El debate lo ganó Pablo Iglesias, indiscutiblemente: llegó en un taxi y salió en un coche oficial con chófer. Desde luego ninguno de los demás candidatos experimentó una mejora comparable a lo largo del debate. X

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Más allá de esto resulta muy difícil saber quién ganó o a quién benefició más el debate. Esto queda bastante bien ejemplificado en el diario El País, que recaba la opinión de ocho expertos en comunicación e imagen. Cada uno de los expertos señala el ganador y el perdedor del debate a su criterio. El problema es que para un experto el ganador del debate es Iglesias y para otro el perdedor. O para uno la ganadora es Ayuso y para otro la perdedora. Obviamente existe un pequeño problema con los expertos. Es decir, si un grupo de expertos se reúnen para calcular cuántos grados suman los ángulos de un triángulo todos tienen que decir que 180 grados. No puede ser que unos digan 36, otros 125 y otros 64. O fallan los expertos, o falla la supuesta ciencia en la que se encuentran versados los expertos. De este modo nos estancamos en la evidencia de que cada medio, según su línea editorial, en general señala como ganadores o perdedores a los candidatos por afinidad ideológica, no por su desempeño a lo largo del debate.

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El ganador del debate, a fin de cuentas, será el que consiga la presidencia. De quien salga de las urnas con la victoria habrá que repasar su actuación en el debate y observar lo que debió hacer bien para lograr una mayoría en la investidura. Desde luego podría argumentarse que quizá el ganador consiguió la victoria pese a su mal papel en el debate, pero esto nos conduce o a considerar inútiles los debates, lo que convertiría en absurdo hablar de ganadores o perdedores en los debates, o a seguir intentando deducir al ganador por las portadas de los periódicos.

 

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El problema de señalar un ganador es que, salvo el posterior resultado electoral, todos los criterios para tratar de determinarlo resultan escurridizos. Alguien inteligente y formado podría pensar que un candidato que no dijo más que tonterías a lo largo de todo el debate debe ser el perdedor de una manera objetiva e indiscutible. ¿Pero y si los tontos son el 51% del electorado? En tal caso no tendría sentido que un candidato inteligente dijera en el debate otra cosa que tonterías, al menos en términos de eficacia política. Una cosa es quién creamos nosotros que ha ganado el debate y otro quién lo crea la mayoría. Solemos asumir que el debate lo gana el que dice cosas más sensatas y ceñidas a la realidad, pero no tiene por qué ser así o no siempre en el mundo real. Recuérdese el debate en 2008 entre Solbes y Pizarro, por ejemplo. Un debate televisado no va de tener la razón, sino de vender el jabón.

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Otra pregunta interesante es la de si el debate se gana durante el debate. Es decir, si un candidato lo hace peor que el otro, pero tiene a su favor 9 de cada 10 medios, es probable que el debate lo gane el peor y que además gane el debate después del debate. A fin de cuentas, para mucha gente, incluso para gente que vio en directo todo el debate, la conclusión respecto a quién ganó el debate viene mediatizada por la forma de contar el debate. ¿Pueden las parodias, columnas y tertulias del día después revertir el resultado de un debate? Por otro lado, ¿se puede determinar el propio resultado de un debate sin todas las parodias, columnas y tertulias sobre el debate? Si en general la guerra la gana el que tiene más cañones, es posible que los debates en general los ganen quienes tienen más televisiones.

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También podríamos preguntarnos de qué sirve ganar un debate si todo el mundo sigue votando a sus candidatos ganen o pierdan los debates. O sea, están las personas que consideran ganador a su candidato sólo porque es su candidato, y también están las personas que aunque consideren que su ganador lo ha hecho peor le van a seguir votando lo mismo. ¿De qué porcentaje de votos hablamos entonces si pensamos en las personas que cambian de voto según lo que escuchan en el debate? Y de este porcentaje, ¿cuál es el que corresponde a personas cuyo voto puede pasar a engrosar la abstención o incluso atravesar el enorme abismo (artificialmente ensanchado para evitar fugas) entre derecha e izquierda? ¿Cuántos votantes pueden pasar de votar derecha a votar izquierda o viceversa según lo que observen en un debate? La importancia del debate obviamente tiene todo que ver con ese porcentaje. El único que puede ganar un debate cuyo público son robots es el programador.

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Es por ello que en un día como hoy, más que sobre quién ganó el debate (en lo que andarán enfrascados todo el día todos los medios), lo más interesante puede ser reflexionar sobre cómo se construye (o deconstruye) la victoria en un debate. Tengan cuidado con lo que escuchen y lean no sea que les hagan decidir quién ganó el debate el día después del debate. Imagínense un partido de fútbol que se jugara un día, se decidiera el mejor equipo otro día y se conociera el resultado otro día. Si no lo llamáramos Superliga tendríamos que llamarlo política.

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