La historia no oficial de los controles de precios

Aún sin ser yo un vehemente empirista, es innegable que la experiencia bien puede estudiarse para obtener información necesaria e interesante sobre los procesos contemporáneos que atañen al individuo. Uno de los mejores economistas de la Escuela Austriaca, Ludwig von Mises, decía que es indispensable un corpus teórico previo bien fundamentado a la hora de interpretar correctamente los sucesos históricos de la humanidad.

El corpus teórico nos indica que el intento de controlar la economía siempre fracasa por la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo. Y eso es justamente lo que miles de años de controles de precios e inflación nos demuestran: no sólo estas son altamente inmorales, sino que además generan ineficiencia y producen un efecto perverso en la economía, generalmente creando mayor escasez de la que ya existía y llevando a imperios poderosos a la ruina.

En una mezcla de soberbia e ignorancia económica a partes iguales, emperadores, dictadores y (también) gobiernos elegidos democráticamente han intentado planificar centralmente la economía, teniendo esta intención consecuencias devastadoras para la misma. Veamos algunos ejemplos, a continuación.

Durante la época del Imperio Romano podemos observar dos medidas con consecuencias negativas. Por un lado, la inflación (con una definición distinta de la que hoy en día le otorgamos) y por otra el control de precios máximos.

Tal y como ya apuntaba el economista Frank Shostak, la inflación tradicionalmente no significó únicamente una devaluación en el valor de la moneda, sino más específicamente, una transferencia de riqueza de los súbditos a la clase gobernante. Así fue precisamente como ocurrió en la Roma imperial: Caracalla, emperador de la dinastía de los Severos, dobló los impuestos en las herencias para financiar sus guerras y devaluó artificialmente la moneda con el objetivo de aumentar el gasto.

Como es fácil entender, en el siglo III (siglo en el que vive Caracalla), la inflación atacaba directamente a la moneda: el proceso consistía en retirar una pequeña cantidad del material preciado del que estaba compuesta la moneda y acuñarlas de nuevo con un menor porcentaje de este material. Octavio Augusto, el primero de los emperadores, conoció el denario de 95% de plata. Progresivamente, la cantidad fue bajando: con Trajano, el porcentaje de plata era del 85%. Con Caracalla, la reducción llegó al 50%. La inflación llegó a alcanzar el 1.000% según los datos históricos.

Los precios se dispararon como consecuencia de la devaluación de la moneda. La inflación, que es siempre un fenómeno monetario, golpeó al emperador Diocleciano, quién tomó la decisión de fijar precios máximos. Como ya sabemos, el establecimiento de precios máximos genera mayor escasez de la que ya existía antes y que generó, en primer lugar, la subida de precios.

En ‘’4.000 años de control de precios y salarios’’, Schuettinger y Butler nos informan del mecanismo que el emperador Diocleciano utilizó para establecer los precios a los que debían ser vendidos los productos que en el Imperio se comerciaban: “Parte de las listas de precios han sido descubiertas en unos 30 lugares diferentes… Existían más de 32 listados, cubriendo más de mil precios y salarios… El fracaso del Edicto y de la reforma monetaria llevaron a un retorno de la irresponsabilidad fiscal tradicional, y para el año 305 el proceso de degradación de la moneda había comenzado de nuevo´´.

Aún anterior al Edicto de Precios de Diocleciano, fue el intento de los faraones. En el mismo libro podemos leer: “Durante siglos, el gobierno egipcio trató de mantener el control de la cosecha de granos… Utilizando el pretexto de prevenir el hambre, el gobierno gradualmente reguló más y más los graneros; la regulación llevó a la dirección y finalmente a la apropiación: la tierra se convirtió en la propiedad del monarca y era rentada por él a los agricultores´´. Las promesas de eliminar el hambre de la faz de la Tierra son tan antiguas como la propia existencia de los políticos: la segunda profesión más antigua de la historia.

El caso más conocido, sofisticado y tecnológicamente avanzado de intento de planificación centralizada de la economía es el que acometió la URSS en sus diferentes planes quinquenales (13 en total). Un plan quinquenal consistía en establecer como debería funcionar la economía del país en cuestión durante los siguientes 5 años, controlando producción, precios, industria… El primer plan quinquenal ya fue un absoluto desastre pronosticado por Mises (ojo: no sólo fue un desastre económico, sino que uno de sus creadores, Kondriatiev, acabó sufriendo 10 años de gulag y fue fusilado).

El primer plan quinquenal comienza en 1928 y duraría hasta 1932. Se colectivizaron granjas (kulaks) a las que se les exigía un mínimo de contribución al régimen. Si no cumplían, se les exigía hasta 5 veces más de lo que debían o, en el peor de los casos, su nombre aparecía en listas negras. Si la granja estaba en una de esas listas, no recibiría ninguna ayuda del Estado y sus habitantes (generalmente) ni siquiera podían salir del recinto.

Las consecuencias del plan quinquenal serían especialmente notorias en Ucrania, donde entre 1932 y 1933 ocurrió el Holodomor: una de las hambrunas más devastadoras que la humanidad haya contemplado. Se calcula que entre 1.5 y 12 millones de ucranianos murieron en este brevísimo periodo de tiempo como consecuencia de la escasez (hasta 25 mil ucranianos por día).

También es destacable el hecho de que la URSS envió a Occidente a varios colaboradores del régimen que (literalmente) copiaban de los catálogos de productos los precios para luego imponerlos en su país. Y aún alguno tiene la desfachatez de llamar a la Unión Soviética ‘’la democracia del pueblo’’.

De todo esto nos previeron y avisaron Ludwig von Mises y algunos de sus posteriores discípulos, como Hayek (La desnacionalización del dinero) o Rothbard (What has government done to our money?). En 1922, en su libro Socialismo, Mises ya predijo las consecuencias que estos planes tendrían, y anunció que los bolcheviques continuarían aplicando estos programas a pesar de las nefastas consecuencias que estos tendrían.

La existencia de propiedad permite el intercambio libre entre distintas partes en el mercado. La información relevante para las transacciones se manifiesta en los precios, que no son información como tal sino transmisores de la misma. Eliminar (o controlar) los precios distorsiona el mercado y, además de ser tremendamente inmoral, genera los efectos que hemos visto en los ejemplos históricos mencionados.

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