El virus chino

Pues al parecer Trump no estaba tan loco cuando hablaba de “virus chino”. De hecho, Biden ha ordenado a los servicios de inteligencia USA una investigación sobre el origen del virus. Lo cual no deja de ser significativo. A estas alturas no es que no sepamos, es que ni se ha investigado mínimamente aún el origen del virus.

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El hecho es que el COVID-19 tiene origen hasta donde sabemos en China. Pese a que ahora no paramos de oír hablar sobre cepas inglesas, surafricanas, brasileñas o indias, lo cierto es que en su día fue tabú hablar de un “virus chino”, pese a que resultaba bastante evidente que lo era. La pregunta en todo caso es qué sucedió en China. ¿Estamos ante la transmisión accidental del virus de un animal a un humano o el paciente cero era un sujeto que trabajaba en un laboratorio militar en Wuhan? Y de ser así, ¿lo que sucedió en aquel laboratorio fue algo accidental? 3,5 millones de muertos después, que en realidad serán muchos más, China tiene mucho que explicar.

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En realidad, la escasez de explicaciones que se le están pidiendo a China resulta inaudita, sería impensable con cualquier otro país que no fuera China. De lo que ha pasado en China no sabemos nada. No ya sobre el origen del COVID, sino sobre cuántos muertos ha habido realmente en China, o cuándo exactamente comenzó la pandemia.

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Cada vez que una convulsión atraviesa el mundo, ciertas voces se alzan no ya diagnosticando, sino exigiendo el fin del capitalismo. Sucedió en 2008 y sucede de nuevo ahora. En 2008 vimos hasta formaciones políticas, que ahora están en el gobierno, anunciando el fin del libre mercado y proponiendo como alternativa el modelo chavista venezolano. Obviamente estas formaciones ahora se sienten incómodas cuando se les recuerda el asunto pero vuelven a anunciar el fin del capitalismo aunque el modelo alternativo ya no es Venezuela, es China o una cosa que no existe, con las ventajas que eso tiene, llamada Agenda 2030.

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El caso es que el virus no se ha generado en el mundo capitalista sino en la China comunista, y no en una empresa privada sino o bien en un laboratorio público estatal socialista sin afán de lucro (pero con mucho afán de poder), o bien en un mercado insalubre e infecto que no existiría en ningún país capitalista desarrollado. Como el virus se ha generado en un régimen comunista, carecemos de la mínima información al respecto, ni del cómo, ni del dónde, ni del cuánto, como en Chernobyl. Salvo que podamos pensar que estas cosas han sucedido en China por casualidad, casi podríamos decir que el COVID-19 es una secuela trágica más de la persistencia del comunismo en el mundo. Y si no por su origen desde luego por la falta de transparencia, de información y de alerta temprana respecto a todo este asunto. ¿Va a colaborar China en la investigación de este asunto? ¿Alguien se cree, para empezar, que ha habido más muertos reconocidos en toda la pandemia en Castilla La Mancha que en China ? Según lo que haya sucedido realmente la verdad de lo que ha pasado en China puede ser cómoda o increíblemente incómoda. Cuando concluyan las investigaciones de los servicios secretos de los EEUU la pregunta es si podemos estar tan seguros con Biden como con Trump de que las conclusiones que se nos trasladen sean certeras, aunque incomoden a China. Y si como resultado de la investigación aflorara alguna verdad incómoda para China, también cabría preguntarse por la responsabilidad de los líderes chinos, así como por los daños y perjuicios por los que tendría derecho a ser indemnizado el resto del mundo.

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