Si puede quedarse embarazado, ¿es un hombre?

Rubén Castro es un madrileño embarazado y a punto de dar a luz. No, no hay ninguna errata en todo lo anterior. Se trata de un joven de 27 años que oficialmente figura como varón pese a que biológicamente es una hembra hormonada aunque no tanto como para dejar de poder quedar embarazada y dar a luz, esperemos que de forma feliz.

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Desde cierto punto de vista se podría llegar a la conclusión de que nos encontramos ante una enorme conquista de machismo. Los varones han acabado con una nueva barrera que discriminaba al hombre frente a la opresión histórica de la mujer. Antes ellas parían y decidían, ahora los hombres también. Se acabó el monopolio de la mujer sobre el embarazo, la gestación y el momento de dar a luz. Abajo el matriarcado paridor de las mujeres con vulva. Los hombres con vulva encabezan la rebelión.

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La pregunta de fondo en toda esta historia es qué es una mujer. Si no la definen ni los genes, ni los órganos sexuales, ni la biología en general, ¿qué es entonces lo que define qué es una mujer? ¿La voluntad? Tratar de que el género se base en la voluntad acarrea una serie de problemas evidentes. Para empezar la voluntad es cambiante. Por otro lado, algo es una cosa y no otra cuando reúne una serie de características objetivas para serlo. Es decir, si es verde, alargado, con las patas cortas y la boca muy grande es un cocodrilo, no un canario. Tener vagina no es una consecuencia de ser considerado mujer, sino que se considera a un miembro de la especie como mujer por tener vagina, entre otras cosas. El título de Medicina se otorga por la adquisición de unos conocimientos objetivos, no por el mero hecho de sentirse médico o desear ser médico. Querer ser hombre para quedarse embarazado es también un poco como un pez que quisiera ser pájaro para vivir en el fondo del mar. Si para ser mujer no hace falta reunir ninguna de las características de las mujeres, por otro lado, entonces estamos acabando con las mujeres y el concepto de mujer. En realidad, para que un cocodrilo pueda ser pájaro tiene que acabar con las categorías “cocodrilo” y “pájaro”, por lo que se da la paradoja de que para llegar a la categoría que quiere alcanzar tiene que destruirla. Si ya no podemos llamar mujeres a la parte de la humanidad capaz de quedarse embarazada, habrá que buscarle de todos modos un nombre a esos seres humanos con esa capacidad. Si es que en el fondo podemos llamar canarios a los cocodrilos y viceversa y no estamos cambiando la realidad, sólo haciéndonos un lío con los nombres. Cuídame el canario mientras me voy de vacaciones. No te preocupes, es un pájaro encantador.

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Parece ser que la pareja de Rubén es una mujer, lo que invita a pensar que el hijo que espera Rubén no es un hijo concebido por Rubén y su mujer, sino fruto de la donación de un tercero con testículos (el patriarcado y el machismo vuelven a triunfar). Hay que deducir que la mujer de Rubén afortunadamente debe ser bisexual, lo que le habrá permitido contemplar cómo el hombre con el que estaba se convertía en mujer sin provocar en la pareja ningún tipo de inestabilidad. El niño o niña que viene, en todo caso, es hijo sólo de uno de los miembros de la pareja y de un tercero que se desentiende de la criatura. Es más, que se espera que su papel sea precisamente desentenderse por completo de su hijo para no generar un problema, asumiendo que el problema no es precisamente todo esto otro. Ser padre en el nuevo orden mundial, por lo visto, no genera ninguna obligación ni ninguna responsabilidad.

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Indudablemente estamos hablando de todas estas cosas porque se pueden hacer, en el sentido de que es materialmente posible hacerlas. La cuestión es que la moral es no hacer todo lo que se puede hacer. O si lo prefieren, sin entrar en los motivos de por qué no hacer algo que se puede hacer, inmoralidad es no dejar de hacer nada que pueda hacerse. Esta claro que todo esto puede hacerse, la pregunta para alguien con moral es si debe hacerse.

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Se lamenta Rubén de que “no soy un hombre trans” sino “una persona transmasculina no binaria”, no gustándole tampoco que se use respecto a él la expresión “cambio de sexo”, añadiendo al fin que “a la gente le cuesta entender” todo esto. Efectivamente, es costoso. La cuestión es si el problema lo tiene con la gente o con la realidad. Por fortuna tenemos leyes y ministerios volcados precisamente a luchar contra la realidad en una batalla que la realidad, cueste el dinero que cueste, se ha decidido que no puede ganar. Hay que aplaudir todo esto sin plantearse objeciones porque indiscutiblemente dará la felicidad a Rubén, su pareja, el padre biológico y la criatura, aunque puede que no antes de la derrota final y total de la realidad.

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