Hasta nunca, comandante

Entre los motivos de celebración del día de ayer no fue el menor la decisión de Pablo Iglesias de abandonar la política a la luz de su devastador resultado. Cuando Iglesias decidió abandonar la vicepresidencia y presentarse como candidato en Madrid ya analizamos que era un pésimo movimiento. Que era un candidato que restaba en vez de sumar y que movilizaba a toda la derecha en su contra lo averiguó Iglesias ayer, pero el resto del mundo lo sabía desde el principio. En realidad, teniendo en cuenta el mal candidato en que se ha convertido, hubiera sido bueno para el centro derecha que hubiera continuado. Las malas lenguas, por otro lado, sugieren que Iglesias estaba acabado de cualquier modo y que nos encontramos ante un plan de fuga más o menos organizado. Se sugiere que el futuro de Iglesias, como su pasado, está en la televisión. Su amor revolucionario le conduce a nueva empresa (Mediapro) donde esperan la firmeza de su brazo libertario, concretamente en la cadena de Roures que el estado rescató con un chute de 55 millones para salvar su situación.

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¿Echaremos de menos a Iglesias?

Derrotar a las ideas es mucho mas importante que derrotar a las personas. Derrotar a las personas resulta de hecho casi irrelevante. Más Madrid no es mejor que Podemos. Errejón no es moralmente superior a Pablo Iglesias. Como pusieron a Sánchez tras Zapatero, si se va Pablo Iglesias pondrán a otro que no será mejor que Iglesias y al que habrá mucha gente que también votará, si no conseguimos desactivar el discurso que encumbra a gente como Iglesias. Por el contrario, si desactivamos ese discurso, nadie lo votaría por maravilloso que fuera el candidato que lo sostuviera. La mala noticia del día es que la izquierda ha sido derrotada, pero la izquierda es ahora mayoritariamente extrema izquierda. Ver hundirse a Pablo Iglesias puede resultar comprensiblemente reconfortante pero sería un grave desenfoque no advertir que son las ideas de Iglesias más que el propio Iglesias la amenaza de fondo para la libertad y el país. Dicho esto es maravilloso verle salir. Hasta nunca, comandante, al contrario de lo que dice la canción nadie echará de menos la entrañable transparencia de su bendita presencia salvo acaso los cristaleros. Cierre la puerta al salir y al marcharse no se tropiece con los cascotes que deja en el suelo.

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