En un momento como el que vivimos seguramente procede explicar la victoria arrolladora de la derecha en Madrid en términos pandémicos. La izquierda contaba históricamente, hasta ayer, con una serie de medicamentos extraordinariamente eficaces para combatir los virus derechistas: la Guerra Civil, la homofobia, la xenofobia, el machismo… Normalmente una dosis abundante de estos productos provocaban en las urnas un efecto devastador sobre la derecha, pero parece que el virus derechista ha mutado. Ha aparecido una cepa madrileña del virus con una serie de mutaciones que escapan a las vacunas mediáticas y ambientales de la izquierda. Toda la artillería de los progresistas ha fracaso. Los latiguillos habituales sobre Franco, la xenofobia o los ricos y pobres ya no son eficaces ante esta nueva pandemia. De hecho nunca se había visto un uso tan exhaustivo de estos recursos contra la derecha por lo que su ineficacia se revela de forma particularmente intensa. Frente a los doctores Evole, Buenafuente, Broncano o Wyoming la cepa madrileña ha convertido a la izquierda en un cadáver político. Lo que ocurrió ayer en Madrid ha sido maravilloso. Sería torpe pensar que la cepa madrileña es un foco localizado que no afectará en alguna medida a toda España. La clave de lo que sucedió ayer con Madrid es que el discurso habitual de la izquierda para ganar a la derecha ha sido pulverizado. Seguramente la izquierda tendrá que buscarse otro discurso para no seguir cosechando derrotas en el futuro. El problema es que no resulta sencillo cambiar de discurso. La izquierda va a tener que reinventarse y cuando lo intente quizá se encuentre con que tiene todos los tornillos bastante oxidados.

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Por caer, ayer cayó hasta el mito de que a más participación mejor resultado de la izquierda. Con algo más de un un 76% de participación la jornada electoral de ayer alcanzó niveles históricos. La mayoría social madrileña, probablemente no sólo la madrileña, no es de la izquierda.

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El PSOE obtiene la derrota que merece

Es muy importante que este resultado se produzca después de una campaña bestial contra la derecha. Madrid lleva desde el inicio de la pandemia bajo el acoso del gobierno central y de todos sus altavoces mediáticos. Llevamos más de un año viendo cómo se intentan echar encima del gobierno de Madrid todos los muertos de la pandemia sin el menor escrúpulo. No hay ni un insulto que no se haya utilizado. Ni una descalificación a la que no se haya recurrido. Hasta la kale borroka hizo presencia en Madrid para enrarecer la convivencia y el ambiente político. Por eso resulta tan importante la derrota de la izquierda. Resulta esencial que ese tipo de prácticas propias de los soviets y los fascistas no hayan sido premiadas. Sin duda ahora la izquierda tiene que sentirse bastante perpleja. Les hemos llamado asesinos, les hemos echado los muertos encima, les hemos llamado fascistas, y resulta que nos arrasan. ¿Qué conclusiones debería sacar ahora la izquierda? ¿Acaso que la mayoría abrumadora de los madrileños son nazis? Si dices que tu rival es una mierda y la gente prefiere a la mierda, ¿eso a ti en qué te convierte, en lo que está debajo de la mierda? ¿Y cómo recuperas el apoyo popular si ya no puedes insultar más a tu rival? ¿Abandonando el discurso del odio y empezando a ser constructivo? ¿Va a hacer el PSOE el camino a la moderación de la mano de Otegui y Junqueras?

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Frente a la debacle del bloque izquierdista, nos venden como un éxito el ascenso de Más Madrid, pero no hay tal éxito por ninguna parte. En primer lugar la izquierda tenía 64 escaños y pasa a 58. En segundo lugar el PSOE pierde 13 escaños de los que Más Madrid sólo gana 4. En medio de la descomposición del PSOE, el avance de Más Madrid de 20 a 24 es ridículo.

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Puede parecer un asunto menor, pero José Félix Tezanos se ha ganado un huequecito en el análisis de hoy para recordar que el presupuesto del CIS supera los 9 millones anuales de euros.

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En el día de ayer el PSOE perdió hasta la primacía de la izquierda, al ser superado en número de votos por Más Madrid, formación con la que en número de escaños empató. De aquí también la izquierda podría extraer una pequeña lección. El PSOE lleva años escorándose hacia la radicalidad bajo la premisa de que haciéndolo evita la fuga de votos hacia la extrema izquierda o el nacionalismo. Sin embargo, lo que van demostrando las sucesivas citas electorales es que el compadreo del PSOE con la radicalidad sólo favorece a los radicales. Lo que en principio eran sólo unos gatitos en los que apoyarse para llegar a la poltrona ahora, después de que el PSOE los haya alimentado con profusión, son tigres que los están devorando para ocupar su lugar.

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Ahora, por la amplitud y comodidad de la victoria, puede parecer que ha sido fácil derrotar a la izquierda, pero nada más lejos de la realidad. Las fuerzas a las que ha habido que vencer para obtener este resultado han sido titánicas. Esta victoria no sería tan importante, precisamente, si no hubiera sido preciso vencer a esas fuerzas titánicas para obtenerla, comenzando por los titanes mediáticos de la izquierda. El PP ha más que duplicado sus escaños, pero sin poder limarle ni un diputado a VOX, que de hecho ha subido un escaño (recordemos que el CIS lo dejaba prácticamente fuera de la Asamblea). VOX ha soportado muy meritoriamente, por un lado, todos los ataques no sólo mediáticos y verbales sino hasta físicos de la izquierda, pero también la fuerza particular de arrastre de Ayuso que no es la fuerza de arrastre del PP ni de Pablo Casado. Ayuso recabó ayer voto de VOX que cuando la candidata no sea Ayuso ni las circunstancias tan extraordinarias previsiblemente volverá a VOX.  Ayuso además ha conseguido literalmente captar todo el voto de Ciudadanos para el centro-derecha. La formación naranja se ha evaporado sin provocar el menor quebranto a la derecha. Es más, la evaporación de Ciudadanos despeja a la derecha el camino hacia futuras victorias, pero podía haber sido de otra manera, mucho más cruenta y más lenta.

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Tras la victoria de ayer el primero que salió a hablar al balcón de Génova, antes que Ayuso, fue Pablo Casado, tratando de capitalizar la victoria de Ayuso. Sin embargo, poco se puede dudar de que la victoria de ayer se produjo a pesar de Casado y no gracias a Casado. Hace tiempo que Casado perdió el norte y la victoria de Ayuso no se explica sin Ayuso. ¿Habría salido ayer Casado al balcón el primero si hubiera perdido Ayuso? Cuando Ayuso decapitó a Cayetana Alvarez de Toledo, ¿no pensó todo el mundo con razón que la siguiente sería Ayuso? El problema es que a los enemigos de Ayuso les está pasando como a la serpiente que mordió a Chuck Norris. A los tres días murió entre horribles dolores… la serpiente. Lo cierto es que ya mucha gente se pregunta si Ayuso no sería mejor candidata a la presidencia que Casado, y esto sin necesidad de que Casado tenga algún tropiezo electoral significativo, como para tenerlo. Puede además que sea casualidad, pero ayer los tres primeros puestos los obtuvieron las mujeres y los tres últimos los hombres. A lo mejor ser mujer es un plus para encabezar una lista.

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Contra la mala campaña electoral de la izquierda , la derecha además ahora tiene un relato y la bandera de la libertad en su mano. Allá quien no quiera ver el vuelco político de fondo que significa esta situación. Para cerrar el análisis, por lo demás, sólo hacen falta dos palabras que hoy no pueden ser otras que: gracias, Madrid.

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