El enfermo de ELA que no quiere tener que acogerse a la eutanasia, sino vivir (pese al gobierno)

En los últimos días, con la entrada en vigor en España de la Ley de Eutanasia, ha circulado la historia de Jordi Sabaté Pons, el cual se define en su perfil de Twitter como “Youtuber. Activista. 6 años con ELA, enfermedad mortal sin tratamiento. No puedo moverme, hablar, comer, ni beber y respiro con dificultad. Amo la vida”. Jordi tiene ELA pero no quiere la eutanasia. Quiere ayuda. Quiere vivir. Por supuesto ha recibido todo tipo de insultos estos días por significarse contra la Ley de Eutanasia y reivindicar la dignidad de su situación.

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Desde luego tampoco han faltado quienes aseguran que la eutanasia es estupenda, que apoyan a Jordi, pero que la ley no obliga a pedir la eutanasia a quien no la quiera, y que si Jordi desea vivir que no pida la eutanasia, pero que deje que la tengan quienes no quieren vivir. El problema es que Jordi denuncia precisamente que esa no es la situación en el mundo real.

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Por el contrario, lo que parece es que el gobierno ofrece la eutanasia en vez de asegurar a las personas discapacitadas o enfermas las ayudas que necesitan, o los cuidados paliativos que serían exigibles. En un escenario ideal todavía seguiríamos discutiendo entre vida y dignidad o eutanasia, pero ni remotamente estamos en ese escenario. Cuando una persona enferma o discapacitada no tiene todas las ayudas que necesita para poder gozar de una cierta calidad de vida en su situación, todo el debate se encuentra viciado por la base. Si la realidad es que la gente tiene que elegir eutanasia o dolor, porque el gobierno no le ofrece cuidados paliativos, es mentira que la eutanasia se pueda elegir con libertad. Si un enfermo como Jordi no tiene el apoyo, las ayudas y los cuidados que necesita, es mentira que pueda elegir con libertad.

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Los impuestos no paran de subir, pero el dinero se va para otras cosas

El gobierno se ha dado mucha prisa en aprobar la Ley de Eutanasia más radical del planeta, pero sin ofrecer antes alternativas. La gente cree en el estado y paga gustosa sus impuestos pensando en que el estado está ahí para ayudar a las personas como Jordi, pero no está. El colmo es que encima se trate de un gobierno que se autodenomina progresista y presume de no dejar nadie atrás. Nadie vivo atrás sería más fiel a la realidad.

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