La serpiente parlante de Rufián

Entre ataque y ataque a España, cada día por un frente distinto y de una naturaleza diversa, ayer fracasó la intentona de aprobación de la Ley Trans de Podemos en el Congreso de los Diputados, merced a una abstención del PSOE y al voto en contra del PP y VOX. Esto fue la buena e importante noticia del día. La divertida fue la intervención desde la tribuna de Gabriel Rufián.

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“¿Cuántos de ustedes son católicos? Por lo tanto, creen en serpientes que hablan, en palomas que embarazan y que si nos portamos mal llegará una lluvia de fuego y nos quemará. Y vienen a dar lecciones de normalidad y adoctrinamiento”. Este fue el tenor de la argumentación y la oratoria durante el debate del señor Rufián.

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Es probable que el portavoz de ERC pretendiera ofender con estas palabras a los católicos, pero lo cierto es que más bien a estas alturas al creyente medio seguramente más le mueven a la risa que a la indignación. Por un lado porque a estas alturas, tras décadas de constantes ofensas culminadas con los extremos de Abel Azcona, las ocurrencias de Rufián son en una escala de dolor como que te caiga el pétalo de una rosa en la cabeza. Por otro lado, para que una crítica sea realmente hiriente resulta aconsejable que tenga algún fundamento.

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Para empezar, la ignorancia del señor Rufián resulta llamativa. ¿De verdad cree que el catolicismo consiste en creer que hay serpientes que hablan? ¿Podría acaso el señor Rufián señalar dónde y cuándo se declaró tal dogma? ¿Piensa además Rufián que el catolicismo interpreta el Antiguo Testamento de una forma literal? Lo cierto es que su ignorancia es un buen argumento en defensa de la asignatura de religión, siquiera para que uno pueda al menos tener claro lo que no cree, o por qué no lo cree, o lo que su vecino sí cree.

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Por otro lado, la asignatura de religión es totalmente voluntaria, no así todas y cada una de las materias que la extrema izquierda pretende inocular a los alumnos españoles de forma universal, transversal y obligatoria.

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Si las serpientes no hablan, de todos modos, Gabriel Rufián es un intento permanente por demostrar lo contrario. Y a fin de cuentas, si no está claro lo que es un hombre y lo que es una mujer, tampoco se puede estar demasiado seguro de lo que es o no es una serpiente. Si Rufián se levanta un día sintiéndose serpiente, ¿quiénes seríamos los demás para decirle que no lo es? O a la inversa, ya que estamos en un régimen democrático. Las cosas no son o no son. El ser se sustituye por lo percibido. Si uno se percibe como mujer, aunque tenga pene, es mujer. La percepción prevalece sobre el ser. ¿Pero por qué sólo debe ser la percepción de uno la que prevalezca sobre el ser? O sea, si la mayoría percibe a Rufián como una serpiente, ¿por qué no debe prevalecer el ser sobre la percepción y la percepción propia sobre la ajena? No está tan claro que Rufián no sea una serpiente parlamente, aunque la existencia de ser semejante resulte indiferente a efectos de que alguien se considere creyente.

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Desde luego cada cual tiene sus creencias, a veces más razonadas, a veces bastante disparatadas. Rufián, por ejemplo, cree que es un luchador antifascista, o que Companys fue un demócrata, o que los hombres y los palomos se pueden quedar embarazados, o que existe la república catalana. Puestos a creer en cosas imaginarias nadie puede descartar tampoco que en la república catalana no pueda haber unicornios o serpientes parlantes. Eso sí, hablarán y rotularán en catalán para no ser represaliadas por el gobierno liberticida de Rufián y sus socios.

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Pero hay más. Como bien se le recordó a Rufián en las redes sociales resulta que su jefe de partido se declara creyente. Si los católicos son unos pirados, habría que explicarle al señor Rufián que hay un pirado al frente de su partido, que está llamando pirado a su jefe y que él mismo obedece habitualmente las órdenes de un pirado. Lo cierto es que no se puede descartar que al frente de ERC efectivamente haya un pirado, aunque evidentemente no por ser católico. A diferencia de Junqueras el mundo está lleno de católicos razonables y sensatos, y por otra parte tampoco en Junqueras iba a ser todo malo.

Finalmente, haría bien Rufián en respetar un poco a los católicos siquiera por un asunto numérico. En las recientes elecciones catalanas el partido de Rufián obtuvo 603.697 votos. Según una encuesta de diciembre del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat de Cataluña, hay 4.625.600 catalanes que se declaran católicos, el 60% de la población. En las elecciones catalanas sólo hubo 1.360.696 votos independentistas. Las serpientes a lo mejor no hablan, pero los números cantan.

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