Todo el asunto de los indultos a los golpistas del procés ha experimentado en los últimos días una notable clarificación; para quien de buena fe no lo tuviera claro, por supuesto.

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Para empezar poco han tardado los golpistas en declarar abiertamente que la concesión de los indultos no les satisface en absoluto, que no dan paso a ninguna concordia y que no renuncian ni a la independencia ni a la unilateralidad a cambio de ellos. En definitiva, que todo lo que nos ha contado el PSOE para justificarlos es mentira. Por otro lado es lo lógico y lo coherente con la historia que conocemos. ¿Desde cuando pagar chantajes sirve para acabar con los chantajes? ¿Cuándo han renunciado a nada los nacionalistas tras cualquier negociación con el gobierno? A cambio de los indultos podían haber disimulado un poco, o al menos esperado a que se los concedieran para evidenciar que no sirven para traer ni convivencia ni concordia, pero ni eso.

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Por otro lado, Abalos ha dejado claro que el arrepentimiento ni existe ni el PSOE se lo exige a los indultados. Pues claro que no. Ni el arrepentimiento, ni la concordia, ni el desmantelamiento de los CDR, ni la renuncia a la unilateralidad son requisitos del PSOE para conceder los indultos. El único requisito es seguir sosteniendo a Pedro Sánchez en la Moncloa. Ni el PSOE necesita más ni se lo exige tampoco a los golpistas.

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Un poco más lejos, Abalos ha declarado que si los golpistas vuelven a dar otro golpe el estado volverá a responderlo, lo cual es una declaración estupenda al menos por tres motivos. Primero porque el PSOE pretende rebajar el delito de sedición, por si vuelven a hacerlo. Segundo porque al anunciar una respuesta si vuelven a hacerlo, demuestra que el PSOE no tiene ninguna garantía de que no vuelvan a hacerlo. Y tercero porque nos están vendiendo hace tiempo que la respuesta del estado al golpe fue un error que el PSOE trata de enmendar, para ahora decir que si vuelven a dar otro golpe el estado lo volverá a contestar. Todo por el sillón.

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La clarificación de los últimos días también ha llegado a la CEOE, por boca de cuyo líder se ha situado con nitidez a favor de los indultos. Las explicaciones de Garamendi a sus declaraciones iniciales fueron todavía peores que sus palabras iniciales. En las declaraciones iniciales Garamendi decía que «Si las cosas se normalizan, bienvenidos sean», como si convertir a unos golpistas en socios del gobierno, y después usar el gobierno para indultarlos, fuera el regreso de la normalidad en vez de la demolición de la normalidad. Pero es que sus explicaciones posteriores aún fueron peores: «Hay empresarios que opinan que se tiene que hacer de una manera y otros de otra. La CEOE no tiene una opinión taxativa del tema», añadiendo que “las posiciones maximalistas, más radicales, no son buenas ni deben de estar”. O sea, puesto que nos encontramos ante una situación binaria, en la que las alternativas son conceder o no conceder los indultos, quienes se oponen a los indultos son maximalistas y radicales, como parte de la CEOE. De todos modos Garamendi no especifica la parte de la CEOE que apoya los indultos y la que los rechaza. Es decir, con que hubiera un sólo afiliado a la CEOE que apoyara los indultos, ya se podría decir que parte de la CEOE los apoya y parte no. De todos modos Garamendi sigue siendo presidente de la CEOE y no ha sido forzado a presentar su dimisión, por lo que efectivamente cabe deducir que la CEOE se siente representada por sus palabras. Muy bien por la CEOE. ¿Sería mucho peor España sin la CEOE? ¿Habría siquiera un bosón de diferencia entre un universo en el que la CEOE existiera y otro en el que no? Lo cierto es que al menos habría dos diferencias. Una que Garamendi no estaría cobrando 300.000 euros como presidente de la misma, y dos que los partidarios de reventar el estado de derecho para mantener a Sánchez en la Moncloa no podrían sumar a la CEOE a su bando.

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Las interpretaciones que buscan una razón a la actitud de la CEOE van desde quienes señalan a las subvenciones que recibe el sindicato empresarial hasta una reciente medallita al presidente de la CEOE. Más allá de eso, el gobierno de Sánchez cuenta con los 140.000 millones de ayudas de la UE y la potestad para repartirlos como le plazca. Tal vez la CEOE percibe que al PSOE le puede complacer repartir el dinero distinguiendo entre los partidarios y los detractores de los indultos. Menos mal que para defender España tenemos a la CEOE y a la UE.

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