Plan 2050 y agenda 2030: globalismo y fin de la clase media

La reciente presentación por parte del Presidente del Gobierno del plan 2050, que se solapa con la agenda 2030, marca un nuevo hito en la tozuda intención de Pedro Sánchez por imponer una agenda ideológica a largo plazo. El olor a “planes quinquenales soviéticos” que rezuman estos proyectos y el interés que demuestran por apoyarlos todas las organizaciones supranacionales deberían ponernos en guardia. No me voy a extender en la defensa que hace de los grandes tótems de la modernidad: la diversidad de género, la multiculturalidad o el feminismo, tres de los pilares ideológicos del nuevo orden mundial. Ya se habrán dado cuenta viendo la mayoría de los anuncios publicitarios, la gala de Eurovisión o las series de las plataformas digitales del interés de los medios de comunicación en difundir estos asuntos. Me centraré en la vertiente económica, más bien, en las consecuencias sociales que la estructura económica tiene en un sistema como el nuestro. El propio informe habla de un proceso de tecnificación acelerado, de la aplicación de la inteligencia artificial al proceso productivo y de una serie de factores que, por si mismos, son procesos claramente destructores de empleo. Es evidente que la tecnología está destruyendo ingentes cantidades de puestos de trabajo que no son compensados con las oportunidades que esta genera. Pongamos dos ejemplos claros. Por un lado, la irrupción de Amazon en los canales de distribución ha supuesto la creación de oportunidades laborales en reparto urbano y logística en grandes plataformas. Sin embargo, estos puestos de trabajo, poco cualificados y mal remunerados, no compensan la debacle que se esta produciendo en el sector comercial con cierres masivos de comercios en los centros de las grandes ciudades. Por otro lado, la revolución que se está produciendo con la digitalización del sector bancario está suponiendo una autentica tragedia para miles de empleados difícilmente compensable. La tecnología destruye mucho más empleo del que crea, esa es parte de su ventaja competitiva y de su rentabilidad. Vamos hacia sociedades cuyas económicas van a necesitar menos mano de obra (especialmente no cualificada) y, por lo tanto, menos población. Esta situación, no sería excesivamente problemática si no fuera porque el Presidente del Gobierno, fiel a sus amos mundialistas, defiende desesperadamente las políticas de sustitución poblacional.

Hay un empeño en los gobernantes europeos, especialmente si son de izquierdas, por mirar hacia otro lado y disimular las consecuencias que la incorporación masiva de población norteafricana tiene para nuestras sociedades. Las identidades regionales y locales, como puede ser el caso de Navarra, están en riesgo de perder su propia esencia arrasadas por una amalgama de pseudoculturas que terminan imponiéndose a golpe de natalidad frente a los sustratos autóctonos. En cuestión de una o dos generaciones, la comunidad foral, sus rasgos de identidad, sus costumbres, sus modos de vida y su espiritualidad serán absolutamente irreconocibles. O cesa este empeño del Presidente del Gobierno y de algunas comunidades por acoger masivamente a determinados colectivos, o las nacionalidades periféricas como la navarra van a sucumbir ahogadas por el tsunami de la globalización.

Si después de ver lo que está pasando en Canarias o Ceuta, el inquilino de Moncloa es capaz de hacer una estimación de “necesidades de entrada” de 250.000 personas anuales, en plena invasión orquestada por Marruecos, es que no tiene el menor interés por abandonar esta política de puertas abiertas. Una autentica barbaridad demográfica que lo único que puede producir es un empeoramiento generalizado de las condiciones de vida en nuestro país. La incorporación masiva de población africana a las sociedades europeas es absolutamente irrenunciable para las elites políticas mundiales. Esta máxima es evidente si comprobamos que estos dos planes (el 2030 y el 2050) no incluyen ningún tipo de fomento de la natalidad dentro de nuestras fronteras. Da la sensación que el poder no quiere que la clase media occidental (exigente y crítica con sus dirigentes) siga multiplicándose. La única receta de crecimiento posible para nuestros gobernantes es la llega masiva de población norteafricana, no hay otra solución. Si a esto le añadimos la previsión de aumento del tamaño medio de las empresas y la consiguiente reducción de número de pymes (verdadero bastión económico de los estratos medios) el país que resulta de estas dos agendas, lejos del triunfalismo monclovita, es desolador. Menos trabajos bien remunerados, continuación de las políticas de puertas abiertas con respecto al Mediterráneo y mayor concentración de la riqueza en menos empresas. Este es el panorama que se vislumbra detrás del triunfalismo hueco de las palabras del Presidente Sánchez. Este es el verdadero futuro para nuestro mundo.

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