El fracaso del modelo energético progre

Sería no sólo una mentira, sino una tremenda injusticia, afirmar que los hogares españoles son los que pagan la electricidad más cara de Europa. Según Eurostat, los hogares españoles son los quintos que más pagan, bien es cierto que antes del último hachazo. Quienes por tanto critican al gobierno español por tener la electricidad más cara de Europa, cuando es sólo la quinta más cara de 37 países, son meros odiadores y nostálgicos del franquismo.

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Cualquier odiador que se precie, sin embargo, destacaría que los únicos hogares de Europa en los que se paga la electricidad todavía más cara que en España son Alemania, Bélgica, Dinamarca e Irlanda, todos ellos países con los sueldos mucho más altos que en España. Siendo la electricidad en estos países ligeramente más cara, pero los sueldos mucho más elevados, su esfuerzo para pagar la factura de la luz es mucho menor. Por otro lado, países con los sueldos mucho más altos que en España, como Suecia, Luxemburgo, Francia o Finlandia, tienen la electricidad apreciablemente más barata.

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Otro dato interesante que también encontramos en Eurostat es el de la parte de impuestos que los hogares pagan sobre la electricidad que consumen. Atendiendo a este criterio observamos que ya no somos los quintos, sino los cuartos de 27 que más impuestos pagamos en el recibo de la luz.

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Una forma odiadora de interpretar todo lo anterior sería que tenemos uno de los recibos de la luz más caros de Europa por lo mal que gestiona el dinero el gobierno y por una política energética catastrófica. Por culpa de lo segundo tenemos una energía ya cara de por sí, y por culpa de lo primero unos impuestos extraordinariamente elevados. La pobreza energética es una consecuencia directa de las malas políticas energéticas de los gobiernos y del exceso de gasto público de los gobiernos.

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Podríamos añadir como dato llamativo que la capacidad de generación de España casi triplica el consumo máximo jamás registrado. Sería ilógico no preguntarse cómo puede ser la electricidad tan cara, incluso al margen de impuestos, si tenemos la capacidad de producir casi el triple de la que consumimos. Uno de los problemas es que, al depender ciertas energías por las que hemos apostado de las condiciones climáticas, la generación efectiva según esas condiciones puede ser mucho menor a la capacidad teórica. Claro que esto no sucede con otras energías, por ejemplo la nuclear, lo cual podría conducirnos a otra de las bases del problema.

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Es probable que en un momento dado, entre el nivel de pobreza energética o ser más verdes que nadie, elegimos ser más verdes que nadie. Pero que ahora los que hicieron esa elección no se rasguen las vestiduras por la pobreza energética y el precio del recibo de la luz. Incluso quien puede pagar sin problemas el recibo de la luz, por otro lado, no por ello deja de destinar mucho más dinero del necesario a la factura de la luz que a otras inversiones o a otros gastos, con la correspondiente ineficacia en la asignación de recursos y el consiguiente perjuicio multiplicador. Tener una energía más cara también es obviamente un lastre considerable y una merma competitiva para todo el tejido empresarial.

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Lejos de ofrecer una solución operativa, el gobierno ha iniciado ahora a través de todos sus satélites mediáticos una surrealista campaña indicándonos que nos levantemos a las tres de la madrugada a planchar. En realidad casi podríamos empezar a hablar de un cierto racionamiento de la energía, hasta ese punto llega el fracaso de la política energética, claro que las políticas socialistas no puede sorprender que conduzcan al racionamiento. Sólo habrá energía abundante tales días o a tales horas. Salvo para los muy ricos, por supuesto. Esto también suele ser una consecuencia habitual de las políticas socialistas. Obviamente pretender que se cambie de hábitos en vez de cambiar de políticas es una falacia. El precio de la electricidad es bajo a las 3 de la mañana porque a esa hora la demanda es muy baja. Si todo el mundo hiciera caso al gobierno y se levantara a las 3 a planchar la demanda se dispararía y el precio subiría. La medida sólo puede triunfar en la medida en que fracase y la gente no la secunde.

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Desde luego podemos ponernos todos a planchar de madrugada, pero de lo que realmente hay que cambiar no es de horario sino de gobierno. O en 2030 tendremos que servirnos a oscuras los gusanos que seremos felices cenándonos.

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Comentarios (1)
  1. De Navarra says:

    Cuando se darán cuenta estos genios del Gobierno (de cualquier Gobierno) de que intentar domesticar al mercado, interviniendo los precios, siempre lleva al fracaso. Todavía no se han enterado que la ley de la oferta y la demanda es tan tozuda como la ley de la gravedad.

    Por otro lado, según Pedro Mielgo, ex-presidente de Red Eléctrica, consultor y asesor en asuntos de regulación energética, y uno de los mayores expertos en energía de España “La llamada transición energética, o sea, una política energética subordinada totalmente a objetivos climáticos (ni económicos ni energéticos) y que exige la utilización masiva de tecnologías de generación de electricidad a partir de fuentes de origen renovable, supone un proceso muy caro y, por lo tanto, sólo es apto para países ricos”.

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