Igual lleva razón Castells: no machaquemos a los de abajo

Ya sabemos que no hay nada que no pueda hacer la sociedad en vez de eso que llaman Estado (salvo perpetrar grandes expolios sibilinos, tratar de subvertir un ordenamiento divino, dictaminar qué es verdad y qué es mentira, y ejercer un férreo monopolio de la violencia… vamos, esas cosas propias de un artificio de trasfondo demoníaco).

Pero esa misma premisa teórico-realista no ha de ser uno de esos árboles que puedan impedirnos divisar el bosque. No puedo privarme de hacer una comparación, la cual implica reconocer que hay ministerios del actual gobierno central de España que son muchísimo más absurdos e inútiles que el resto, aunque igualmente cuestan dinero que paga quien paga.

Uno de ellos fue el exclusivo gabinete ministerial de Universidades, a cargo de Manuel Castells, quien sirvió para pactar la «cuota Colau» de la formación de esta coalición social-comunista, de igual modo que, por ejemplo, nombrar a Illa e Iceta fueron abonos del «peaje PSC» y excarcelar a unos secuestradores políticos nacional-catalanistas socialistas es la «cortesía» a quienes ya sabemos.

Y sobre esa «entidad» relacionada con asuntos académicos queremos hablar en esta ocasión, porque quien siempre ha hecho caso omiso al estudiantado universitario y ha vivido en una «indiscutible inopia» que simplemente ha dado más razones para cesarlo y, sobre todo, disolver su ente, lo cual no solo sería un alivio financiero y presupuestaria.

Dado que Isabel Celáa ha optado por permitir pasar de curso con independencia de que se hayan obtenido o no calificaciones inferiores a cinco sobre diez, se ha dado la circunstancia de que Castells ha hablado sobre ello en una reciente entrevista para el periódico ABC. En esta habló también sobre su «trayectoria» (por llamarlo así).

Se llegó a decir, a modo de respuesta a una de las preguntas, lo siguiente: «a veces no depende del esfuerzo sino de las condiciones de las personas, de lo que les está pasando y condenar a la gente a perder años de vida en un momento clave simplemente porque ha habido en algún momento un suspenso me parece totalmente injusto, elitista». Y sobre esto versará mi extenso comentario.

La degeneración del igualitarismo

Por naturaleza, no todos tenemos las mismas capacidades y dones, lo cual no ha de verse como una desgracia sino como una evidencia lógica de la compleja heterogeneidad de la acción humana. Dicho sea, de otra forma, sabido es que tiene que haber de todo en la viña del Señor, con la que se representa como el pueblo de ese Dios que nos hizo libres y creó a imagen y semejanza, iguales en dignidad.

Pero eso mismo ha sido molesto, en todos los niveles que uno pueda conocer, divisar e imaginar, para las distintas hordas revolucionarias, dentro de las cuales se enmarca perfectamente esa compilación de pecados capitales que conocemos como socialismo, en cualquiera de sus modalidades y grados (sí, el socialismo siempre es malo de por sí).

Así pues, del mismo modo que no tienen reparo en ejecutar aquello cuya consecuencia sea la igualdad absoluta de condiciones míseras y la carencia de oportunidades en una comunidad, tampoco les importa, que nosotros digamos, que el nivel educativo mediocre se extienda lo máximo posible (nula calidad educativa, nulo esfuerzo por aprender y comprender mejor el mundo que nos rodea).

Del mismo modo que muchos subsidios son modalidades de esclativud y sumisión del receptor al artificio demoníaco y su poder político inserto, a costa del sufrido contribuyente (cuyo esfuerzo se castiga con mucha asiduidad), el mero hecho de dejar pasar sin cortes de calificación es todo un insulto a quienes se sacrifican para superar lo mejor posible unas pruebas de evaluación concretas.

Igual sería mejor que no dependiera de leyes estatales el «aprobar o suspender»

Igual habría que profundizar un poco y ser consciente, en mi humilde opinión, de que la ingeniería social «progre», de la que podemos dar muchos testimonios, también tiene como objetivo que veamos el mérito con escepticismo, «normalizando» la mediocridad al máximo (igual que se pretende conseguir que nos «despojemos» del derecho natural a la propiedad privada).

Así pues, no deberíamos de permitir que la certificación de nuestras competencias educativas, a lo largo de sus diversas etapas, fuera algo totalmente condicionado a la dictadura de la mayoría democrática o al político/burócrata de turno. Mejor dejarlo a la libre consideración de la sociedad, que es a quien debe de pertenecer la responsabilidad en materia de enseñanza.

En materia de idiomas, resulta que uno no necesariamente tiene que acreditar un buen nivel a través del Estado. Existen varias instituciones, nacionales e internacionales, que se encargan de acreditarlo mediante una prueba. No todas son homogéneas, lo que permite a empresas y universidades que se haga una valoración sobre el prestigio y la calidad de las distintas certificaciones.

Así pues, en este caso, insístase en la conveniencia de la libertad curricular, que debe de ir más allá de poder elegir un centro educativo. Es más, hay que tener en cuenta que por culpa de la suplantación estatal, no solo es que en sí haya falta de libertad educativa, sino que, en consecuencia, los más desfavorecidos tengan dificultades para elegir centros privados de prestigio.

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