso del robot que no sabe que es un robot. ¿Cómo podría saberlo? Si además ser robot fuera algo subjetivo para lo que bastara sentirse robot cualquiera podría ser un robot. En la España de la chaladura izquierdista sucede algo parecido. Por ejemplo, ¿cómo sabe una mujer que es una mujer? ¿Porque tiene vagina? ¿Porque se puede quedar embarazada? ¿Porque le gustan los hombres? ¿Por los cromosomas de su ADN? La ideología de género impone que no. Nada de lo anterior significa que alguien sea mujer. Alguien con pene, que le gusten las mujeres y que tenga cromosomas de hombre se puede registrar como mujer. Pero entonces, ¿cómo sabemos nadie si somos hombres o mujeres? Para ser cebra hay que tener rayas, para ser mujer sólo hay que querer ser mujer. Pero se puede rectificar. En la España de Podemos y el PSOE usted, si se pone a pensarlo,  nunca sabrá si es realmente un hombre o una lesbiana con pene. No hay manera de estar seguro.

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La idea de la identidad de género fluida, provisional y rectificable debería suscitar dudas sobre las terapias de “cambio de sexo” incluso a sus propios defensores. O sea, una persona puede someterse a complejas y a menudos peligrosas cirugías para “reasignar” su género pero de eso no se va a poder retractar. Además es un viaje en el que no se termina de llegar al destino deseado y tampoco se puede volver. Un derecho imposible es un cuento chino. El registro puede no reflejar la realidad, pero desde luego la realidad no va a acomodarse al registro. Por otro lado, si la biología no tiene nada que ver con el género, ¿por qué hay que reasignar la biología de alguien para adecuarla a su género? ¿No nos están diciendo que esa correspondencia es falsa?

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Por supuesto todo esto nos los venden, ahora ya nos lo imponen, como si fuera algo que vaya a traer a todos los españoles unas dosis de felicidad y estabilidad mental, así como de una satisfacción en las relaciones erótico-sentimentales inusitada hasta la fecha. El mundo hasta ahora era inaceptable porque era imperfecto y había personas que tenían problemas bajo los esquemas y patrones de ese mundo. A partir de ahora sin embargo el mundo será perfecto y no habrá más personas con problemas y tribulaciones sobre su identidad y sus relaciones. Dice la ministra que con esta ley se acaban las terapias de conversión, como si las propias leyes de género de la ministra no fueran una especie de tratamientos de confusión y reconversión a los que trata de someter obligatoriamente a toda la infancia. Ser mujer (u hombre) es un sí es no es difuso y resbaladizo y esto es lo que se les va a enseñar a los niños para que sean felices y estén centrados en la vida. El que se oponga a esta ley, además de un delincuente, es un enemigo de la felicidad y de la perfección.  El próximo paso por tanto será perseguir al que, cuando dentro de un tiempo todo esto empiece a producir efectos devastadores sobre esos niños, se atreva a cuestionar que vive en un mundo perfecto y feliz.

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