Los agridulces datos del paro

Los datos de paro registrado recién publicados vuelven a ser agridulces. Por un lado, como consecuencia del fin del estado de alarma y la recuperación de la actividad, el paro registrado baja en 129.378 personas en el mes de mayo, la mayor reducción mensual de la serie histórica. Pero esto es sólo la mitad de la realidad.

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La otra mitad de la realidad es que en mayo de 2019 el paro registrado era sólo de 3.079.491 personas, frente a las 3.781.250 personas que se encuentran en paro ahora.

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Si nos referimos a los afiliados a la Seguridad Social, con este último dato tenemos 19.065.058 afiliados, frente a los 19.442.113 afiliados que había en mayo de 2019.

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Queda por último reseñar que a todo esto hay que añadir las 542.142 personas que han terminado mayo en el limbo de los ERTE, ni parados ni trabajando, pero maquillando las estadísticas.

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La conclusión es que rebotamos respecto a los momentos más complicados de la pandemia, lo que por otro lado no puede resultar sorprendente teniendo en cuenta las restricciones brutales a las que hemos estado sometidos en España. Al levantar significativamente las restricciones el rebote económico resulta inevitable, pero también observamos que estamos lejos de los niveles anteriores a la crisis desencadenada por la pandemia. El exponente más claro de este desfase son los 1,2 millones de trabajadores en paro o en ERTE sobre los trabajadores en paro que había en mayo de 2019. Hasta que no se recoloque a todas estas personas no podremos decir que nos hemos recuperado. El problema añadido es que en vez de políticas expansivas el gobierno está estrangulando la recuperación con subidas masivas de impuestos. Cada subida de impuestos es un recorte de sueldos. Cada recorte de sueldos es un freno para la expansión de la economía. Cada vez que se frena la expansión de la economía baja la recaudación… Si se establecen peajes en las carreteras, se encarecen los combustibles o sube el precio de la electricidad, suben de precio los productos que necesitan energía para ser producidos y conservados, o tienen que pagar peajes y combustible para ser distribuidos. Si los impuestos suben queda menos salario. Si además los precios aumentan, el salario que queda da para adquirir menos productos y servicios. Aunque saliendo del estado de alarma asistamos a un inevitable rebote, es difícil que la economía crezca sosteniblemente y se genere mucho empleo mientras nos masacran los sueldos.

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