La agenda invisible

Joseph Overton legó antes de su fallecimiento una observación tan precisa de cómo funciona la política a través de la opinión pública, que al día de hoy todo análisis conduce a validar su postulado. La teoría política de la “Ventana de Overton” explica que las ideas aceptadas públicamente tienen un estrecho margen y es lo que define la viabilidad de toda política, aún por encima de las preferencias personales de un político. La “Ventana de Overton” es definida por la sociedad en conjunto (salvo la aparición de un líder capaz de mover tal cuadro por sí mismo), razón por la que, quien se encuentre por fuera de la aceptación pública, intentará mover los márgenes de tal manera que sus ideas sean incluidas dentro de la legitimación popular. Existe un cierto consenso respecto a los pasos que un movimiento debe seguir para ser incorporado dentro de la política legitimada socialmente, los cuales son: impensable, radical, aceptable, sensata, popular, política. Una vez que se llega al grado de “aceptable”, la idea que se desea legitimar pasa a formar parte de la agenda política. El gran salto de lo “impensable” a lo “radical” generalmente se da mediante un discurso científico. Tal es así porque suele atribuirse neutralidad a la ciencia descriptiva, mientras que las ideas morales entrañan una esfera prescriptiva. Piénsese que si uno dijera “afuera está lloviendo”, esa descripción no tiene carga moral alguna, simplemente describe un hecho natural; distinto es si uno sostiene “nadie ha de salir bajo la lluvia a los fines de evitar un potencial estado gripal”, donde claramente se prescribe una determinada conducta al receptor.

Para analizar la búsqueda de legitimidad en la pedofilia, previamente hay que aclarar que la moral dicta que todo juicio de valor requiere cierto nivel de prudencia y, a la vez, que toda persona es digna de misericordia. En este sentido, una sociedad afianzada en términos de justicia concedería la posibilidad de recuperación a una persona que manifiesta querer cambiar su accionar en vida. El problema comienza respecto al discurso público y el diseño institucional mediante la política. En tiempos pretéritos resultaría impensable que se quisiera legitimar y avalar la pedofilia; pero actualmente se busca establecer la pedofilia como un elemento de mera orientación sexual; recuérdese a la evidencia del lunes 14 de febrero de 2011 en el comité permanente de justicia y derechos humanos de Canadá. En aquella comisión sobre el proyecto C-54, que pretendía restringir la libertad de las personas que no son encarceladas por sus actos en razón de problemas de salud mental, el Dr. Hubert Van Gijseghem dijo: “Si sabemos que los pedófilos no son simplemente personas que cometen un pequeño delito de vez en cuando, sino que están lidiando con lo que es equivalente a una orientación sexual al igual que otro individuo puede estar lidiando con la heterosexualidad o incluso la homosexualidad, y si estamos de acuerdo en el hecho que los verdaderos pedófilos tienen una preferencia exclusiva por los niños, que es lo mismo que tener una orientación sexual, todo el mundo sabe que no existe la terapia real. No puede cambiar la orientación sexual de esta persona. Sin embargo, puede permanecer abstinente”. Formular que todo deseo es neutro, entiéndase que el mismo no sería ni bueno ni malo, sino meramente natural, ya representa en una falacia inducida al debate visto que se intenta inhabilitar los aspectos axiológicos del mismo.

Es que resulta preciso aclarar dos elementos que son claves en toda discusión que se tenga con legitimadores de pedófilos. Por un lado es que hay deseos que son moralmente repudiable sin importar el daño que presentan para la sociedad. Quizás alguien podría argumentar que es imposible detectar el mero deseo o intención hasta que no se materialice, razón por la que no tiene sentido perseguir y castigar a quien simplemente desea tener relaciones con menores. En un punto es cierta tal afirmación, pero no ha de perderse de vista que la comunidad considera el peligro del deseo cuando ya comenzó un proceso de ejecución, es decir, pensar interiormente en alguna actividad lujuriosa con menores es imperceptible para terceros, razón por la que, atento al principio de inocencia, nadie desacredita de la buena fe de los pares; pero si se establece que una persona es pedófila, es porque previamente ya se demostró su capacidad de inclinarse sexualmente a mantener relaciones con algún niño, sea viendo pornografía infantil o porque simplemente se manifestó en tal sentido ante terceros. Por otro lado, y sumado al punto anterior, conforme a la mayoría calificada de expertos, la pedofilia no tiene cura; recuérdese que en el portal “El Español”, el 23 octubre de 2016 se presentó un informe científico sobre la psicoterapia, la castración química y la quirúrgica para el tratamiento en pedófilos. Allí se dijo: “Una recopilación de estudios publicada en 2015 concluyó que “las investigaciones disponibles no permiten establecer ningún efecto del tratamiento en los agresores sexuales de menores”. Tanto éste como otros trabajos lamentan el escaso número de estudios científicos de calidad suficiente como para extraer conclusiones sólidas”.

En los últimos tiempos ha crecido en forma descontrolada una corriente cultural que hace eco en las políticas de Estado. Dicha corriente considerada “ideología de género” hace depender de la atracción sexual la propia identidad de la persona, por lo tanto, el deseo subjetivo, e independiente de la realidad, es factor dirimente de la esencia de un individuo. Si la identidad debe ser respetada porque el acervo de los Derechos Humanos así lo dispone, nada impide a que el espectro progresista equipare cualquier inclinación sexual con el deseo de relacionarse con menores. Hacer depender la dignidad humana mayoritariamente de las preferencias sexuales involucra un problema mayor a reconocer una infinidad de géneros, presenta la necesidad lógica de ver a la pedofilia como una atracción sexual idéntica a cualquier otra y merecedora del respeto comunitario.

Recuérdese el siguiente ejemplo paradigmático de Shulamith Firestone en “La dialéctica del sexo” (1970), en la cual sostuvo que la revolución feminista se ampara en: 1) Abolir la función reproductiva de la mujer, empleando tecnologías de reproducción artificial y el aborto. 2) Lograr la absoluta independencia económica de mujeres y niños por medio de un sistema socialista. 3) Incluir a las mujeres y los niños en todos los aspectos de la sociedad, destruyendo “las distinciones culturales hombre/mujer y adulto/niño”. 4) Lograr “la libertad de todas las mujeres y niños para hacer lo que sea que deseen sexualmente”. A este espléndido resumen realizado por el gran intelectual Pablo Muñoz Iturrieta, súmese cuando Firestone expresamente dice: “Si el niño puede elegir relacionarse sexualmente con los adultos, incluso si él debe escoger su propia madre genética, no habría razones a priori para que ella rechace los avances sexuales, debido a que el tabú del incesto habría perdido su función. … Las relaciones con niños incluirían tanto sexo genital como el niño sea capaz de recibir —probablemente considerablemente más de lo que ahora creemos—, porque el sexo genital ya no sería el foco central de la relación, pues la falta de orgasmo no presentaría un problema grave. El tabú de las relaciones adulto/niño y homosexuales desaparecerían”.

Amparados en estudios cientificistas, es decir, de supuesta neutralidad moral y con dudosas fuentes, se intenta disociar la potencialidad del acto. Como se sostuvo en términos anteriores, las reglas morales compelen a servir para que una persona puede encontrar las herramientas para vivir en abstinencia, pero ello no implica que la sociedad deba considerar a la pedofilia como un deseo sexual que no merece el mayor repudio. La corrupción de menores ha sido una de las mayores vilezas que ha cometido la humanidad contra sí misma, pero siempre se supo que era un atentado a todo lo que digno, puro e inocente. En la actualidad no son pocos los que, con discursos empáticos y progresistas, intentan legitimar como bondadoso (o al menos, no nocivo) el deseo de violar niños. Este intento de diversos agentes de corte progresista por considerar válido cualquier deseo apareja un gran riesgo para la parte sana de la comunidad. Si el día de mañana los márgenes de la “ventana de Overton” se mueven lo suficiente, la agenda política del Estado debería comenzar a tratar a los pedófilos como simples personas con una orientación sexual a la par de cualquier otra; quedará en uno imaginar el futuro que le espera a una Nación si mezclamos tres simples elementos: a) Pedofilia legitimada b) Educación sexual en pequeños infantes donde establezca que todo deseo es válido c) Un sistema jurídico que avanza en permitir que los niños adquieran capacidad de decisión independiente por sí mismos.

Ante esto, válido es finalizar recordando el cómputo de ejemplos cruciales que se vibilizan en un capítulo del gran libro “El Nuevo Genocidio” del psicólogo Ezequiel Baigorria y la Dra. Márquez. Allí se observan casos específicos donde la ventana de Overton ya comenzó a articularse estratégicamente en favor de una agenda propia de degenerados: 1.- El Senado de la Nación en Argentina divulgó estudios según los cuales los pedófilos tendrían “conciencia moral” 2.- En Radio Canadá se mostró la idea de la pedofilia como neutralidad semejante a toda orientación sexual. 3.- El “arte literario” de Pablo Michetti cuando escribe “Incesto Sentido” para aludir a los deseos sexuales con la hija. 4.- La parafernalia en el cine de la pedofilia a través de las producciones de Netflix. 5.- La legitimación de la pornografía infantil que realizó en vivo el periodista Ernesto Tenembaum. 6.- El activismo proliferante de cuentas en redes sociales que reivindican el deseo pedófilo. 7.- La imposición de la Educación Sexual Integral bajo perspectivas de género en las comunidades educativas.

Tal como se ha visto, existe una agenda que avanza y ante esto uno debiera tener las herramientas necesarias para detectar cualquier tipo de situación irregular sobre la propia prole. Por ello y para concluir, se recomienda la exposición “ABUSO SEXUAL INFANTIL – la realidad ignorada” en el canal de YouTube “Horacio Giusto”.

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