Consummatum est. El Consejo de Ministros aprobó ayer el autoindulto vicario de los golpistas. Con esta decisión España deja de ser un estado democrático. No lo decimos nosotros, lo dice la vicepresidenta Carmen Calvo, la de hace dos años, no la gemela que la ha suplantado.

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Unos individuos declaran la independencia de una parte de un estado miembro echando una multitud a la calle. Con un considerable esfuerzo y muchos policías heridos consigues sofocarlos y resulta que Europa abraza a los separatistas dándonos la espalda por completo. ¿Debes estar en un organismo que avala golpes de estado en el seno de tu país? No sacaremos ni mucho menos la cara por Europa, pero normal también que estén un poco desorientados y perplejos, porque una de dos: o vemos la sentencia como una persecución política, o tenemos que ver los indultos como una quiebra del estado de derecho, no hay otra opción.

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¿Y si vuelven a hacerlo? El relato ya lo tienen ganado a nivel internacional. Nadie puede esperar en el futuro que ninguna euroorden sirva para perseguir a alguien que haya dado un golpe de estado en España. Los separatistas declararon la independencia pensando que nadie se atrevería a reprimirla y si no fuera por Felipe VI a lo mejor hasta aciertan. Por eso ahora hacer firmar a Felipe VI los indultos es una calculada humillación.

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No está claro si debe añadir consuelo o desolación, pero la decisión del PSOE ha sido cualquier cosa menos inteligente. No decimos buena, sino siquiera taimada, maquiavélica, inteligente. Es decir, en todo caso sólo concedes los indultos cuando te has garantizado una posición de fuerza. Todavía no habían firmado los indultos, sin embargo, y los separatistas ya estaban reclamando autodeterminación, independencia y república. Habiendo concedido los indultos en el primer movimiento el gobierno se ha quedado sin cartas. No hay otras contrapartidas. Los indultos sólo parecen quedar condicionados a que los separatistas no dejen de apoyar al PSOE. A esto algunos líderes socialistas lo están llamando anteponer los intereses del país a los del partido.

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Una pregunta interesante, ya que los indultados insisten en que volverán a dar otro golpe de estado, es si esa segunda vez tendrían menos o más posibilidades de éxito. De entrada ya le han doblado el brazo al estado revirtiendo su condena. Por otro lado cuentan con el respaldo internacional y el propio gobierno español ha comprado su relato si no de palabra sí con los hechos, lo que en realidad es peor. Además los golpistas han obtenido una descalificación general de la justicia española así como la demolición legislativa de los tipos penales de rebelión y sedición. ¿Qué credibilidad tendría en una segunda intentona el estado español? ¿Qué poder de intimidación?

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Los golpistas, por otra parte, tienen exactamente el mismo poder institucional o más que antes de la intentona golpista. No han perdido ni un ápice de poder. Es más, ahora condicionan el gobierno de España. Y si los separatistas perciben que el estado es ahora más débil o que en un segundo intento tendrían más posibilidades que la primera vez, ¿por qué deberían abstenerse de volverlo a intentar? ¿Qué tendría que hacer Felipe VI? ¿Volver a salir en la tele con el mismo discurso? ¿Con qué autoridad le pediría el PSOE a la UE que le ayudara a volver a encarcelar a los tipos que acaba de indultar? ¿Con qué cara les ordenaría Pedro Sánchez a los policías volver a meterse bajo las piedras?

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Y hablando de piedras, ¿pensarían ahora los separatistas que una dosis de violencia un poco mayor que la anterior podría ayudar más si lo vuelven a intentar?

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Todo eso si es que el PSOE no les ofrece, como parece, conseguir sus objetivos sin tener ni que despeinarse. Evidentemente la cuestión no es si habrá referéndum, como exigen los golpistas, sino cómo lo llamará el PSOE. Conociendo a Sánchez y su camarilla posiblemente nos lo venderá llamándolo algo así como consulta del amor y el entendimiento, o referéndum de la reconciliación.

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Si nos paramos a pensarlo lo realmente preocupante no es que el gobierno haga locuras, sino que sus votantes las secunden. Desde luego el gobierno ha tirado al país por un barranco esperando disciplinadamente que sus votantes, como pequeños y fieles ivanes redondos, lo secunden.

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Hablando de la disciplina esperable de los lemmings resulta desalentador ver a personas como Carmen Calvo o María Chivite secundando los indultos de Sánchez. Si realmente pensaban que los indultos eran lo que había que hacer, ¿por qué no se rebelaron por el bien del país contra Pedro Sánchez cuando era Pedro Sánchez el que afirmaba que en los estados de derecho las sentencia se cumplen íntegramente? Y si no creen en los indultos, ¿por qué no se rebelan ahora por el bien del país? ¿Cómo llamamos a que si el líder dice blanco todos dicen blanco y si el líder dice a continuación negro todos dicen negro? ¿Libertad? ¿Personalidad?

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Esto no va de que tú concedes unos indultos y los separatistas a cambio aceptan un modelo de país y un marco legal, renunciando a sus planteamientos máximos, como fallidamente se intentó en el 78. Por el contrario, es el gobierno el que además de conceder los indultos anuncia un nuevo modelo de país y un nuevo marco institucional, además de espaldas a los españoles que quieren ser españoles y tratando de contentar a unos separatistas que no quieren cambiar el modelo de España, sino romper España. Los separatistas por el contrario mantienen su programa de máximos y no renuncian a nada. Todavía no se han publicado los indultos en el BOE y los separatistas ya han comenzado a echar leña al fuego. Los indultos no han comprado ni un segundo de tregua. Tampoco parece que fuera el objetivo del gobierno. Su único objetivo es mantener a Sánchez en la Moncloa.

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Como remate de todo este cúmulo de anormalidades, Sánchez anuncia los indultos escondido tras un plasma, sin dar la cara, sin preguntas. Por eso le gustaban tanto el estado de excepción disfrazado de estado de alarma y los recortes de derechos indefinidos e ilimitados. Puede que esto sea lo menos grave de todo en estos momentos, pero es que en estos momentos lo menos grave de todo es gravísimo. Volviendo al título y a una palabra que intentara describir y a la vez parodiar la política del gobierno la más apropiada podría ser pestiliencia. Y el foco de este manual de pestiliencia es Moncloa.

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