Bueno, pues ya está, el alcalde de Pamplona ha hecho lo que la izquierda le llevaba solicitando hace meses y los Sanfermines han quedado oficialmente suspendidos. Por supuesto en cuanto Maya ha hecho lo que le venía reclamando la izquierda lo primero que ha hecho la izquierda es criticarlo. En fin, ya conocemos a la izquierda. Recordemos que Chivite reclamó la suspensión de los Sanfermines el 2 de febrero, al mismo tiempo que el gobierno aseguraba que iba a tener vacunado al 70% de la población para el verano. Paradójicamente, hace sólo 3 días la presidenta declaraba que “quedan muchos días” hasta el 9 de mayo para anticipar las medidas tras el fin del estado de alarma, por lo que se negó a detallarlas.

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Esta crisis ha demostrado que los gobiernos, con contadas excepciones, no son buenos anticipando los hechos. Quedan aún dos meses y medio para los Sanfermines. En realidad resulta muy difícil saber en qué punto de la pandemia nos encontraremos en ese momento. En Israel ya están recuperando la plena normalidad y quitándose las mascarillas en exteriores al haber caído las muertes y los contagios en picado, con un 60% de vacunados. ¿Estaremos dentro de dos meses y medio como están ahora los israelíes? No lo sabemos, pero tampoco lo descartemos. Desde luego estaremos mucho más cerca que ahora, salvo imprevistos.

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Resulta evidente que hay eventos que no se pueden planificar de la noche a la mañana pero da la impresión de que falta flexibilidad y capacidad de adaptación a la situación y los tiempos. Parece un poco absurdo pensar que ahora a lo mejor se podría celebrar el 0% de los Sanfermines, pero que dentro de un mes seguiría pudiéndose celebrar sólo un 0% de los Sanfermines, y dentro de un mes y medio sólo el 0%, y dentro de dos meses y medio también sólo el 0%. ¿Acaso no va a cambiar nada la situación? ¿O es que da igual que la situación mejore y nos van a tener para siempre como en un campo de concentración alemán? Según se produzcan mejoras en el terreno sanitario, será inexplicable que no haya un paralelo levantamiento de las restricciones. ¿Por qué la alternativa a celebrar unos Sanfermines al 100% son, pase lo que pase y no sabemos seguro lo que pasará, unos Sanfermines al 0%?

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En Cataluña y Madrid hemos visto cómo incluso en los meses pasados, bajo ciertas circunstancias, se celebraban conciertos multitudinarios. Ha habido elecciones, mítines, agresiones… ¿Por qué se asume desde ahora que bajo ningún concepto ni tomando todo tipo de precauciones, con mascarillas, o asumiendo ciertas limitaciones, podrá haber procesión, corridas de toros, tómbola o gigantes? ¿Por qué no va a haber actividades de ningún tipo? ¿No va a hacer nada ninguna peña? ¿No va a hacer nada la parroquia de San Lorenzo? ¿Va a hacer algo la sociedad civil si no hace nada oficialmente la clase política? ¿Cuál es el plan si las cosas resulta que en julio están mejor de lo previsto? ¿Los encargados de las previsiones futuras siguen siendo las mismas luminarias de las previsiones del pasado?

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En realidad cabe la posibilidad de que la realidad atropelle una vez más a nuestros empleados y subordinados encargados de la administración de la cosa pública. Si todo está mucho mejor que ahora, ¿cómo van a contener a la gente? ¿No va a haber nada previsto para un mal escenario, un regular escenario y un buen escenario? Precisamente porque hay cosas que después no se pueden organizar en 24 horas a lo mejor no se deberían suspender desde ahora. Al contrario, a lo mejor debería haber previstas cosas para distintos escenarios posibles, alguno de ellos medio bueno. No sea que llegue un escenario medio bueno y no haya nada previsto.

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