Mundo pospandemia

De la noche a la mañana, el mundo despertó y descubrió que una reingeniería social se había producido a causa de una situación de excepción. De tanto que se podría decir la ontología digital se hizo más presente que nunca en tiempos de pandemia, aunque lo real es que dicho proceso ya vino gestando en las últimas décadas. Técnica y cultura han encontrado una estrecha relación en la historia de la humanidad, a tal punto que no se puede comprender una cultura globalista si previamente no se considera la evolución digital que conecta a cada ser humano en el planeta. La técnica digital define a la vida cotidiana e incluso se traslada al ámbito laboral, estatal, político, artístico e incluso religioso. Si uno ve el espíritu de esta época, y recordando una entrevista del politólogo Agustín Laje, el espíritu de la época actual transita por la digitalización de la persona, donde la propia identidad se define por lo que se exhiben redes, mientras quien no se muestra en el mundo virtual prácticamente queda anulado del mundo real.

De allí es que uno podría decir tranquilamente que la situación anómala por el virus originada en China y expandido en un mundo globalizado no hizo más que acelerar los tiempos del proceso de rediseño social, por cuanto es la “digitabilidad” la que ha definir el ser de cada ente en un mundo que cambió.

La pandemia ha acelerado la transformación digital del mercado laboral. El trabajo en línea desde el hogar adaptado es una realidad al día de hoy; esto se traduce a corto plazo en que la productividad ya no depende de la jerarquía y la revisión, sino que ahora es por medio de plataformas que permiten medir resultados y tiempos eficientes en el trabajador. A largo plazo lo que permite desconcentrar la gran ciudad, ya que los resultados laborales no requieren presencia en un determinado lugar físico y generar mismo valor; véase que según Payscale.com, el salario medio de un desarrollador de software de nivel básico es de unos $65,000 USD anuales y dicha tarea puede ser realizada desde cualquier punto del mundo con destino final en forma indistinta a cualquier nación, siendo que la industria de la tecnología es una de las pocas donde la demanda de trabajo crece más rápido que la cantidad de programadores disponibles para cubrir las vacantes. A su vez debe considerarse que real que la fuerza laboral no calificada se reduce dramáticamente y se le dan muchas operaciones simples de la IA; según un informe del Foro Económico Mundial, ya se proyectaba en 2018 que la Internet móvil de alta velocidad, la inteligencia artificial, el análisis de los macrodatos y la tecnología en la nube se preparan para liderar la adopción de nuevas tecnologías entre 2018 y 2022. Como la fuerza laboral se está automatizando más rápido de lo esperado por los expertos, la organización proyecta que desaparecerán 85 millones de puestos de trabajo en los próximos cinco años. Además, la pandemia generó nuevas maneras de trabajo, donde alrededor del 84% de los empleadores encuestados por el Foro Económico Mundial, dijo estar preparado para digitalizar rápidamente los procesos de trabajo, incluida una expansión significativa del teletrabajo.

¿Nos ha de preocupar si el teletrabajo ha venido para quedarse?

No es un tema menor que las oficinas cerraron en un porcentaje altísimo y ese modelo atrasado es retomado por tecnologías disruptivas; recuérdese que, en 2003, cuando China se enfrentaba a la crisis del SARS, la firma Alibaba lanzó su sitio Taobao para los consumidores. Millones en todo el país comenzaron a usar Internet para ordenar todo lo que necesitaban durante el periodo de cuarentena y ese modelo es el que actualmente, emulando el fenómeno chino, se implementa para el mundo. El comercio que crezca será en línea, donde entran jugadores como Facebook, Tik-Tok, YouTube, Amazon que, para mal de muchos, los grandes capitales concentrados tienden al comportamiento oligopólico. Lo cierto es que se cierra un porcentaje cercano al 50% de tiendas físicas globales y según Guillermo D´Andrea, profesor del IAE Business School de la Universidad Austral, he de considerarse lo siguiente: “El Covid-19 está cambiando los hábitos de compra y de consumo, acelerando cambios que se planeaban para dentro de cinco y diez años. Y esto traerá cambios para los retailers… La salida de la cuarentena en etapas augura un mercado en lenta recuperación, y clientes con bolsillos flacos luego de la caída de ingresos en la cuarentena. Las líneas de productos deberán entonces ser accesibles, con márgenes limitados pero alta rotación, y, por lo tanto, la operación deberá ser ajustada y de bajo costo…”. Según informa el portal “iprofesional”, Guillermo D´Andrea el crecimiento exponencial del comercio electrónico ha escalado hasta 5 veces y en esa medida se consolida la compra remota. Se logra observar cómo todo lo habitual se vuelve paulatinamente virtual y en esquema de suscripción (iglesias, arte, gimnasios, cines, entretenimientos); Netflix se ha transformado en uno de los grandes ganadores durante la pandemia y esto obliga a los servicios digitales asociados a la producción de series, películas y videos a emular su sistema.

De acuerdo a “The Economist”, las empresas que no inviertan por lo menos 10% en nuevas tecnologías desaparecerán; en este punto es prudente tener en cuenta que el teletrabajo expone a las empresas y los propios trabajadores a potenciales amenazas de ciberseguridad. Por ello es que antes de la crisis ya se proyectaba que la industria de servicios de ciberseguridad -a nivel del mercado global- crecería a US$230.000 millones en 2021. A este concepto de seguridad también debe añadirse que la protección de datos que debe propiciarse al cliente, una demanda constante por parte de usuarios alertados por casos como del Change.org donde se denunció la venta de información sensible. Incluso la idea de seguridad se extiende a la veracidad de lo informado por las plataformas, siendo una preocupación constante el escepticismo que hay todo tipo de dato arrojado al mundo. La proliferación de “Fake News” han generado que las sociedades ya no sólo descrean de los medios tradicionales que responden a intereses políticos según las pautas oficiales, sino también del contenido visto en Redes Sociales. Aunque por fuera de todo análisis políticamente correcto, lo llamativo es ver cómo internet parecía ser el último salvoconducto de la libre expresión, razón por la que agentes del globalismo intentan establecer líneas editoriales aun en aquellas plataformas que se decían “apolíticas”. En el mundo pos pandemia, y en consonancia con un mundo posmoderno donde la verdad es lo que se dice que es (y lo que no se dice no es), en nombre de la “ciberseguridad” se controlará absolutamente cada línea de expresión de usuarios para que, de no ser posible su censura, al menos dejar a dicha persona satisfecha en la ilusión de la libertad a través de los algoritmos que le generen un público afín y controlado en sus límites.

Véase también como educación y salud cambian definitivamente en modelos mixtos dentro y fuera del mundo virtual. En salud, un dato relevante es que uno de cada tres jóvenes padecen trastornos de ansiedad; los datos fueron revelados a partir de una investigación realizada por Unicef que abarcó a más de 8400 personas de entre 13 y 29 años en nueve países latinoamericanos incluida la Argentina. Ese dato más las crecientes olas de Covid generan una demanda aumentada de profesionales de la salud tanto física como psíquica, con la particularidad que los hospitales se hallan saturados cuando no cerrados. Por ello, y tal como informara “El Economista”, la salud abraza la virtualidad, tal como se viera en el caso paradigmático de Yoigo al lanzar ‘Doctor Go’, un servicio de telemedicina para toda la familia que ofrece desde consultas vía internet hasta telefarmacias. Mientras que en educación se tiende a la especialización de lo que haga al mercado digital. “Educación Híbrida: lo mejor de dos mundos unidos por la tecnología” era el titular de una nota reciente en Forbes; allí se explica que estudiantes y profesores tuvieron que adaptarse rápidamente a un nuevo modelo remoto de aprendizaje y enseñanza. Los sistemas actuales combinan la educación tradicional, es decir la presencial, con las clases en línea, pero con la particularidad que diera a conocer tiempo atrás Andrés Oppenheimer en su obra “Crear o morir”. En dicho libro se explica cómo ya en las últimas décadas se educaba a jóvenes para insertarlos a un mercado laboral cuyos trabajos ni siquiera habían sido inventados aún; lo que hizo la pandemia es acelerar los procesos creativos de nuevas fuentes laborales donde surgieran demandas novedosas para un mundo que cambió y debe sobrevivir.

La digitalización del mundo también será consecuencia de un discurso en torno al cambio climático y la sobrepoblación; finalizada la pandemia, la atomización del individuo se justificará en los dos pilares ideológicos del ecologismo. Antonio Guterres, secretario general de la ONU, sostuvo que se está en un “punto de quiebre” para el clima. Glasgow 2021 será la actualización del “Tratado de París”, donde los objetivos de la agenda 2030 serán cada vez más incisivos, generando que las personas emulen las formas de vida que hay en Japón: altísimo consumo digital, carencia de vínculos familiares y comunitarios, disciplina tributaria y productiva, etc. Las visiones distópicas del ecologismo se profundizaron en la pandemia, donde el miedo como herramienta de control aceleró la mansedumbre poblacional, haciendo que las personas opten por asumir todo vínculo a través de la red antes que procurar el contacto personal. Así, tal como se viera años atrás, el cambio climático es el mayor miedo de la población a nivel mundial. Esto impulsará al consumo de lo eléctrico y promoverá la desaceleración de toda actividad, tal como la automotriz, que requiera de energías tradicionales. Así pues, las empresas tecnológicas serán las que ocupen el rol tradicional del Estado en la gestión de los miedos del Hombre. Las grandes problemáticas como la educación, la salud, la energía, la seguridad, la política, la destrucción de la clase media serán gestionada por aquellos capitales internacionales capaces de suponer una dirección global del miedo global.

Finalmente, para concluir cómo será el mundo pospandemia, vale considerar que las agendas new age se revalorizan en pos de mantener a la sociedad irreflexiva. Desde experiencias sensoriales hasta discursos espirituales, todo gira en torno a mostrar un mundo feliz. Le gente replanteará sus metas personales, de trabajo, de salud, de dinero y espirituales a través de un nuevo inicio con valores artificiales. El mundo pospandemia será uno en que cada individuo tenga su propio concepto de alma y felicidad, pero en el que las masas se guiarán al unísono del globalismo digitalizado. La fe y la religión tradicional se adaptan a un mundo atravesado por la pandemia donde el culto es más hacia internet que hacia el Dios verdadero; en esto surge que cada persona comienza a valorizar su propia individualidad y a constituirse a sí mismo como un Homo Deus. El ser humano ya no poseerá una identidad gestada tanto por lo dado como por lo devenido en su vida, sino que será un constructo artificial donde su discurso personal será el que cree su verdad; una verdad que colisionaba con la realidad exterior pero que en el mundo de internet donde todo es diseñado a medida, hasta la propia vida espiritual es adaptada al gusto del usuario. Ciertamente, en el mundo pospandemia las personas se auto-percibirán seguras de todo miedo externo y libres de ser quienes quieren ser, pero la realidad es que serán meras unidades de consumo y tributo ordenadas globalmente.

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